Misa de la Tierra sin Males



Memoria penitencial

Blanco

Carabelas de Lucro,
vinimos navegando,
para vender la Tierra,
para explotar lucrando.

Indígena
Yo vivía en la pura desnudez,
jugando, plantando, amando,
engendrando, naciendo, creciendo,
en la pura desnudez de la vida...

Blanco
Y nosotros te revestimos
con ropas de malicia.
Violamos tus hijas.
Te dimos por Moral
nuestra Hipocresía.
Oración

¡Señor Jesús!

Palabra de mis gritos,
silencio de mi espera,
testigo de mis sueños
¡cruz de mi cruz!
Causa de mi amargura,
perdón de mi egoísmo,
crimen de mi proceso,
juez de mi pobre llanto,
razón de mi esperanza,
¡Tú!

Mi tierra prometida
eres Tú.

Espiritualidad de la Liberación

1.El Dios de Jesús y la opción de Jesús

La espiritualidad de la liberación nos exige "practicar a Dios", como
dice el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez. Eso nos obliga a ir corrigiendo nuestra visión de Dios. Ir cambiado nuestra noción de Dios de conversión en conversión, de fe en fe, de amor en amor, de servicio en servicio, de esperanza en esperanza.
"La pregunta por el Dios cristiano es la más radical que la propia Iglesia puede hacerse. Trátase de saber si el Dios que adoramos es realmente el Dios de Jesús o un ídolo enmascarado. Y esta pregunta abarca también el análisis de la función que la fe cristiana desempeña en la sociedad y en la historia. Porque, pudiendo parecer un Dios cristiano en el ámbito reducido de la referencia bíblica o del mundo personal, puede estar, de hecho, ejerciendo funciones sociales, de legitimación de prácticas y estructuras, enteramente contrarias al Plano de Dios, al Reino predicado por Jesús".
No se debe dar por supuesto, como dice Pedro Trigo, que nuestro Dios es el Dios de la Vida que se manifesta en Jesús. Porque se puede ir a misa diaria, estar ante en Santísimo en oración, ser párroco, provincial y obispo, manejando una imagen de Dios que no es el Padre de Jesús. Puede ser el Dios de una institución, de una cultura o la proyección de deseos infantiles. Tenemos que discernir constantemente para que nuestro Dios no sea el Dios de realidades humanas sacralizadas.

Confesión de fe del pueblo de Dios

Mujeres y hombres,
de muchas sangres
pero de un solo corazón
y en una misma Patria Grande.
Te confesamos y te amamos
como el Corazón del Cielo
y el Corazón de la Tierra,
en todos los templos adorado,
por todas las culturas,
camino en todos los caminos de los
pueblos...

Pedro Casaldáliga, obispo
Al Acecho del reino
y Nuestra Espiritualidad
Ed. Utopía, Madrid
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