El evangelio en el mundo

El obispo Gaillot después de habernos dicho que los jóvenes marginados, a los que él acompaña y protege, no tienen ni abogado que los defienda en los juicios, añade: “Es la hora de la decisión y del compromiso”. No se puede esperar a más tarde.
Los acontecimientos nos ponen contra la pared. Obligan a ir a lo esencial. Pero se pueden también rechazar los acontecimientos molestos, pasar de lado y no entrar en ellos. Nos podemos resignar y bajar los brazos ante lo que nos parece una fatalidad.
Pero si somos esclavos de los acontecimientos, estos ya no tienen nada que decirnos.
La experiencia demuestra que, ante el acontecimiento de la muerte, las actitudes varían.Hiroshima, 6 de abril de 1945. Este lugar, esta fecha se han convertido en símbolos para la humanidad. Se produjo un choque en la opinión mundial.
Con aquel drama de horror nuestro planeta franqueó un umbral. La humanidad entró en la era nuclear; la explosión de la primera bomba atómica sobre Hiroshima hizo entrar a la humanidad en una era peligrosa, con la carrera de los armamentos nucleares y el riesgo de un apocalipsis.
Hiroshima se ha convertido en la ciudad de la paz. Cada año, al principio del mes de agosto, los responsables de la ciudad convocan encuentros internacionales sobre el desarme nuclear… Sueño con el día en que las sumas fabulosas engullidas por la carrera de la muerte sirvan a los parados sin protección y sin esperanza de Francia y del mundo.
Cada vez que despierto del sueño pienso en los 50.000 niños que morirán de hambre en las veinticuatro horas que siguen.
J. Gaillot, Fe sin fronteras
Edic. Paulinas, 1989.
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