La Tierra Madre Universal 2


El Cristianismo en la fase Planetaria de la Humanidad

1. El cristianismo como utopía
(Cont.)(Viene del día 5)

Decíamos el último día que la cruz cristiana revela la coexistencia de lo diabólico (expresión del odio)con lo simbólico (prueba del amor). Pues bien, esta estructura diabólica/simbólica (Caos/cosmos) impregna toda la realidad y el propio cristianismo. En él hay negaciones y contradicciones.

La tradición de la teología siempre habló de que la Iglesia es "casta meretrix", casta porque vive la dimensión del Espíritu y meretriz porque sucumbe, ¡tantas veces!, a la dimensión de la Carne! A pesar de esta contradicción, intrínseca a la realidad, podemos mirar al futuro con jovialidad y sin pavor. La luz tiene más derecho que las tinieblas. El camino está abierto de frente y hasta la cima, y es prometedor.

2. La realización de la utopía:
La Resurrección del Crucificado


¿En qué se funda el triunfo de esta utopía? Se funda en el hecho de que Dios mismo entró en nuestro proceso evolutivo a través de su encarnación en el Jesús de Nazaret. Dios se hizo humano pobre y excluido. A partir de la encarnación, todo es divino pues todo fue asumido por Dios. Lo que Dios asumió también lo eternizó.

El universo y la huanidad pertenecen definitivamente a la realidad de Dios. Somos también Dios por participación, dirían los místicos como el maestro Eckhart y San Juan de la Cruz. Por consiguiente, estamos inapelablemente salvados de todos nuestros desvíos y equivocaciones.

¿Cuál es el lugar de verificación de esta utopía? La resurrección del Crucificado. Pero la resurrección no es sinónimo de reanimación de un cadáver, una vuelta a la vida mortal anterior, como ocurrió con Lázaro que al final acabó muriendo nuevamente.

Resurrección es una revolución en la evolución: transporta el ser humano al término de la historia, realizándolo absolutamente.

Por eso ella aparece como la concreción de la utopía del Reino en este hombre concreto, Jesús de Nazaret; representa una anticipación y una miniatura de la realidad futura de todos y también del universo del cual somos parte y parcela. El hombre latente en el proceso evolutivo se hizo ahora patente en el final bienaventurado de este hombre.

Todos resucitaremos. Consecuentemente, no vivimos para morír, sino que moriremos para resucitar, para vivir más, mejor y para siempre. Por la resurrección se responde al más entrañable deseo de ser humano: superar la muerte y vivir en plenitud para siempre.

Este solo dato revela las buenas y relevantes razones del cristianismo para el fenómeno humano universal.

Ver Leonardo Boff, Lo esencial del Evangelio
Lo nuevo de la Ecoteologí
a
Ed Nueva Utopía 2011

PD. El próximo viernes a las 19,30 se hará un homenaje a José María Díez Alegria en el Ateneo de Madrid, calle Prado 21.
Una voz profética que se ha ido.
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