Nueva teología política europea (curso)

Capítulo Quinto

Teología política y secularización


1. Contexto secularizado de la nueva teología política
(continuación)

B) Cristianismo secular primitivo

En el estudio del profesor Pikaza, al que aludíamos en el epígrafe anterior, se hace evidente que, en el corto tiempo del cristianismo originario y en los primeros años de su expansión eclesial, su nota característica fue la secularidad. No existían sacerdotes ni sacrificios especiales separados de la vida de los hombres y del mundo. El mismo Jesús fue laico y sus seguidores tenían una vinculación comunitaria de tipo espiritual, pero dentro de un marco secular (Jn 4, 21; Rom 12, 1). No tenían templos ni ceremonias especiales de culto, por lo que fueron considerados ateos por los romanos.

Sus signos de identidad, el bautismo y la eucaristía, expresaban la expansión de su misma vida dentro del mundo. "La experiencia de evangelio no necesitaba templos ni sacrificios para expiación de los pecados, ni funcionarios separados del pueblo". Jesús ofreció el don de Dios a los pobres y excluidos de manera secular fuera de las instituciones religiosas y del templo.

La comunidad que surgió en torno a él se fundaba en la Palabra compartida por todos, de modo que no había escribas conocedores del Libro, que eran considerados superiores a los restantes fieles por su sabiduría. Al contrario, en el evangelio es frecuente la crítica contra esta casta, que entendía la religión como dominio de los eruditos. El signo mesiánico de los seguidores de Jesús y, por tanto, de la comunidad cristiana es el Pan compartido en su nombre en un gesto secular de comunicación económica y alimenticia, que tenía lugar en pleno campo (Mc 6,30-44; 8, 1-8).

El evangelio de Jesús, pues, nos devuelve a la vida, de la que nos apartó una espiritualidad temerosa del mundo, y nos sitúa en el centro de la existencia humana secular en la que descubre la presencia de Dios. "Jesús ha roto con su vida y muerte el muro que escindía lo profano y lo sagrado, este mundo y el otro, para descubrir a Dios en la realidad secular y profana donde pueden encontrarse todos, partiendo de los pobres y excluidos del sistema sacral" (Ef 2, 14-21).

Ahora bien, este proceso secular humanizante del evangelio pronto fue resacralizado por la Iglesia posterior, en un contexto dualista de oposición sagrado-profano, dividiendo lo que Jesús había unido. En el evangelio el amor de Dios se expresa en el amor humano y la sacralidad en la realidad profana. Esta es la gran novedad del cristianismo. Sin embargo, durante muchos siglos la transmisión del mensaje evangélico ha estado más próxima a las religiones cósmicas sacrales del paganismo que de la religión secular cristiana, cuyo Dios está en diálogo permanente con la humanidad .

2. Evolución histórica de la secularización

Durante muchos siglos el hombre valoraba todo desde un Dios en las alturas y, consecuentemente, el interés por mejorar su condición de vida en la tierra era nulo. Su existencia toda estaba configurada por unos valores éticos y religiosos, que ponían en el más allá la verdadera felicidad. La interpretación bíblica y la lectura de los Santos Padres, que la teología tradicional agustiniana y la misma Iglesia hacían, estaban orientadas a aliviar las penurias del mundo mediante la fe y las obras de caridad. El intelecto humano del hombre occidental estaba aletargado ante tanta trascendencia y sobrenaturalidad e incapacitado para descubrir las posibilidades de mejorar su existencia en el mundo. Es hacia el siglo XII cuando el mundo toma conciencia de una cierta autonomía y comienza a independizarse de lo religioso.

Fue precisamente el contacto con la civilización de oriente en las cruzadas, la que despertó su capacidad técnica, para mejorar sus condiciones de vida terrena. Una época prodigiosa en que se descubre la rueda hidráulica, el molino de viento, la palanca, la brújula etc., que aliviaron mucho la rudeza del trabajo del hombre y su vida comenzó a ser más soportable. A pesar de todo, esto no se consideró un valor independiente, sino algo casual. Se inventaron asimismo nuevos instrumentos bélicos con mayor capacidad para destruir y matar, lo que hizo que el concilio de Letrán los condenara en 1139. Esta condena hizo que muchos sectores de la sociedad despreciaran la obra diabólica de la técnica, que se "arrogaba la pretensión de enmendar y mejorar la creación de Dios".

Todo lo cual pone de manifiesto un rasgo fundamental del hombre medieval y agustiniano: la afirmación del statu quo estático e intramundano, cuyo fundamento era Dios mismo y cuyas desgracias se remediaban, en la medida de lo posible, por la caridad. Estaba aún lejano para el hombre un horizonte racional capaz de proporcionrle un futuro mejor en la tierra. Al llegar más tarde a occidente el proceso de racionalización para toda la humanidad, es cuando el hombre descubre el mundo y se descubre a sí mismo con todas sus posibilidades para actuar en él con racionalidad y libertad.

Entonces comienza realmente el nuevo proyecto existencial de la humanidad, si bien la experiencia nos dice que hay que ser críticos en todo momento ante la realización de ese proyecto, ya que el abuso que hace el hombre de su propia capacidad es constante .

Bibliografía

J. Pikaza, "Secularización y Biblia", en AA.VV. 10 Palabras clave sobre Secularización, Verbo divino (2002).
E. Schillebexx, Dios futuro del hombre, Sígueme 1970.

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Cristianismo y Secularidad
Manuel de Nueva Teología Política Europea
,
Ed. Tirant Lo Blanch, Valencia 2007
Por Francisco Margallo
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