tranquila y deforme, ¡tan disparatada!
sobre el campanario.
Antonio Machado
¡Yo creo en la esperanza...!
El credo que ha dado sentido a mi vida
8. Desmitologización y recuperación de la esperanza
(Cont., viene del día 5)
La manera como la Biblia nos presenta la esperanza mesiono-escatológica ¿no es a su vez mitológica?. Y la manra, como después de Jesús, la fe cristiana apostólica resume la vieja esperanza profética ¿no se revela ella misma mitológica?
¿Podemos desmitologizar la esperanza mesiánica, inseparable de la fe cristiana genuina en la resurrección, sin dejarla perder con ello, antes al contrario, recuperándola en un sentido más profundo?.
Personalmente yo he hecho algo así. Y tengo conciencia de que sólo de este modo he llegado genuinamente y profundamente al verdadero plano de la "fe". Trataré de exponer cómo vivo mi esperanza mesiánica, mi fe en Cristo resucitado, Señor de la historia.
Pero antes quiero insistir en que esta profundización de la fe(esta desmitolización), que nos lleva al plano auténtico de la "fe" desnuda y de la "esperanza" que se "cree", nos aleja de toda pretensión apologética de "demostrar" la fe, para que así la gente la acepte. Abrahán "contra toda esperanza creyó en la esperanza, afirma Pablo en la carta a los Romanos(4, 18). Pero una fe así en la esperanza, sin alguna apoyatura humana de esperanza, es una especie de creación de la gracia en el interior del hombre, un acontecimiento originario, un misterio existencial.
El creyende debe llevar adelante su "fe en la esperanza" más con su total actitud que con proclamaciones verbales. Debe dar
testimonio. Pero con enorme respeto a los demás. Sin proselitismo. Sin triunfalismo. Porque él mismo tiene la "locura"
o quizá mejor la "gratuidad" de su esperanza. Pero ess "locura" es vivida por él como "sabiduría de Dios". Y la "sabiduría de Dios" libera de sectarismos y supersticiones, nos deja libres para afrontar sinceramente la realidad, desde el misterio de la esperanza, pero sin dogmatismos mitologizantes, que requieran, para poder mantenerse, cerrar los ojos ante esa realidad. Porque también la realidad es un misterio que hay que respetar.
Los profetas de Israel esperaban la instauración de la justicia en el mundo histórico, mediante una intervención manifiesta, visible, de Yahvé, como la que la tradición religiosa de Israel contemplaba en el éxodo de Egipto y en el paso prodigioso a través del Mar Rojo.
Se esperaba el nuevo Moisés, de que habla el Deuteronomio(18, 15). El vástago de David, que realizase directamente, políticamente, la liberación, como Cristo (Ungido) de Yahvé. Esta es la perspectiva del Salmo 72, en que los augurios cantados en ocasión, tal vez de una coronación regia, se desbordaba hacia el horizonte de la esperanza mesiánica:
Oh Dios, da al rey tu juicio
al hijo de rey tu justicia:
que con justicia gobierne a tu pueblo,
con equidad a tus humildes.
Traerán los montes paz al pueblo,
y justicia los collados.
Él hará justicia a los humildes del pueblo,
salvará al hijo de los pobres,
y aplastará al opresor.
Durará tanto como el sol,
como la luna de edad en edad;
caerá como la lluvia en el retoño,
como el rocío que humedece la tierra.
En sus días florecerá la justicia,
y dilatada paz hasta que no haya luna;
dominará de mar a mar,
desde el Río hasta los confines de la tierra...
En este modo de concebir la esperanza mesiánica, había un elemento "mitológico", que es necesario reducir, para que el "mito" (expresión simbólica que puede ser legítima)no se convierta en caduca "mitología"(entendimiento realístico, y por ello falso, del "mito").
Dios no interviene en la historia de la manera fenoménica que suponían ingenuamente los videntes de israel.
Ver: José Mª Díez-Alegría, ¡Yo Creo en la Esperanza!
Desclée de Brouwer 1972