Teología de I. Ellacuría



Capítulo IV
Carácter histótico-social de la salvación

La historización de la fe no equivale a teología de lo político


La importancia que reviste la historicidad de la salvación en la teología latinoamericana no la convierte en teología de lo político, como puede darse a entender en el libro de Clovis Boff Teología de lo político.Ellac. comparte con Metz la tesis de que teología política no significa una regionalización de la teología, es decir, una teología que se ocupa exclusivamente del tema político.

El promotor de la nueva teología política europea, JB. Metz, insiste, efectivamente, en que no se trata de una teología regional política, sino de un nuevo método teológico para desprivatizar la fe cristiana y devolverle todo su dinamismo público; lo que considera una tarea fundamental de cualquier teología. El propósito de la teología política es expandir la dimensión social del cristianismo, desarrollando los postulados teológicos de las promesas de la escatología bíblica -justicia, paz, libertad, reconciliación- que se refieren siempre a su cumplimiento en el mundo.

La comunidad del Nuevo Testamento se siente llamada a vivir ya en la tierra esas promesas y vencer así al mundo.
La salvación que Jesús anuncia, insiste Metz, está relacionada con el mundo y no se la puede privatizar. De ahí su afán por hallar para la fe un lenguaje orientado socialmente, que tenga carácter crítico y liberador, pero advierte que no se trata de crear una nueva disciplina teológica adicional, sino que la teología tiene que descubrir en sí misma ese lenguaje.

También para el mismo Clovis Boff la teología de la liberación es una teología global: abarca la totalidad de los temas teológicos, pero no se detiene ahí ni se conforma con una visión abstracta y general de la fe. Es decir, avanza hacia lo particular, desarrollando el sentido histórico-liberador del evangelio. De la misma manera la teología de la liberación no conduce en Ellacuría a regionalizaciones teológicas, sino que ha de entenderse como una teología del reino de Dios, en la que el tema político ocupa también un lugar.

Por tanto, la distinción de objetos materiales entre una teología que tratara los temas clásicos de Dios, Cristo, Iglesia y otra que se ocupara de los temas propiamente humanos y/o políticos, no es en sí aceptable, aunque consideraciones secundarias puedan insinuar separaciones metódicas. De modo que la teología de la liberación trata de lo que atañe al reino de Dios, pero dando a todos sus temas, incluso a los más elevados y aparentemente separados de la historia, una impronta liberadora.

Tampoco las características especiales que rodean a la teología de la liberación tienen su origen en que su objeto primario sea fundamentalmente lo político ni siquiera la liberación entendida integralmente. Surgen más bien del lugar en que el teólogo se sitúa, de su opción por los pobres y de su propósito de que las virtualidades del reino de Dios se pongan al servicio de la salvación histórica del hombre, eso sí, poniendo esta salvación en la más estrecha relación posible con lo que es la salvación cristiana del hombre y del mundo.

En otro momento el mismo Ellacuría habla de la historización del reino de Dios, tal como lo viene exponiendo la teología de la liberación, y dice que debe concretizarse en términos histórico-sociales, abarcando dicha historización el corazón del hombre y las estructuras sociales, sin las que ese corazón no puede vivir.

Es decir, el reino de Dios se desarrolla tanto en lo personal como en lo societal y político, pero esto no quiere decir que los temas fundamentales de la teología de la liberación sean sociales y políticos. Sus temas son los propios de la teología, aunque dándole a todos una impronta liberadora, ya que ella parte de la opción preferencial por los pobres.

Es evidente que el problema de la relación entre lo divino y lo humano, entre la fe y la praxis social, que constituye el principal problema de la teología, está cobrando una importancia inusitada y una perspectiva nueva. Por ejemplo, cuestiones como si los esfuerzos humanos por una liberación histórica, incluso sociopólitica, tienen algo que ver con la instauración del reino de Dios que predicó Jesús; o si el reino de Dios y su realización tiene algo que ver con la liberación histórica de las mayorías oprimidas etc.

Ciertamente, estas cuestiones atañen a la Iglesia de los pobres y es un problema esencial de la historia actual latinoamericana. Pero no se trata primeramente de cuestiones conceptuales, sino que son cuestiones reales, por lo que no se deben conjugar teoricamente dos conceptos abstractos, uno referido a la obra de Dios y otro referido a la obra del hombre.

El partir de los conceptos y del supuesto de que a conceptos adecuadamente distintos corresponden realidades diferentes conduce a dificultades innecesarias. Y no se ha reparado suficientemente en que separados los conceptos de la praxis histórica real y puestos al servicio ideologizado de intereses no criticados, no sólo no resuelven el problema, sino que lo encubren. Se encubre no tanto por ser abstractos los conceptos, sino por no ser históricos.

De igual manera Gustavo Gutierrez no acepta tampoco la reducción de conceptos como salvación, reino de Dios, redención y pecado a lo puramente religioso, porque estas palabras que son centrales en la fe abarcan al hombre en su totalidad. De modo que la liberación del hombre y el crecimiento del reino de Dios se dirigen a una misma
comunidad de los hombres con Dios y de estos entre sí.


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--Virtudes públicas o laicas
en José Ortega y Gasset
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