Vidas ejemplares de hoy



Credo

José María Díez Alegría

Creo que Dios es nuestro Padre y que
que estamos en manos de Dios.
Sabemos que Dios no tiene manos,
pero nosotras y nosotros estamos
en manos de Dios.
Así aparece lo paradógico y misterioso de
nuestra esperanza.

Soy consciente del paso del mal en el mundo
y en la historia.
De que no tengo respuesta para este enigma.
Soy consciente del silencio de Dios,
de la impotencia de Dios
ante la opresión de los pobres
y el dolor de los inocentes.

Creo, sin embargo, que estamos en manos de
Dios, que su amor nos envuelve.
Que está en nosotras y en nosotros.

Tengo confianza en Él a pesar de todo y por
encima de todo, en la vida y en la muerte.
Es una esperanza por encima de toda
desesperanza.

Creo en Jesús, el Hijo de Dios,
que dió su vida
por ser fiel al anuncio del Reino de Dios,
por propugnar la liberación
de los pobres y los oprimidos,
por oponerse al egoísmo,
la injusticia y la explotación.

Los hombres lo mataron, pero Dios lo
resucitó. Le dió la razón.
Él es la verdad y Dios está con Él.

Creo en el Espíritu de Dios.
Creo que el ser humano
no está totalmente condicionado
por los determinismos y las estructuras y
que hay un espacio de libertad creadora.

Creo que el Espíritu de Dios puede actuar en
el corazón de hombres y mujeres.
Creo que necesitamos la ayuda del Espíritu y
que el Espíritu puede venir a nosotros.
Puede venir siempre, puede venir de nuevo,
puede venir más.
Y tiene sentido invocarlo para que venga a
a nosotros y esté con nosotros.

Creo que si vivimos,
vivimos para Jesús, el Señor,
y si morimos, morimos para el Señor.
Que en la vida y en la muerte
somos del Señor.

Creo que estoy unido con todos los
hermanos y hermanas de aquí y de allí,
y que en el Señor nos hemos de encontrar un
día.
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