Virtudes públicas en J. Ortega y Gasset
Capítulo Primero
La Ciencia
(Cont., viene del día 16)
Ciencia y religión: el científico "Dios de ocasión"
La herida abierta en tantos combates contra la ciencia, lamenta Ortega, sigue abierta y no cicatrizará, si nos empeñamos en oponer ciencia y religión. Cree que por este contencioso muchos científicos han abandonado la Iglesia y el mundo de lo religioso. Esto le produce desasosiego, porque no concibe ningún hombre, que aspire a realizarse plenamente, que pueda renunciar a dicho mundo.
La lectura del libro El Santo de Antonio Fogazzaro nos hace pensar, dice, a los que vivimos apartados de la Iglesia: "si fuera tal el catolicismo ¿no podríamos nosotros ser también algún día católicos? ¿no podríamos gozar de esas blandas albricias con que obsequia la fe a quien visita? Son estas albricias un consuelo plenario para la grande melancolía y una disciplina más prieta para la voluntad; ¿no han de ser apetecibles?".
A la vez refiere cómo un día, en el pasillo del Ateneo madrileño, un ingenuo ateneísta le confesó que él había nacido sin el prejuicio religioso, con un tono que parecía decir: "Yo, ¿sabe usted?, he nacido sin el rudimento del tercer párpado. Semejante manera de considerar la religión es profundamente chabacana.
Yo no concibo que ningún hombre, el cual aspire a henchir su vida indefinidamente, pueda renunciar sin dolor al mundo de lo religioso; a mí, al menos, me produce enorme pesar sentirme excluido de la participación en ese mundo. Porque hay un sentido religioso, como hay un sentido estético y un sentido del olfato, del tacto, de la visión... A este amigo ateneísta faltaba la agudeza de nervios requerida para sentir, al punto que se entra en contacto con las cosas, esa otra vida de segundo plano que ellas tienen, su vida religiosa, su latir divino.
Porque es lo cierto que sublimando toda cosa hasta su última determinación, llega un instante en que la ciencia acaba sin acabar la cosa; este núcleo transcientífico de las cosas es su religiosidad".
El científico es por naturaleza un hombre religioso. Para Goethe, el hombre es productivo mientras es religioso, cuando le falta la vena religiosa se ve reducido a imitar, a repetir en arte, en ciencia, en todo. ¿Por qué entonces la desconfianza de la Iglesia hacia el científico? ¿No será ésta infundada o un celo mal enfocado? En el Vaticano II, sin embargo, el científico no aparece como un usurpador del lugar que le corresponde al Creador, al contrario, Dios actúa a través de él (GS 34 y 36).
Ver: José Ortega y Gasser: Virtudes Púbicas o Laicas
Por Francisco García-Margallo Bazago.
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