El Voto Sacramento de la Vida Civil

Nuestros políticos, salvo raras excepciones, son incapaces de crear el clima propicio para la ocasión que preconizara Max Weber en la "sobria y pacífica búsqueda que realiza el partido en el mercado electoral". Parece que el único objetivo de todos los partidos es servirse de la emotividad que generan en las masas su crispación, para arrancarles el voto a cambio de unas promesas, que saben que no van a cumplir, porque el sistema no se lo permite

A muchos nos da la sensación de que se han echado al monte y han emprendido una cacería, en la que se lleva la pieza el que más dispara. A otros les parece que han montado un circo ambulante con sus caravanas llenas de panfletos sin contenido real. Lo único que les falta decir es ¡Señores, ha llegado el circo! No me extraña que ante este panorama no se despierte en los ciudadanos remisos el deseo de ir a votar.

Si esto es así, como parece confirmar la experiencia de muchos años, yo me pregunto por qué uno de los partidos mayoritarios, o los dos unidos, aunque esto es más difícil, no se planta y dice: ¡Se acabó, abandono esta farsa electoralista!. Y comienza un modelo nuevo de campaña electoral con debates radiofónicos, televisivos, como el de Solbes y Pizarro y los que se van a realizar entre el presidente del Gobierno el candidato de la oposición. También conferencias, charlas informales o formales, razonadas y dialogantes, organizadas por los representantes de los distintos partidos en cada ciudad sin necesidad de trasladarse los cabecillas de un lugar a otro.

O, al menos, que cada autonomía la realizara en su propio feudo en el sentido indicado. Esto sería mucho más serio y eficaz, porque despertaría en los ciudadanos el interés de participar en la gestión de la sociedad que es cosa de todos y no de una minoría, que dice representarnos. Además ahorraría mucho dinero a las arcas del Estado, que se utilizaría en cosas más provechosas.

Se me dirá que esto es una utopía, y efectivamente lo es, pero necesitamos utopías que nos saquen de tanto pragmatismo ramplon, consumista e insolidario en que nos ha hecho caer el sistema neoliberal imperante. Sería bueno volver a Tomás Moro, Campanella o Bacon, que iniciaron con valentía un género literario y de vida nuevo. Todos ellos trataron de concienciar a los ciudadanos del papel deshumanizador de las riquezas en pocas manos, que permite a quienes las poseen decidir sobre los hombres y mujeres sometidos a su poder. Estos fueron loa antiglobalización de su época.

Hagamos mención también de la importancia que Ortega da al voto en las elecciones democráticas. Es en la vida pública contemporánea como el "sacramento radical de la vida civil". Y añade seguidamente: burlarlo, suplantarlo, envilecerlo, es el sacrilegio mayor que dentro de la esfera política se puede cometer.

El C. Vaticano II al hablar de la Colaboración de todos en la vida pública, se refiere también a "la participación en la elección de los gobernantes" y recuerda a los ciudadonos "el derecho y el deber que tienen de votar con libertad, para promover el bien común" (GS, 75, 1).
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