Nueva ley de Extranjería

Nos preocupan las pateras repletas de ciudadanos de color, con mujeres gestantes o con niños pequeños a bordo, que ponen en peligro sus vidas en busca de una vida digna.

La última tragedia se ha producido recientemente en la Isla Perejil, frontera de Melilla y Marruecos, donde perecieron en el intento muchas personas jóvenes procedentes de Senegal y Nigeria

Estas gentes engañadas por las mafias que los transportan y por la imagen paradisíaca que difunden los medios de comunicación sobre los países ricos, no son más que el iceberg de un volcán que despiesrta en los países empobrecidos, que quieren escapar de la miseria en que están atrapados.

Ante esta masa ingente que sueña con una vida mejor, cualquier ley de extranjería resulta injusta por insuficiente.

Por tanto el problema no ha de afrontarse desde la legalidad vigente de un país, por democrático que este se sienta, sino que hay que enmarcarlo en el conflicto Norte-Sur,que supera cualquier legalidad que le sostenga.

Es decir hay una minoría de países ricos,llamados Primer Mundo, que se han enriquecido y se siguen enriqueciendo hoy de distintas formas, con lo que han extraido y extraen de los países por ellos empobrecidos, que son la mayoría aplastante del mundo.

Como se puede percibir a simple vista, el problema se revela como una gran injusticia, que no se arregla con limosnas. Se hace necesaria una profunda transformación de la economía internacional, para que estos pueblos recobren su condición de pueblos libres y autosuficientes.

¿Cómo? Promoviendo en ellos políticas de un desarrollo sostenible, con el que todos puedan vivir dignamente sin tener que emigrar de su propio país. Esto no es más que hacer democráticamente la "revolución social" pendiente desde hace siglos, que ya no puede esperar más.

Moralmente los países obligados a emprender esta regeneración del Tercer Mundo son los países que mueven los hilos del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial y el G-8. Sin embargo, ellos son los más renuentes porque representan los intereses del neoliberalismo deshumanizador que permanece oculto en la máscara de la globalización, que ha hecho aún mayor la brecha entre países pobres y ricos.

Por eso quien tiene hoy la misión redentora del mundo es el socialismo democrático. Es por ello nuestro Ortega y Gasset se refirió a él con el califictivo de "virtud moderna", que todos hemos de practicar. Dice así:

"Es hoy una verdad científica adquirida para in aeternum que que el único estado socialmentre admisible es el estado socialista". Claro que el socialismo iniciado por Saint Simon y que Ortega recomienda, tiene poco que ver con el que está vigente hoy en el primer mundo, no obstante, está llamado a recobrar su espíritu primero.

Este es el reto que le hace hoy el TM, donde el socialismo aletea todavía como utopía, una utopía que necesita avivarse a la vez en el PM, en un intento de que los montes desciendan y los valles se rellenen como reza la imagen bíblica.
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