La tierra madre universal



¿Qué significa ser y sentirse tierra?
Una nueva ética de responsabilidad

(Cont.)(Viene del día 1)
Cada vez entendemos mejor que la ecología se ha convertido en el contexto de todos los problemas: de la educación, del proceso industrial, de la urbanización, del derecho y de la reflexión filosófica y religiosa.

A partir de la ecología, se está elaborando e imponiendo un nuevo estado de conciencia en la humanidad que se caracteriza por más benevolencia, más compasión, más sensibilidad, más enternecimiento, más solidaridad, más cooperación, más responsabilidad entre los seres humanos hacia la tierra y hacia la necesidad de su preservación.
En este panorama alimentamos una perspectiva optimista. La Tierra puede y debe ser salvada. Y será salvada. Ella ya pasó por más de 15 devastaciones. Y siempre supo sobrevivir y salvaguardar el principio de vida.

Y llegará a superar también el actual impase, pero bajo una condición: que cambiemos de rumbo y de óptica. Desde esta nueva óptica surgirá una nueva ética responsable y de sinergia para con la Tierra. Tratemos de fundamentar este optimismo nuestro.

Somos tierra que piensa, siente y ama

El ser humano, en las diversas culturas y fases históricas, reveló una intuición segura: pertenecemos a la Tierra; somos Tierra. De ahí que hombre venga de humus.
Venimos de la Tierra y volveremos a la Tierra. La Tierra no está frente a nosotros como algo distinto de nosotros mismos. Tenemos la Tierra dentro de nosotros. Somos la propia Tierra que en su evolución llegó al estadio de sentimiento, de comprensión, de responsabilidad y de veneración. En una palabra, somos la Tierra en su momento de autorrealización y autoconsciencia.

Inicialmente, pues, no hay distancia entre nosotros y la Tierra. Formamos una misma realidad compleja, diversa y única. Esto es lo que han testimoniado los austronautas, los primero en contemplar la Tierra desde fuera de la Tierra. Dijeron enfáticamente: de aquí desde la Luna, a bordo de nuestras naves espaciales, no notamos diferencia entre la Tierra y la humanidad, entre negros y blancos, demócratas o socialistas, ricos y pobres. Humanidad y Tierra forman una única realidad espléndida, reluciente,
frágil y llena de vigor. Esta percepción no es ilusoria, es radicalmente verdadera.

Dicho en términos de moderna cosmología: estamos formados con las mismas energías, con los mismos elementos fisico-químicos dentro de la misma red de relaciones de todo con todo que actúan hace 15.000 millones de años, desde que el univesrso, dentro de una inconmensurable inestabilidad (big bang-inflación y explosión) emergió en la forma que hoy conocemos. Conociendo un poco esta historia del univerdo y de la Tierra nos estamos conociendo a nosotros mismos y a nuestra ancestralidad.

Cinco grandes actos estructuran el teatro universal del que somos coactores:
El primero es el cósmico: irrumpió el universo todavía en proceso de expansión; y en la medida en que se expande se autocría y se diversifica. Nosotros estábamos allí en las posibilidades contenidas de ese proceso.

El segundo es el químico; en el seno de las grandes estrellas rojas (los primeros cuerpos que se identifican se formaron hace por lo menos 10.000 millones de años) se formaron todos los elementos pesados que hoy constituyen cada uno de los seres, como el oxígeno, el carbono, el silicio, el nitrógeno etc. Con la explosión de las grandes estrellas (volvieron super nuevas)tales elementos se desparramaron por todo el espacio; constituyeron las galaxias, las estrellas, la Tierra, los planetas y los satélites de la actual fase del universo. Aquellos elemento químicos circulan por todo nuestro cuerpo, sangre y cerebro.

El tercer acto es el biológico; de la materia que se hace compleja y se enrolla sobre sí misma, en un proceso llamado de autopoiese (autocreación y autoorganización, irrumpió, hace 3.800 millones de años, la vida en todas sus formas; atrvesó profundas dizmaciones pero siempre subsistió y llegó hasta nosotros en su inconmensurable diversidad.

El cuarto es lo humano, subcapítulo de la historia de la vida. El principio de complejidad y de autocreación halla en los seres humanos inmensas posibilidades de expansión.
La vida humana floreció, cerca de 10 millones atrás. Surgió en África. A partir de ahí, se difundió por todos los continentes hasta conquistar los confines más remotos de la Tierra. Lo humano mostró gran flexibilidad; se adaptó a todos los ecosistemas, a los más gélidos de los polos, a los más tórridos de los trópicos, en el suelo, en el subsuelo, en el aire y fuera de nuestro planeta, en las naves espaciales y en la Luna. Sometió las demás especies, menos a la mayoría de los virus y de las bacterias. Es el triunfo peligroso de la especie homo sapiens y demens.

Por fin, el quinto acto es el planatario; la humanidad que estaba dispersa, está volviendo a la casa común, al planeta Tierra. Se descubre como humanidad, con el mismo origen y el mismo destino de todos los demás seres de la Tierra. Se siente como la meta consciente de la Tierra, un sujeto colectivo, por encima de las culturas singulares y de los estados-naciones.A través de los medios de comunicación globales, de interdependencia de todos con todos, esta inaugurando una nueva fase de su evolución, la fase planetaria. A partir de ahora, la historia será la historia de la especie homo, de la humanidad unificada e interconectada con todo y con todos.

Sólo podemos entender el ser humano si lo conectamos con todo ese proceso universal; en él los elementos materiales y las energías sutiles conspiraron para que él lentamente se fuese gestando y, finalmente, pudiese nacer.

ver L. Boff, Lo esencial del Evangelio
Lo nuevo de la Ecotelogía
Volver arriba