27 dic 2025

Alma Socia Christi, Socia de Jesús(=de la SJ). Mariología jesuítica?

Xabier Pikaza

María jesuita. Alma Socia Christi. Los franciscanos son hermanos menores de Jesús, los dominicos son predicadores de Jesús; los del Opus, obreros de Jesús; los jesuitas son de la compañía militante de Jesús...esto es, de su "sociedad".

La primera gran obra mariana que leí fue hacia el año 1960 la colección de trabajos de la serie "alma socia Christi" (abajo he puesto una imagen del tomo 1). Creo que llegaron a ser unos 10 tomos... El séptimo debía se la serie mercedaria, que un día procuraré buscar.

La colección de volúmenes de esa Alma Socia Christi presentaba a María como "alma/vida nutriente" de Jesús... en una línea en la que se vinculan elementos de co-redención, mediación mariana y solidaridad de Jesús y María: María como educadora de Jesús... y Jesús como "co-regidor" de María, autor de la conversión/metanoia de María... que empezó siendo "judía de ley" nacional , por lo que Jesús tiene que co-r-regirla en Mc 3, 31-35...) para vincularse al fin de la vida de Jesús ante la cruz. Desde ese fondo he escrito esta postal, repensando el tema desde el documento de la Congregación de la fe, Mater populi fidelis, que a mi juicio no ha tenido en cuenta el fondo jesuítico de María como alma "socia de Cristo".

-María es ante todo una mujer real, signo de todas las mujeres, desde la primera, en el primer grupo de seres humanos, que surgieron  hacia el año 100.000 aC, en la gran depresión o beka de África oriental, pasando por María, madre de Jesús, primera cristiana, entre el 0-30 d.C entre Belén y Nazaret, hasta la mujer final que aparecerá en el cielo, según el Apocalipsis, En esa hisoria de mujeres esgamos insertos todos  nosotros, no olvidemos.

- María es en segundo lugar una mujer forma parte del “dogma” cristiano de la humanidad, que al principio aparecía como Eva (Génesis) y que al final se mostrará como mujer vestida de cielo (Apocalipsis). Ella ha sido y sigue siendo mujer carne y hueso, bendita entre todas las mujeres y portadora de felicidad para aquellos que confían en ella (Lc 1, 42-45). Es una mujer muy importante para los cristianos, pero es también un signo de buena humanidad para todos los seres humanos que quieren encontrar un principio de vida mejor sobre la tierra.

- En tercer lugar, María es una mujer ejemplar que eleva la dignidad y las ganas de vivir y de quererse de millones y millones de hombres y mujeres de la tierra por encima de razas, culturas yreligiones, Este signo de María, con Jesús niño en sus brazos o compañero mayor en sus caminos, en unión con otros hombres, mujeres y niños que les acompañan, es un regalo de vida y esperanza en estos tiempos nuevos de incertidumbre que estamos iniciando. Esta figura de María, por sí sola o en unión con otros hombres y mujeres que nos han precedido en el camino de gracia y esperanza de la vida nos impulsa no sólo a seguir viviendo, sino a vivir mejor, iniciando en la tierra un camino de “cielo”. Así la han presentado los libros cristianos, desde el Génesis al Apocalipsis, con Pablo y con los evangelios, y así quieren presentarla las siete historias de este libro

  

     Había otras figuras importantes en la tradición de Biblia y de las iglesias cristianas, al lado de María y de Jesús, hombres y mujeres como Abraham y David,Magdalena y Pedro, Pablo y el Discípulo Amado. Pero ninguna ha tenido la importancia de María, madre y compañera de Jesús, mujer creyente que nos estimula, nos acepta y acompaña en tiempos de incertidumbre y confusión como los nuestros, para dialogar y querernos, pues hay sitio para todos en esta tierra común, en la que ella no encontró posada, cuando iba buscando posada con José y su niño.

Éste libro dedicado al estudio de las siete historias de María es un libro nuevo, escrito después tras cincuenta años de estudio y meditación silenciosa, retomando y precisando motivos de otros libros que cito a pie de página o en la bibliografía final,para ofrecerlo de manera amistosa a mis amigos y lectores. 

  Publiqué un primer ensayo sobre María, titulado Orígenes de Jesús (Salamanca 1976), como resumen de mis estudios de Biblia, y después otro más denso tituladoLa Madre de Jesús, introducción a la Mariología (Salamanca 1989), bajo la poderosa impresión de una encíclica del Papa Juan Pablo II,  Redemptoris Mater  (La Madre del Redentor, 1987) que había inyectado en la doctrina católica un aire fuerte de compromiso afectivo y social (redentor) que se mantiene vivo en las iglesias hasta el momento actual, aunque quizá no ha dado los frutos que algunos esperaban.

Retomo y reformulo aquí algunas ideas y propuestas de esos libros, especialmente de Orígenes de Jesús, tras medio siglo de vida  activa en este campo (d 1976 a 2026), bajo la impresión de una propuesta de la Congregación de la Doctrina de la fe que acaba de publicar un documento titulado, Mater Populi Fidelis (Madre del pueblo creyente, 4. XI. 2025), un documento inspirado en la visión cristiana del Papa Francisco (2015-2025), promovido por un cardenal argentino (Víctor M. Fernández), en los primeros meses de papado de un hermano de San Agustín, de Estados Unidos, de América (León XIV).

En algunos contextos se decía y se dice que María ha reforzado la estructura patriarcal de la iglesia, para mantener a la mujer sometida, sobre una peana, que no influya en la vida real de los cristianos y, en especial, de un tipo de jerarcas de la iglesia, de manera que ella (la Virgen) brille como reina madre, por su belleza y ternura, pero ellos (los ministros de la Iglesia) decidan con su poder los asuntos reales de la cristiandad, sin poner en marcha el programa de vida que propone el discurso inaugural de María, llamado Magníficat (Lc 1, 46-55).

En contra de esa línea de “sumisión” eclesial, estaría representada por María, digo en este libro que ella no puede ser manipulada al servicio de unas clases o grupos superiores, ni de un tipo de anti-feminismo que se podido dar en ciertos contextos de cristianismo. En esa línea, tomando como base siete historias de la Biblia, la más honda tradición del cristianismo y ese documento de la Congregación (Mater Populi Fidelis, 2025) he terminado esta obra, que puede resumirse en los principios que siguen:

    1) María es sierva de Dios y madre de Jesús, mujer cuya figura no puede utilizarse para favorecer ninguna opresión interhumana, sino todo lo contrario: Como mujer (persona), servidora y madre del Señor (Lc 1, 43-45), ella es signo fuerte de solidaridad y libertad. Por eso, María no puede interpretarse en categorías de poder, ni de clericalismo teológico, social o sacramental.

    2. María es principio y testimonio de gratuidad activa, encarnación real y lucha en contra de todos los poderes diabólicos (serpiente), abriendo un camino de (Gen 3), en libertad y diálogo, al servicio de la vida de todos, especialmente de los oprimidos, tal como se expresa a través del evangelio de Jesús su hijo, de manera que podemos y debemos llamarle no sólo “madre del redentor”, como decía Juan Pablo II (Redemptoris Mater), sino como Redentora de cautivos y oprimidos, en la línea de una fuerte tradición redentora de la iglesia occidental, el siglo XIII en adelante 

    3. María puede y debe presentarse en este nuevo siglo XXI como principio y signo de un cristianismo comprometido en amor y justicia, al servicio de todos los seres humanos, hermanos y amigos solidarios de todos, varones y mujeres, judíos y gentiles, libres y esclavos, liberados para la libertad y por Cristo (Gal 3, 28; 5, 1), para formar una familia de madres, hermanos y hermanas en el mundo (Mc 3, 31-35).

    4. No he querido presentar a María especialmente como madre (Mater populi fidelis) porque madres somos (hemos de ser) todos en Cristo, escuchando y compartiendo la palabra de Dios, como dice Jesús en Mc 3, 31-35, por encima de todo dominio de varón y de sangre de mujer, porque la palabra de Dios se hace carne y sangre, amor y comunión de vida en todos (Jn 1, 12-14).

    5. En esa línea este libro podría titularse María, carne de Dios y vida humana, y así lo había puesto en sus primeras redacciones, pero, revisando el texto, he preferido volver a la formulación de Isabel en Lc 1, 42-45, cuando dijo a su “prima” María: bienaventurada porque has creído, porque y eres la creyente (hê pisteusasa), no la única, pero sí sino la primera, con Jesús tu hijo, primereando, como decía el Papa Francisco, en el camino de gozo  del evangelio (Evangelii Gaudium, 2015), de manera que el pueblo fiel (fidelis), no está compuestos por sometidos, menores, bajo una madre mayor, sino por compañeros y amigos, madres y hermanos de evangelio, buena nueva del Dios encarnado.

    6. Vengo de una tradición de mercedarios, comprometidos desde el siglo XIII en la tarea de liberación de cautivos, esclavos, encarcelados y excluidos, conforme al programa supremo de Jesús que, en Mt 25, 31-46 se define a sí mismo como hermano menor de menores, hambrientos, sedientos, desnudos, emigrantes, enfermos y encarcelados. Los mercedarios del siglo XIII pusieron como estandarte inspirador de su vida y obra a la Madre de Jesús que es “merced” (regalo de libertad), primera, primera en el camino de los cristianos redentores de oprimidos y cautivos, por su testimonio de fe, esto es, como creyentes.

    7. En clave de libertad, retomando tras medio siglo los motivos de Orígenes de Jesús (1976), empecé a escribir esta nueva mariología a finales del papado Francisco (2015-2025), que he terminado a principios del de León XIV (1.1.2026). En este contexto de iglesia sinodal, en camino compartido, he querido releer y analizar siete historia bíblicos fundamentales de María como Eva (Gen 3), mujer (Gal 4), madre de Jesas (Mc 6), fecundada por Dios (Mt 1), creyente (Lc 1), directora de bodas (Jn 2) y estrella vestida de sol (Ap 12), siempre amiga, sierva, hermana y delegada de Dios, con Jesús, siervo, amigo y hermano por excelencia, conforme a Flp 2,6-11, Mt 25, 31-45 con la tradición del discípulo amado de (evangelio de Juan).

         Mis estudios de mariología habían empezado con la lectura de las actas del Congreso Mariológico internacional 1950, Alma socia Christi (=alma/ nutriente asociada a Cristo), con motivo de la declaración del Dogma de la Asunción, por el que María aparece como “socia/amiga” de Jesús, en una línea marcada por la devoción de los jesuitas, que se definen como socios (sociedad o compañía) de Jesús, SJ. 

         Partiendo enr Gen 3 y culminando en Ap 12, María es Socia de Cristo, una mujer que, aceptando su realidad de creatura, ha desplegado el potencial de gracia de Dios (Lc 1, 26-38), como inspiradora, modelo y garantía demadurez y liberación para los hombres (por fe, no por conquista, por maternidad fraterna, no dominadora ni excluyente, pues todos los creyentes son madres, hermanos y hermanas del Cristo (Mc 3, 29-35).

         Una visión opresora del hombre, define la libertad como superioridad de cada uno y dominio sobre otros. Pues bien, en contra de eso, el hombre (=ser humano) es libre en la medida en que acoge la palabra de Dios y de otros seres humanos en actitud agradecida, respondiendo con su amor al amor de los demás, viviendo de esa forma para ellos y con ellos.

         De esa forma se comprende la libertad de María, que escucha la palabra de Dios que le llega desde Gen 3 y los profetas diciéndole “una virgen concebirá (Is 7, 14), y asiente con su vida diciendo: "He aquí la sierva del Señor; hágase en mi según tu palabra" (Lc 1, 26/38).

         Éste es el testimonio más preciso y profundo de libertad que hallamos en el principio de la vida y obra de María a quien con “terminología jesuítica”, tomada del cristianismo como “sociedad de Jesús (SJ, societas Jesu), los teólogos del tiempo en el que se definió el dogma de la Asunción (1950), llamaron a María alma socia Christi, tomando alma  en el sentido etimológico de principio nutriente, madre animadora, como en alma mater, título que se daba en la antigüedad a las universidades e instituciones al servicio del conocimiento y despliegue de la vida de todos

          En ese sentido decimos que la virgen María es alma mater, socia de Cristo, vida nutricia de los seres humanos, signo importante del Dios en quien viven, se mueven y son los hombres y mujeres formando todos una “alma societas”, una comunión, fraternidad nutriente de vida (cf. Hch 1, 18-32). 

         En esa línea, como signo de Dios, en lucha contra la serpiente/dragón de muerte, ha sido saludada María, signo de la humanidad de Dios, desde Gen 3 hasta Ap 12, como seguiré mostrando en los siete capítulo de este libro, pero no María a sola, sino María madre, hermana, amiga y “socia” de Jesús, la más significativa de sus compañeras y amigas, con Pedro y Pablo, Marcos, Mateo, Lucas y Juan, hasta Ap 12.

         María es, desde esta perspectiva, la mujer que libremente acepta su condición de persona, mujer que no está dominada por otros, ni siquiera por su Hijo Jesucristo y que, sin embargo, precisamente por eso, porque es libre, puede dialogar con José y con otros seres humanos, poniéndose libremente al servicio de amigos, compañeros e hijos… María es la mujer que puede decirle a Dios (y decirse a sí misma) que quiere y puede concebir (ser madre), siendo hermana de los compañeros y amigos de Jesús (cf. Jn 10, 25-27; Hech 1, 13-14), pero en libertad,  y comunicación de vida, siendo ella misma, mujer “empoderada” por Dios, llena de su Espíritu

         En esa línea. María se dice sierva de Dios porque ha escuchado su palabra, libremente, porque se ha descubierto fundamentada y potenciada por un Dios que la respeta en forma plena. Sólo por eso ella se entrega, en gesto de amor, en actitud de alianza, en manos de Dios, para colaborar con él. Porque sabe que Dios ha enriquecido gratuitamente su vida, ella le puede responder en actitud de gracia, ofreciéndole su colaboración (éste es el tema de fondo de Lc 1, 26-38.

         En esa perspectiva, María supera la dialéctica del amo y el siervo (del jerarca que manda y del dominado que se somete (cf. Gal 3, 28). Ni Dios es amo-señor que se impone por la fuerza, ni María esclava que no tiene más remedio que entregarse a sus caprichos o mandatos posesivos. Dios es amigo que la potencia y fundamenta con su palabra de respeto (con su Espíritu) y María viene a desvelarse al mismo tiempo como amiga que recibe todo lo que tiene, lo hace propio y propiamente (de manera libre) puede regalarlo a los demás. Precisamente por eso, porque nadie la obliga, ella afirma que se ofrece como sierva, servidora amorosa de bodas (Jn 2), madre amorosa de los hijos que sufren en cruz (Jn 19).

         María es signo dialéctico o, mejor dicho, analéctico (de analogía) de la palabra y el amor de Dios, tal como se expresa en las palabras del Magníficat: "porque ha mirado la pequeñez de su sierva (de su colaboradora, de su co-redentora)..., ha hecho en mí cosas grandes aquel que es Poderoso" (Lc 1.48-49). Dios se revela de esa forma como palabra que dice dialogando y mirada que alumbra potenciando la vida de los a los demás.

         Dios es mirada misericordiosa porque se ha fijado en la pequeñez (tapeinosis) de María para levantarla. Es amiga porque contempla sin juzgar ni dominar sin imponer ni doblegar. Es creadora porque la transforma y engrandece, de tal forma que "de ahora en adelante me felicitarán todas las generaciones" (Lc 1,48).La creación se ha convertido de esa manera en cruce y fecundación de miradas. Ha fijado Dios sus ojos en María, poniendo en ella su fuerza y su ternura, como decía Juan de la Cruz: "Cuando tú me mirabas / su gracia en mí tus ojos imprimían" (Cántico espiritual).

         María se descubre así mirada, transformada, enriquecida, valorada y liberada por la gracia de unos ojos que no juzgan ni escudriñan ni condenan, sino que animan, dan vida, irradian amor, invitan a colaborar. Ella se sitúa precisamente en el extremo opuesto de eso que una fenomenología de la mirada ha creído descubrir en la presencia de unos ojos siempre vigilantes que destruyen la autonomía y libertad humanas (Sartre). María descubre su valor porque la miran y gozosamente exclama: "se alegra mi espíritu en Dios mi salvador" (Lc 1,47).

         Dios   ha creado a los hombres para poder mirarles y complacerse en ellos, con el gozo de un creador y un padre amigo que se alegra en sus propias creaciones. Pues bien, María ya no tiene que esconderse en el jardín, como los hombres han hecho descubriendo la vergüenza de su desnudez pecadora, desde Adán y Eva (cf. Gn/03/07-11); no tiene que poner un velo sobre el rostro, ante los ojos como han hecho los judíos, ante el Dios del miedo que parece hablarles sólo en un lenguaje de terror y muerte (cf. 2 Cor 3,13; cita de Éx 34 33.35); no tiene que cubrirse la cabeza como deberán hacer más tarde las mujeres de Corinto, que retornan a un estadio pre-mesiánico de discriminación y miedo ante el misterio (cf. Cor 11,2-16). María mantiene la mirada, y manteniéndola, en un gesto de amor y transparencia, responde ante el misterio de Dios diciendo en plena libertad: "He aquí la sierva del Señor" (Lc 1,38).

         El amo mira para dominar, de arriba hacia abajo poseyendo, dominando, con su deseo de superioridad deseo a la persona a la que hace objeto de su mirada. Dios ya no domina ni posee. Precisamente porque es Dios y no un pequeño diosecillo, aprendiz de dictador, puede mirar sin opresión, sin amenaza. Estos ojos de Dios son el misterio del amor que crea. Por eso, María ha respondido, sosteniendo la mirada en diálogo de amor: "ha hecho en mí cosas grandes aquel que es poderoso" (Lc 1,49).    En esa línea, algunos padres de la Iglesia afirmaban que María había concebido (había sido portadora de vida) a través de la mirada, evidentemente, sin negar los otros planos de la vida en plenitud, de la vida como carne, en el sentido radical de Jn 1, 14. Dios hace las cosas con la mirada de su amor, como nuevamente sabe Juan de la Cruz: "yéndolos mirando, / con sola su ternura, / vestidos los dejó de hermosura" (Cántico espiritual Por eso, cuando dice: "Dios ha hecho en mí cosas grandes", ella confiesa: Dios me hace ser y yo soy por la acción de su mirada; Dios me despierta a la vida y yo puedo despertar, reconocerme y responderle.

         Desde esta mirada-acción de Dios surge María como persona creada: surge totalmente de Dios para ser ella misma de una forma plena; Dios la deja en manos de su propia libertad, deja que ella se asuma a sí misma, se reconozca como libre y le responda, colaborando en la propia tarea mesiánica del surgimiento de su Hijo sobre el mundo.

         Éste es, a mi juicio, el sentido más profundo del relato de la anunciación (Lc 1, 26-38). El Dios que de nada necesita, ha querido necesitar de María para realizar humanamente (divinamente) la encarnación de su Hijo. Por eso, si la terminología del amo y del esclavo nos valiera, Dios mismo se vuelve "esclavo de María", llama a la puerta de su vida, espera su respuesta.

         Esta manera de hablar sobre Dios y María constituye un símbolo, pero no es un símbolo que pueda tomarse como secundario o reducirse luego al plano del lenguaje conceptual. Ésta es la expresión originaria del misterio. Es la expresión del Dios que habiendo creado seres libres viene a comportarse en libertad con ellos, en respeto y reverencia. Es la expresión del ser humano que, siendo creatura libre, mantiene y explicita su libertad precisamente frente a Dios.

         No existe verdadera libertad en (entre los hombres), si ellos no son libres frente a Dios (ante Dios, en sí mismos…). Sólo libremente podemos ser y relacionarnos unos con otros…. No podemos romper y superar la dialéctica del amo y del esclavo. Si Dios continuara actuando como un amo que impone su deseo sin pedir colaboración ni esperar nuestra respuesta…. Seriamos esclavos suyos, y podríamos esclavos unos de otros. La experiencia de Dios, tal como viene a expresarse en el relato de la anunciación de María, es la experiencia de la suprema libertad ente Dios y con Dios, en la línea de Gal 3, 28, el himno de la libertad de Dios en los hombres y con los hombres….

         He dicho libertad suprema e infinita porque sólo Dios es infinito y absoluto, en el sentido de que vive desde el fondo de sí mismo, haciéndose presente, en comunión con los hombres. En esa línea, de esa manera, María viene concebirse y presentarse como libre en Dios, ante Dios y con Dios. Pues bien, desde el fondo de esa dependencia (como sierva), María puede decir y ha dicho su palabra de suprema independencia y libertad, una palabra que Dios mismo necesita para encarnarse sobre el mundo y para realizar su obra salvadora. De esta forma se han unido libertad y gracia. María es la agraciada de Dios (cf. Lc 1,28) y sólo como tal, gratuitamente, puede responder y realizarse como libre.

         Su libertad se define así como autonomía para colaborar en el misterio de Dios, que quiere culmina de esa manera su obra encarnándose en el mundo que ha creado. María es libre porque puede asumir como propio el plan de Dios, el sentido y esperanza de la vida, en comunión con José, su desposado. Así lo asume y de esa forma se realiza, respondiendo gratuitamente a la gracia y colaborando con ella. En ese sentido, de un modo muy profundo, podríamos decir que ella posee y despliega la misma libertad de Dios, en creada, hecha persona dentro de la historia.

         Desde este fondo podemos y debemos hablar de María Virgen, esto es, parthenos, una mujer que ha madurado, descubriendo por experiencia la vida de su cuerpo (cf. Gén 3,20) y sabiendo que ella misma es la que debe decidir sobre esa vida en libertad en diálogo con Dios y con los otros seres humanos, desde sí misma, en amor; una mujer que actúa como dueña de sí misma. No se define simplemente como objeto de deseo para de un varón, conforme Gén 3,16; tampoco se limita a desplegarse como vientre-pechos para el hijo conforme a la palabra popular de Lc 11, 27 (y a un tipo de matriarcado de cuerpo, no de vida entera).

         Al definirse como virgen, mujer madura para la vida, María trasciende el plano de la vitalidad sexual, biológica….(cf. Gén 3,20), entendida como relación con el marido y con los hijos. Ella es más que una función reproductora, al servicio del deseo del varón y de la vida de su prole. Ella es persona en sentido pleno. Así le dice Dios: No temas María, Μὴ φοβοῦ, Μαριάμ, yo estoy contigo. Pero María es una virgen desposada (Lc 1,27), es decir, vinculada a otros y con otros, no Virgo Potens, potente, en sentido negativo, como las mujeres guerreras, amazonas, mata-hombres de la literatura castellana del siglo XV.

         No es la virgen miedosa, de ciertas neurosis, que se mantiene alejada de todo marido; no es tampoco la virgen egoísta, que prefiere hacer la vida en sí misma, sin tener que compartirla con otros en el camino, como Luis de León, poeta solitario, que se define diciendo: Vivir quiero conmigo, a solas, sin testigo, libre de amor, de celos, de odio, de esperanzas, de recelos).

         No es la virgen miedosa, medrosa, melindrosa, de ciertas leyendas, ni virgen dura de otras, independiente por despecho o por rechazo, para oprimir mejor a los varones; no es, finalmente, la virgen amazona, defensora violenta de su soledad. Al contrario, ella es virgen desposada, es decir, abierta al diálogo con un varón, llamado José, con quien proyecta compartir su vida.

         Esto significa que María se ha situado en el camino de Israel: ha nacido a la libertad y como mujer libre pretende comprometerse con un varón, en el camino mesiánico de las promesas patriarcales, ligadas precisamente al matrimonio y a la descendencia. No es una virgen lesbiana, que rechaza como desagradable o negativa (para ella) la relación genital con un varón. Tampoco es virgen vestal, que haya decidido consagrar su castidad a Dios, como sacerdotisa de un culto que prohíbe las uniones sexuales de la tierra. María es virgen desposada: se sabe dueña de sí misma y, como tal, ha decidido compartir con un varón el camino de su vida, conforme a la palabra más sagrada del AT.

         Pues bien, desde el fondo de esa decisión le ha salido al encuentro la palabra creadora de Dios, elevándola para un nivel más alto de compromiso esposan, de comunidad de casa y de maternidad. Dios se ha introducido así en al corazón de una "virgen desposada", introduciéndose en el ámbito de su decisión y liberándola para un tipo de compromiso superior, que será único en la historia de la humanidad. Lucas y Mateo nos presentan, con gran delicadeza y sobriedad, los elementos fundamentales de este compromiso superior de María. Ella puede realizarlo porque es virgen desposada: porque es dueña de sí misma y se halla abierta hacia el misterio del amor que es espacio de surgimiento de la vida. Precisamente en ese espacio le habla Dios y ella le responde de manera afirmativa, "concibiendo por la fe al mismo Hijo de Dios", como ha destacado sin cesar la tradición cristiana; ella ha concebido "por la palabra", es decir, en plena libertad, como persona que escucha y que responde en nivel de totalidad personal y no sólo en un plano de ideas.

         De esa historia especial de Dios con María, de esa historia universal de amor y de vida, que se expresa plenamente en Jesús, el hijo de María, quiero hablar en este libro, empezando por el Génesis y acabando en el Apocalipsis.

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24 dic 2025

25.12.25. Evangelio de Navidad, Lucas 2, 1-20

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. 12. 25. Nacimiento de Jesús. Lectura evangélica: Lc 2, 1-20[1].

Muchos escriben este día bellas reflexiones sobre el nacimiento de Jesús y de su actualidad en este tiempo de la sociedad y de la Iglesia.  Yo voy a hacer algo más sencillo: Leer el texto del evangelio. Buen día de Navidad a todos

a. Nacimiento histórico. El nacimiento de Jesús es un hecho histórico, pero el evangelio lo introduce en un fuerte contexto simbólico, interpretándolo como acontecimiento salvador, relacionado con relatos y mitos que suelen contarse al hablar del origen de los héroes divinos: – Históricamente, Jesús nació de una madre conocida, en un lugar y tiempo para iniciar una vida concreta de predicación y entrega social que acabó sobre una cruz. – Su nacimiento se narra pronto como símbolo del amor providente de Dios que visita a los hombres, asumiendo su pobreza y ofreciendo, en medio de ellos, un fuerte testimonio de esperanza salvadora.

En un momento dado, ese nacimiento puede expresarse en categorías míticas: como expresión de la presencia eterna de Dios, con formas y signos que provienen del contexto religioso pagano del ambiente. Los hombres han sabido captar desde antiguo, de diversas formas (cf. Hebr 1, 1-2), la presencia de Dios, el carácter paradójico de la vida, el valor sagrado de los acontecimientos. Por eso han narrado el origen de la vida con palabras de simbolización evocadora y creadora, como las que hallamos en el fondo de Lc 2, 1-72. Ellas sitúan a Jesús en el centro de la esperanza humana. Lucas no tiene que explicar ni razonar; simplemente cuenta, situando el nacimiento de Jesús en el contexto de historia y esperanza de la humanidad. Sabe que Jesús es el Mesías de Israel y así lo debe destacar, pero sabe al mismo tiempo que es también el deseado de los siglos y así narra:

En tiempo del César Augusto... Parece que ya existe un rey perfecto, para todos los humanos, emperador de Dios sobre la tierra. Pues bien, en ese mismo tiempo, nace escondido el verdadero niño, rey excelso de la humanidad, mostrando que el otro (el César Augusto) carece del poder definitivo.

– En tiempo del censo. El emperador ejerce su poder organizando un recuento de súbditos que le permita conocer a los hombres de su imperio, para exigirles tributo y tenerlos sometidos. En ese contexto, como miembro de un grupo oprimido, en camino de exilio llega el niño. – En el lugar de los pastores. No le reciben en el pueblo, no le acogen en las casas de los ciudadanos de la tierra. Por eso llega al mundo a cielo abierto y le reclinan sobre un pesebre de animales, de manera que así puede aparecer como señor y salvador de todos los vivientes. b. El símbolo del nacimiento. Muchos mitos cuentan de forma convergente el nacimiento de sus héroes nacionales o sacrales, tanto en Grecia como en el resto del oriente mediterráneo. Jesús se inscribe en ese grupo de seres peculiares que rompen los esquemas de surgimiento normal de nuestra historia.

En la evocación de su nacimiento hallamos rasgos de tipo histórico/político (reinado de Augusto, censo) y otros de carácter cósmico/sacral (pesebre de pastores). Hay también una experiencia de pobreza intensa, de fuerte paradoja: nace el rey prometido de la gloria y el poder supremo (cf 1, 32-33) y no tiene en este mundo nadie que le acoja (excepto María y su marido). Pero, al mismo tiempo, la escena nos sitúa en el lugar de la esperanza regia israelita: ¡ha nacido en Belén! en virtud de una especial providencia.

Es como si ellos (María y José) no lo hubieran previsto: han dejado en manos de Dios el transcurso de las cosas. Pues bien, Dios ha respondido por medio del César de Roma: su gesto de poder (imposición del censo) ha permitido que Jesús venga a surgir en la ciudad de David que se llama Belén, en contexto de vida pastoril (pesebre, campo), allí donde David tuvo su comienzo, conforme a la historia israelita que le ha recordado precisamente como pastor (cf 1 Sam 16, 1-13). En esta escena María aparece de manera receptiva.

Ella es madre y como tal protagonista de un relato que condensa el misterio y la esperanza suprema de la historia: una mujer que da a luz a su hijo primogénito (2, 7). Ese gesto la vincula a las madres de la tierra, que saben la importancia de tener un hijo:¡la virgen (mujer joven) concebirá y dará a luz...!. Así había dicho Is 7, 14, recogiendo un motivo universal de Grecia y Roma, de India y China. Nuestro texto sabe que esa profecía se ha cumplido. La expresión y mediación personal (femenina) de su esperanza es María: da a luz a su Hijo y lo reclina en un pesebre (2, 7). Pudiéramos decir de alguna forma que todo se ha cumplido. Los caminos del mundo reciben un sentido (tienden a Belén); los anhelos de la historia reciben contenido. Lo que parecía una ilusión, puro sueño, ha venido a realizarse. La esperanza no ha sido vacía; el deseo más hondo de los hombres no es mentira. María ha dado a luz a un niño que es Hijo de Dios sobre la tierra. Sólo por esta evocación, María podría presentarse como signo supremo de esperanza para el mundo. Su figura se sitúa en el trasfondo del mito universal del nacimiento del hijo divino.

  Nacido en Nazaret, oriundo de Belén[2].

El tiempo del censo Los evangelios presentan a Jesús como un judío de Galilea, nacido en los años de Augusto y de Herodes. Posiblemente, Jesús no conocía al detalle la historia de Julio Cesar, divinizado por Roma, ni los principios del “evangelio de Augusto”, a quien muchos miraban como presencia de Dios en la tierra. Pero la memoria de los césares (Augusto gobernó del 27 a C. al 14 d. C. y Tiberio del 14 al 37 d. C.) debió llenar el 3 imaginario social de su infancia, pues del César de Roma dependían los reyes que gobernaban sobre Palestina (Herodes el Grande: del 37 al 4 a. C.) o sobre Galilea (Herodes Antipas: del 4 a. C. al 39 de. C.) y los procuradores o gobernadores de Judea‒Samaría (sobre todo, Valerio Graco y Poncio Pilatos, que gobernaron del 15 al 26 y del 26 al 36 d. C.).

 Jesús fue un súbdito de Roma y, como todo judío inteligente de su tiempo, conocía bien las pretensiones políticas y religiosas del César. La tradición sabe que nació en tiempos del César Augusto, cuando reinaba en Palestina Herodes el Grande, es decir, unos años antes de lo que supone la datación oficial, calculada bastante más tarde, de un modo equivocado. Debió nacer el 6 a. C., es decir, en los últimos años de Herodes, en un tiempo que para los judíos de Galilea empezaba a estar marcado por fuertes contrastes, especialmente, por el paso de una agricultura autónoma de subsistencia a una economía comercial centralizada.

a. Probablemente nació en Nazaret. Pero, simbólicamente, es como si hubiera nacido en Belén, pues su familia parece haber sido portadora de las promesas de la dinastía de David, oriunda de Belén, ciudad del primer rey judío (como dice expresamente Mt 2, 1-8; cf. Lc 2, 4). Todo nos permite suponer que en el nacimiento de Jesús se oponían y se vinculaban, al menos implícitamente, dos visiones de la sociedad y la vida. – Jesús nació vinculado a la realeza de David, propia del orden nacional judío, que le ofreció su simbolismo y su tarea religiosa más profunda (como ha destacado Mt 2). – Jesús nació en un mundo que estaba dominado por la dinastía imperial de Augusto, que estaba realizando (o que realizaría) un “censo” universal, que debe datarse algunos años más tarde, como indicaremos (cf. Lc 2, 1-4).

Marcos supone que Jesús era natural de Nazaret de Galilea (cf. Mc 1, 9), hijo de María, y que tenía otros hermanos nazarenos (cuyos nombres cita en parte: Mc 6, 3), pero no ha sentido la necesidad de concretar mejor su origen, como harán Lucas 1-2 y Mt 1-2. De todas formas, ni Mt ni Lc han escrito una “crónica” de los hechos referentes al nacimiento de Jesús (Mesías, Hijo de Dios), sino un “evangelio”: una representación de lo que ese nacimiento significa para los creyentes.

Por eso, sus relatos han de interpretarse como “profecía historiada”: trasmiten y elaboran una tradición de fe: Jesús, hijo de María y José, está vinculado a Nazaret de Galilea, pero su figura ha de entenderse partiendo de David, que fue natural de Belén. Por eso, aceptando una tradición anterior, de tipo judeocristiano, que había puesto ya de relieve su concepción virginal, afirman que nació en Belén, por obra del Espíritu Santo, que actuó a través de María. No quieren mentir ni engañar, en el sentido moderno de la palabra, sino poner de relieve algo que para ellos resulta esencial: la continuidad entre David y Jesús, conforme a una manera de entender las Escrituras (cf. Mt 2, 1-6 y Lc 2, 4)[3].

Ni uno ni otro inventan ese “dato” (Belén, nacimiento por el Espíritu), ni lo toman uno del otro, sino que ambos lo recogen de una tradición anterior, que ha debido surgir en un ambiente judeo-cristiano, que ha querido destacar las conexiones de Jesús con la historia de las promesas judías, relacionadas con la casa de David. No es imposible que en el fondo de ese dato teológico (nació en Belén) se exprese una interpretación que fue propagada por parientes de Jesús, que se sintieron vinculados a las tradiciones de David.

Incluso se podría afirmar que los antepasados de Jesús habían emigrado de Belén a Nazaret, en el tiempo de la conquista y rejudaización de Galilea (tras el 104-103 a. C.), llevando las tradiciones del origen davídico de su familia. Pero eso es sólo una hipótesis. No parece que tengamos datos más precisos sobre el tema, aunque el hecho de que tanto Mt 1, 1- 15 como Lc 3, 24-38 hayan transmitido una genealogía davídica (¡y virginal!) de Jesús parece evocar la pretensión del origen betlemita de su familia. – Mateo afirma que “Jesús nació en Belén de Judea, en los días del rey Herodes”. Y sigue diciendo que “unos magos vinieron del oriente a Jerusalén… preguntando dónde debía nacer el rey de los judíos”.

Lógicamente, los sacerdotes de Jerusalén responden que en Belén, según la profecía de Miqueas (cf. Mt 2, 1-6). Mateo afirma así, en sentido simbólico, que Jesús nació en Belén, como rey verdadero, de la línea de David, en oposición Herodes, rey ilegítimo. Nace de la familia de David… pero superando el nivel genealógico, representado por José, el esposo de María. – Lucas afirma también que Jesús nació en Belén, pero fuera de la ciudad, pues no quisieron recibirle en ella. Nació en el tiempo de Augusto, como ciudadano de un imperio donde el César quiso contar sus habitantes: “Aconteció en aquellos días que salió un edicto de parte de César Augusto, para realizar un censo de todo el mundo habitado. Este primer censo se realizó mientras Quirino era gobernador de Siria” (Lc 2, 1).

De esa manera ha entrelazado Lucas su historia a la historia de Roma. Jesús no nace enfrentándose al anciano Herodes, ansioso de poder, desconfiado y asesino de sus opositores (como ha destacado Mateo, desde una perspectiva más judía), sino dentro de un imperio mundial, que controla a sus súbditos y “cuenta” incluso a los que nacen en Belén, ciudad de las promesas de Israel, aunque no sean recibidos en ella. Jesús nace en el campo, como descendiente de un David-Pastor, entre pastores que escuchan el mensaje de Dios, en un mundo dominado por el César.

  El enigma del censo de Quirino.

Desde este fondo, el tema de la famosa “inexactitud” del censo de Quirino que Lucas presenta como “ocasión” del nacimiento de Jesús en Belén resulta secundario. “Aconteció en aquellos días que salió un edicto de 5 Como estamos suponiendo, las “historias” del nacimiento de Jesús no son relatos de crónica neutral, sino “evangelios”: quieren expresar la providencia de Dios, que actúa y se revela a través del surgimiento mesiánico de su Hijo. Para Marcos, igual que para Pablo, el lugar y el modo externo del nacimiento de Jesús carecía de importancia. De todas formas, Pablo sabe que ha nacido de mujer (Gal 4, 4) y de la estirpe de David (Rom 1, 1-3), lo cual parece vincularle teológicamente con Belén. De todas formas, Marcos, que también vincula a Jesús con David (Mc 2, 25; 10, 47-48; 11, 10; el dato de Mc 12, 35-37 es ambiguo), sólo recoge la tradición de la “procedencia nazarena” de Jesús, pues en Nazaret se encuentran su madre y sus hermanos (relacionar Mc 6, 1-6 con 1, 24; 10, 47; 14, 67). La afirmación de que era “nazareno” (de Nazaret de Galilea) forma uno de los datos más firmes de la tradición evangélica, que las “afirmaciones más teológicas” de Mt 1-2 y Lc 1-2 no han logrado borrar. En esa línea, da la impresión que Jn 7, 42 parece ir en contra de la presunción de aquellos que afirman que Jesús es Mesías porque nació (o debió nacer) en Belén.

Conforme a la visión del evangelio Juan, lo que define a Jesús como enviado e hijo de Dios no es el nacimiento davídico, sino su relación especial con Dios. Pero con esto podemos pasar ya a los “datos” de Mateo y de Lucas, que sitúa el nacimiento de Jesúsen el momento en que de César Augusto quiso realizar un censo de todo el mundo habitado. Este primer censo se realizó mientras Quirino era gobernador de Siria. Todos iban para inscribirse en el censo, cada uno a su ciudad. Entonces José también subió desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, porque él era de la casa y de la familia de David” (Lc 2, 1-4).

A través de Flavio Josefo conocemos bien ese censo, que no pudo realizarse en el tiempo del nacimiento de Jesús (en torno al 6-4 a. C.), cuando reinaba Herodes, sino unos diez años más tarde, hacia 5-6 d. C., tras la muerte de Arquelao, cuando el gobierno de Judea pasó directamente a Roma. Según eso, el censo que cita Lucas es histórico en sentido extenso y sirve para encuadrar a Jesús dentro de la gran máquina imperial romana, pero no es del tiempo en que nació, sino un poco posterior. Para lo que quiere Lucas, da lo mismo que el censo se haya hecho en un tiempo o en otro, pues no ofrece un relato cronístico de los hechos, sino una “historia teológica” y, en ese sentido, el dato que aporta es verdadero: Jesús nació “censado” por Roma y morirá condenado por Roma.

  Revelación a los pastores: acción meditada (Lc 2,8-21).

 A Lucas no le basta esa esperanza general y quiere precisarla. La palabra clave es phatnê, pesebre, que aparecía al decir que el niño ha sido reclinado, recostado allí, porque no le dieron espacio en la posada (Lc 2, 7). En contexto de animales nace Jesús; es evidente que el pesebre evoca a los pastores. ¿Dónde estarán? Parece que han dejado los pesebres sin guarda o defensa, al aire del campo, a la luz de la luna, para que entre allí y tome resguardo el caminante (en este caso José y María, con el niño). Ellos permanecen en el campo inmenso, guardando sus rebaños en las guardias de la noche (phylakas tês nyktos: 2,8).

La noche tiempo de silencio abierto a la palabra de Dios que realiza su más hondo misterio sobre el mundo, como sabe Ex 11, 1-10; 14, 19-25) y los textos judíos que evocan el éxodo nuevo, en esperanza salvadora y justiciera. De la noche del principio (Gén 1, 1-2) pasamos a la noche de la creación escatológica: Un silencio sereno lo envolvía todo y al mediar la noche su carrera, tu Palabra todopoderosa se abalanzó, como paladín inexorable desde el trono real de los cielos al país condenado; llevaba la espada afilada de tu orden terminante; se detuvo y lo llenó todo de muerte (Sab 18,14-16).

Esa es la Palabra que esperaba el judaísmo amenazado, recreando el nacimiento antiguo del éxodo en medio de la noche justiciera (Dios mata a los primogénitos de Egipto y salva a los hebreos del gran mar de destrucciones)

Los pastores de Belén y Jesús[4].

Pues bien, ahora, en esta noche nueva del nacimiento mesiánico la Palabra de Dios nace en forma de Niño y quiere revelarse sobre el campo a los sencillos vigilantes, pastores de la tierra que observan las vigilias o guardias protectoras de la noche sobre el ganado amenazado por fieras o ladrones. Pero esta vez descubren algo superior. Han dejado abandonados los pesebres y alguien ha venido a utilizarlos en nombre de Dios. Pues bien, el Dios que se desvela ahora no quiere utilizar las cosas por la fuerza, no se apropia como fiera o ladrón de los 6 9 pequeños bienes de los pobres; le han prestado los pastores su pesebre; él quiere revelarles su secreto. Por eso habla su ángel, en medio de la noche: No temáis, pues yo os evangelizo un gozo grande para todo el pueblo:

Hoy os ha nacido en la Ciudad de David un Salvador que es el Cristo Señor. Y esta será para vosotros la señal: Encontrareis un niño envuelto en pañales y recostado en el pesebre (2, 12). El signo distintivo sigue siendo el pesebre (phatnê) donde la madre ha puesto al niño (2,7) y donde luego han de hallarle estos pastores (2,16)

 Ellos, guardianes de ganados sobre el campo, vigilando en la noche sus rebaños en guardia defensiva (no guerrera), serán privilegiados de la gran esperanza de Dios. Ellos son los herederos de las promesas de David. La ciudad del rey (Belén) está cerrada, no ha querido recibir a su Mesías. Pero hay otra ciudad regia y misteriosa, el verdadero Belén de David y del Mesías, en los campos del entorno, en el pesebre abierto en los rediles, en las guardias de la noche, mientras velan los pastores.

Ellos, los pastores de la vida libre y trabajosa, israelitas impuros (no pueden cumplir los reglamentos de la ley), despreciados por los fieles rabinos de la tierra, son portadores de la gran esperanza. Cuando llega el momento del rey mesiánico no llegan a la escena los reyes del mundo (César Augusto), ni los grandes maestros de Israel con sus sacerdotes (ni siquiera Zacarías,) sino sólo unos pastores:

– Los pastores expresan la esperanza israelita, reflejada en el título de Cristo que el ángel ofrece al nacido; es también signo de esperanza la alusión a la ciudad de David, con las promesas del reinado mesiánico.

– También expresan la esperanza universal, pues los otros títulos que el ángel evoca para el niño (Sôter o Salvador y Kyrios o Gran Rey) pertenecen al deseo de salvación de la humanidad. Pueden entenderse en plano israelita, pero en sí mismos desbordan ese espacio y pueden (deben) proyectarse sobre un fondo universal[5].

Sólo los pastores comprenden el sentido del pesebre: en el lugar de los animales ha nacido y recibe poder sumo el Salvador y Cristo. Lógicamente se les abre el cielo y escuchan la voz del canto angélico: ¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de la buena voluntad! (= a los que Dios ama) (2,14). La misma gloria de Dios (doxa) se expresa en el mundo como paz humana (eirênê). Este es el contenido superior y radical (final) de la esperanza.         

Los pastores corren a Belén y encuentran a María y a José y al Niño recostado en el pesebre. Es claro que se admiran: ¡reconocen la verdad de la palabra, el cumplimiento de la espera de los siglos, creen y veneran! Sobre la cuna de Jesús se ha iniciado el camino de la nueva fe. Los primeros creyentes mesiánicos, los más hondos discípulos del Cristo son estos pastores. No saben cómo acabará la historia, no conocen todavía el recorrido y fin del Cristo, pero el signo del pesebre en una noche de guardia sobre el campo, les ha ofrecido una señal que vale para siempre:¡pueden alabar a Dios, ofreciéndole su canto de gloria sobre el mundo, manteniendo su oficio de pastores mesiánicos en el entorno de Belén! (2, 17-20).

  La madre de Jesús conservaba estas cosas en su corazón

Estos pastores del campo, que vuelven de noche a sus rebaños, glorificando a Dios y cantando sus himnos (doxadsontes kai ainountes ton Theon: 2,20) aparecen así como expresión humana de los ángeles que cantan sobre el cielo (2,13-14); son la iglesia celebrante, los nuevos sacerdotes de la historia que culmina. Pero ellos no bastan. Para que se expanda y se acepte el evangelio (cf. euangelidsomai de 2, 10) es necesaria la actitud y gesto de esperanza de la madre: María, por su parte, guardaba todas estas cosas ( rêmata= palabras), meditándolas (symballousa = comparándolas) en su corazón (2, 19).

Ciertamente, María es quien más sabe, pues ha escuchado la Palabra de Dios y la ha acogido en su propio corazón, dándole forma humana con su fiat (como vimos en 1,26- 38). Pero el despliegue de esa Palabra le desborda. Por eso sigue a la escucha en gesto de esperanza razonada: guardaba (synetêrei) estas cosas. Guardar significa en este caso acoger y conservar, dejando así que aquello que hemos recibido produzca su fruto, conforme a lo que luego expondrá el mismo Jesucristo (¡Salió el Sembrador... La Semilla es la palabra!: cf 8, 5.11).

En el sentido más profundo del término, María es la primera oyente de la palabra plena de Dios, encarnada como fuente de esperanza activa en el nacimiento de su mismo hijo (Hijo de Dios).

‒ 1. Esta esperanza se cumple en diálogo con Dios. Ciertamente, ella aguardaba como israelita, pero sólo al escuchar a Dios y responderle empieza a esperar en forma mesiánica cristiana, descubriendo el misterio de Dios en los signos de un nacimiento acaecido en pleno campo. Los habitantes de Belén empiezan rechazando al Salvador. Por eso, la esperanza de la redención de Dios, formulada por María en el Magnificat (1, 46-55), ha de traducirse en gesto (acción) ocultamiento y entrega más profunda.

2. Es esperanza corporalizada, que se integra en el proceso de su vida, en gesto de maternidad que implica un fuerte compromiso y una intensa ruptura. María espera desde su propia totalidad de mujer, como signo de la humanidad que aguarda a Dios. Por eso, su esperanza implica una ruptura: sólo los últimos del mundo (los pastores) saben acoger el mensaje salvador de Dios, mientras los grandes de su propia ciudad le han rechazado.

3. Es esperanza dialogada. Está a su lado José, silencioso, como varón que sabe aprender, recibiendo un misterio que le desborda; y están a su lado los pastores que son, como hemos dicho, los primeros creyentes mesiánicos. En torno a la madre de Jesús se va formando, según eso, una comunidad de esperanza abierta al misterio total del evangelio.

4. Es esperanza meditativa. María quiere razonar y razona a partir de aquello que ha escuchado y vivido. La esperanza en ella no es ella una virtud pasiva; no es quedar sin pensamiento, ciega, en manos de un Dios imprevisible. Ella medita, compara, discierne y de esa forma traduce en forma de acción mesiánica aquello que ha escuchado[6].

Estrictamente hablando, ella es la iglesia entera que expresa el misterio de Dios a modo de palabra y compromiso interno de transformación esperanzada. Antes esperaba y expresaba su esperanza con palabras tomadas de la historia israelita por medio del Magnificat: llevaba en el seno a su hijo; anunciaba la más honda experiencia de su maternidad mesiánica, diciéndola en palabras de transformación externa de la historia (1, 46-55). Ahora (2, 19) ya no dice nada, pero en el silencio contempla las palabra de Dios y la recrea en su corazaón.

Dentro de la Biblia, conservar la palabra (el recuerdo) es la más alta forma de teología. Frente al pensamiento masculino, abierto hacia la acción externa, emerge aquí el hondo pensamiento femenino de la mujer y madre que empieza acogiendo y admirando, para recrear lo acogido en su experiencia. Ella realiza de esa forma lo más grande: escucha, medita, asiente, se deja transformar y piensa, descubriendo de esa forma el nuevo contenido de la esperanza de Dios. Ella es el principio de toda la acción de la iglesia: es imagen y compendio de una comunidad cristiana que, retornando a la noche de guardia y misterio de la navidad, vuelve a comenzar su camino de redención sobre la tierra.

[1] Además de comentarios a Lc, cf. M. Dibelius, Jungfrauensohn und Krippenkind, en Gesammelte Aufsätze I, Tübingen 1953, 1-78; R. Laurentin, Les Evangiles de l'Enfance du Christ, Desclée, Paris 1982. 5

[2]Presentación general y amplia bibliografía en S. Muñoz Iglesias, Los evangelios de la infancia III, BAC, Madrid 1987, 33-103. Cf. también A. Vögtle, Offene Fragen zur lukanischen Geburts- und Kindheitsgeschichte, BiLe 11 (1970) 51-67; Ch. Perrot, Jesús y la historia, Cristiandad, Madrid 1982, 686-73; R. E. Brown, El nacimiento del Mesías, Cristiandad, Madrid 1982, 411-438. 6

[3]Un monje escita, de comienzos del siglo VI d. C., calculó que Jesús había nacido el año 753 de la Fundación de Roma y esa fecha se ha impuesto, hasta el día de hoy, como año cero de la era común. Pero los cálculos históricos modernos indican que se equivocó, de manera que Jesús unos 6 ó 4 años antes. La fecha de la media noche del 25 de diciembre es simbólica y está vinculada con el culto al Sol, que celebraba su fiesta ese día. Como Sol Naciente Jesús debió venir al mundo en ese día. 7 b. Visiones convergentes. Mateo y Lucas.

[4]Cf. R. le Deaut, La Nuit Pascal, AnBib 22, Roma 1980; A. Stiglmair, Layla, TWAT IV, 551-562.

[5]7 Cf. M.-J. Lagrange, Luc, EB, Paris 1927, 74-75; J. A. Fitzmyer, Lucas II, Cristiandad, Madrid 1987, 200-204; H. Schürmann, Luca I, Paideia, Brescia 1983, 224-235; C. F. Evans, Luke, ETC, SCM, London 1990, 203-206; F. Bovon, Lucas I, Sígueme, Salamanca 1995,164-194. Sobre la noche en la tradición bíblica cf: A. Stiglmair y H. B. Fabry, Layil/layla, TDOT VII, 533-543; Delling, Nyx, TWNT IV, 117- 12

[6]Lo más importante sobre el texto lo ha dicho con sorprendente erudición A. Serra, Sapienza e contemplazione di Maria secondo Luca 2, 19.51b, SPFThM 36, Marianum, Roma 1982. 9 O. c. 40-138.

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23 dic 2025

Anti.navidad, matricidio simbólico y real

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         El mito del matricidio como anti-navidad constituye un eslabón muy importante en la historia de la Biblia. No ha sido incluido en canon, como el relato del diluvio (Gen 6-8) y de la torre de Babel (Gen 11), pero es en el fondo más significativo.

Para hacerse dueño del mundo por la guerra, para imponer sobre la tierra su ley de violencia, el Hijo (Marduk) tiene que matar a su misma madre, que es signo de la naturaleza. Pues bien, en contra de eso, el relato bíblico cristiana tiene que apelar a  María, Madre de Jesús, afirmando que entre ellos (Jesús y María, hijo y madre) ha podido darse y se ha dado una relación que tiene elementos conflictivos, pero que es básicamente positiva, pues Jesús, el hijo de la gran madre cósmica (representada por María) ha aceptado la ensezanz/camino de su madre y, por otra parte, María ha aceptado y ratificado la obra salvadora de Jesús, que no tiene rasgos militares como los de Marduk, sino rasgos de humanización pacífica del mundo, en lucha con Satán/Belzebú, que no es un diablo militar, sino económico (Mamón) y de destrucción personal (enloquecedor, de posesión destructora de la mente.

Se ha dicho que la madre es el signo primero de Dios, como aparece en Gen 2-3. Ella ofrece no sólo su cuerpo, sino su vida entera a los hijos, muriendo de algún modo por ellos, dándoles su carne y sangre, a fin de que tengan carne y sangre, de manera que ella podría decirles, lo mismo que Jesús dirá Jesús a sus discípulos: «¡Tomad y comed (=vivid), eso es mi cuerpo que entrego por vosotros!» (Mc 14, 22 y paralelos).

Este símbolo materno es básicamente pacífico y gozoso, expresión de un amor que se entrega sin violencia y se recibe sin envidia, signo de ternura creadora, fuente de paz, el primer rostro humano de Dios. Hay, sin embargo, varios mitos que suponen que los hijos tienen que «matar» a su madre para así crecer y volverse independientes.

No parece que se dieran al principio de occidente sacrificios rituales sangrientos (físicos) de madres. Pero existió y se ha trasmitido el mito de unos hijos que quitaron la vida a la madre (la destronaron), para vivir y reinar de esa manera ellos, como ha evocado el canto mesopotamio de la creación, titulado Enuma Elish: “cuando en lo alto...”. ´´Este es un mito religioso, que evoca una violencia fundante, más allá de la historia; pero, en su origen, la religión lo engloba todo (familia y sociedad, política y guerra); por eso, ese mito del asesinato de la madre tiene un carácter total, pues recoge y formula el principio de violencia de todo surgimiento humano[1].

Hubo un tiempo en que los hombres parecían dependientes de la madre engendradora: de ella nacían, en ella se encontraban sustentados. Pues bien, algunos pensaron que esa madre Tiamat les había engendrado para tenerles sometidos, como esclavos, menores, en su seno, impidiendo así que ellos llegaran a ser independientes. Les habría suscitado para mantenerles sometidos, reinando sobre ellos. De manera consecuente, para alcanzar la madurez y realizarse con autonomía, los hijos tuvieron que matar a la madre, coronando como rey a Marduk, el matricida[2].

El mito empieza suponiendo que la madre empezó siendo paciente, soportando el alboroto de los hijos aún menores y poco poderosos en su vientre. Pero en un momento dado ella no pudo sufrir ya la violencia de esos hijos cada vez más fuertes que luchaban, rebelándose en su vientre (cf. Enuma Elish I, 100-119), buscando su propia autonomía, hecha de victoria conquistadora, no de engendramiento. Como representante de esos nuevos hijos rebeldes se alzará Marduk, el más fuerte, capaz de vencer a su madre, saliendo totalmente de su seno, para así ponerla a su servicio. De esa forma se enfrentaron el poder generador de la madre y el poder guerrero del hijo y sólo por la lucha se vio cuál de los dos era más fuerte. El mito sigue presentando a Tiamat como madre que ha engendrado a los hijos, pero quiere mantenerlos sometidos, sin dejarles vivir y triunfar con autonomía.

1. Es poderosa como madre. Ha creado (engendrado, formado) el conjunto de las cosas (II, 10-19; III, 15-24.70-85) y así aparece como cuerpo-vientre, pero sin la inteligencia práctica que distingue ya a sus hijos. Es la vida inconsciente y por eso los dioses del imperio militar han de vencerla, iniciando la primera forma de racionalidad sobre la tierra.

 2. Es represora, pues impide que sus hijos se vuelvan independientes, añadiendo que ella odia a los mismos seres que ha engendrado (II, 2.11). Así piensan, los rebeldes, que quieren imponer su nueva ley de violencia guerrera, sobre la vida originaria de la madre.

3. Es madre arpía y representa los aspectos maléficos del cosmos: suscita un ejército de terrores naturales, diversos tipos de dragones, hydras, leviatanes (monstruos acuáticos), híbridos feroces (hombres-peces, hombres-escorpiones), evocando el miedo de la naturaleza, condensada en las doce constelaciones de monstruos dirigidos por un Titán o engendro maléfico, Kingu, a quien confía el mando, como a príncipe consorte (II-40; cf. III, 15-50).

Es como si los hijos despertaran del sueño de inconciencia en que vivían, integrados en la madre, para ser independientes y sintieran miedo de ella. Así la descubren como figura perversa[3] contra la que deben luchar para alcanzar su identidad, convirtiéndose en autónomos. El mito añade que quisieron vencerla por dos veces, pero sin lograrlo. (1) Primero se elevó en contra de esa madre/mujer dominadora  Ea-Enki, Dios de la tierra y el agua,pero que retroceder no pudiendo mantenerse firma  (II, 50-85). (2) Luego quiere alzarse Anu, Dios del inframundo, pero también sale vencido, pues Tiamat era señora/diosa de los poderes del sub-mundo (II, 86-105). (3) Sólo quedó Marduk para luchar contra su madre,para así devolver a los hombres el poder que la madre Tiamat les había usurpado Marduk aparece así como Dios Hijo, portador de unade una violencia nueva y más alta, vinculada con el sol y, rey de los cielos, y sn las armas poderosas de la cultura guerrera de Mesopotamia.

De esa forma pudo iniciarse, y se inicia la más sura de todas las guerras, la “madre de todas las guerra”, por medio de la cual nuevos hombre guerreros (de la estirpe de Marduk) pudieron luchar contra la madre castradrora opresora (esclavizadora). Según eso, la primera de todas las guerras del mundo no ha sido la de los hijos contra el padre opresor (confore al mito de Edipo, el hijo oprimido, violento, que tiene que matar a su padre Layo, para vivir en libertad.

Conforme a este mito griego más moderno, Edipo tuvo que matar a su padre para así reinar, marcando así hasta hoy en día la conciencia (violencia) de occidente, conforme a la interpretación de S. Freud. Pero más antiguo, profundo y verdadero que el mito de Edipo ha sido para occidente el mito de Marduk, que tuvo que matar a su madre para tomar su poder sobre la tierra.

 Según eso, la lucha más honda y fatídica de la historia del mundo (en perspectiva occidental) no ha sido la lucha contra el padre, sino contra la madre,  esto es, contra la naturaleza. Tan profunda ha sido esa lucha, tan honda y total la guerra contra la mujer/madre (contra el matriarcado), que casi no nos hemos dado cuenta de ella, de manera que veneramos a la madre…pero de alguna manera la estamos matando. La racionalidad materna, centrada en el útero que engendra, en la verdad del cuerpo fecundo; y la racionalidad guerrera, reflejada por Marduk, cultura de violencia a quien reconocen los restantes dioses[4].

 Sin duda, Marduk es también signo de fuerzas cósmicas: tiene dominio sobre el viento y el rayo, con las tempestades. Pero más que Dios de la naturaleza, es Señor de la nueva racionalidad militar de Mesopotamia y se identifica con la cultura de la guerra: lleva en su mano el arco y flecha, la red que cautiva al adversario, la maza que rompe su cráneo[5]. Desde aquí se entiende la más honda diferencia: Tiamat crea y combate con su cuerpo, es decir, con sus fuerzas naturales; Marduk, en cambio, ha suscitado, en torno a su cuerpo natural, una corporalidad o razón objetivada de violencia, representada por las armas. El mito actual presenta a Tiamat como expresión monstruosa de la naturaleza (con un tipo de cuerpo que debe ser vencida) y canta la gloria y victoria guerrera de Marduk con su cuerpo vestido de violencia (de armas)[6]. De esa forma supone que el hombre guerrero tiene que "matar" o dominar a la madre para desarrollar su verdadera Vida, para convertirse de esa forma en creador de cultura:

Se lanzaron al combate y se enzarzaron en un cuerpo a cuerpo (Tiamat, la madre, y Marduk, el hijo…; la naturaleza que es la vida, y el hijo que es la guerra) Pero el Señor (Marduk), desplegando su red, envolvió con  ella a Tiamat) , luego soltó contra ella el viento malo, que le seguía detrás. Y cuando Tiamat abrió su boca para engullirlo, él hizo penetrar en (en la boca de Tiamat) el Viento malo para impedirle cerrar sus labios... Él disparó su flecha y le atravesó el vientre; cortó su cuerpo por la mitad y le abrió el vientre. Así triunfó de ella, acabando con su vida (IV, 94-103)... El Señor puso sus pies sobre la parte inferior de Tiamat y con su despiadada maza aplastó su cráneo... Dividió luego la carne monstruosa de Tiamat para fabricar maravillas, y la partió en dos, como si fuera un molusco (un pescado para el secadero) dispuso de una mitad que la abovedó a manera de cielo (IV, 129-138).

Sobre el cadáver de la madre ha creado Marduk el nuevo orden social. Ha dividido en dos su vientre (=matriz), poniendo una parte como techo (el cielo) y disponiendo la otra como suelo. En el hueco de esa madre asesinada hemos nacido, de su carne procedemos y en ella existimos («vivimos, nos movemos y somos»: cf. Hech 17, 28). En el principio de nuestra cultura está el cadáver de la mujer/madre vencida por la técnica violenta (racional) de los guerreros varones de Marduk. Para que el hombre pueda construir esa cultura y construirse tiene que domar-dominar a la mujer (a su misma madre), hasta que el fin ella se vuelva inofensiva y útil, descanso y servidora del guerrero.

Esta es la primera empresa o trabajo del varón, que tiene que matar o domar a su madre para alcanzar autonomía. Antes que matar al padre (tema freudiano), al hermano (tema bíblico de Caín y Abel, Gen 4) o a un posible dragón o fiera perversa (tema de otros mitos), el hombre tiene que matar a su propia madre. Es difícil encontrar una violencia más honda y persistente que ésta, un mito más verdadero, oculto tras las fiestas más venerables de la cultura occidental, fiestas de la madre buena que engendra y da a luz a Jesús, el hijo bueno…

Celebramos en navidad la fiesta de la madre buena, olvidando a veces que en el fondo de María, madre buena, está quizá Eva (madre ambigua)…, y queque quizá la mayor hazaña de la gran cultura de occidente ha consistido en matar/domar/domesticar a la madre. En contra de este símbolo hermoso de la Navidad, se camufla el mito de Maduk y Tiamat, que concibe el universo como madre dominada, conforme ha destacado de forma estremecedora el mito de Maarduk y Tiamat.

1. En la parte superior del gran horno del cuerpo de Tiamat, dividido en dos, como las valvas de un molusco, ha colocado Marduk los grandes astros (V,1-47).  Con la saliva y aliento de Tiamat hizo Marduk las nieblas, las nubes y los vientos, pues respiramos del hálito vital de la madre muerta (V, 47-53).

2. Sobre la parte inferior del cuerpo de Tiamat, que es la costra y superficie de la tierra, vivimos y nos movemos nosotros. Cabeza y pechos de la madre son las inmensas montañas y sus ojos son los manantiales de los grandes ríos (Eúfrates y Tigris) que fecundan la tierra cultivada del entorno de Mesopotamia... (V, 53-68). De esa forma justifica el mito la violencia ecológica contra la madre naturaleza de la que hemos nacido y sobre la que vivimos[7].

Los portadores de la cultura occidental, herederos de este mito mesopotamio, hemos empezado a ser lo que somos al independizarnos de la madre y dominarla. Sólo quien la "mata" (quien reprime lo materno) puede convertirse en rey, como Maarduk, que no es rey obedeciendo a su madre, sino matándola (V, 109).

Todos dependemos de ese matricidio. Brotamos de la carne y sangre de Tiamat (y/o de Kingu, su consorte), pero nacemos por obra de Marduk, como beneficiarios y representantes de su matricidio. Lo que él hizo tenemos que seguir haciéndolo, para ratificar su gesto en una fuerte cultura de violencia. Sobre esa "hazaña" de Marduk se edifica la ciudad (Babel) y se instaura la religión (el culto de los dioses), en claves de violencia. De esa forma, llegando a su final, el mito resulta transparente. Antes parecía dominante el miedo a la madre, el fantasma de una naturaleza opresora. Ahora, los dioses (y los hombres) deben inclinarse ante los signos del poder violento: «El Señor (Marduk) presentó su Arco, puso esta arma delante de ellos; los dioses, sus padres, contemplaron la Red que había hecho; y admiraron la maravillosa factura del Arco... (Y Anu) tras besar el Arco dijo:¡Sí! ¡Este es mi Hijo!» (VI, 83-98).

Donde reinaba el útero materno reinan y se vuelven adorables las armas que han matado a la madre. El Arco y la Red constituyen el nuevo cuerpo de violencia del varón que se impone sobre el mundo. Ha terminado la "protohistoria" (tiempo del cuerpo materno); sobre el cadáver de la madre, con el Arco y la Red como dioses, han comenzado su historia los "grandes creadores" de violencia que han sido y son los babilonios (y los occidentales modernos).

Todos seguimos estando apoyados en el asesinato mítico, es decir, real pero no histórico, de la madre, que puede interpretarse como pecado original de occidente. Este mito expresa el ideal de una sociedad que se funda en la violencia del varón conquistador (guerrero) y ratifica el sometimiento del principio femenino. Es posible que no conserve el recuerdo de ningún hecho histórico, ni refleje ningún rito de sacrificio físico, pero ha tenido y sigue teniendo una gran importancia en la cultura de occidente.  

 Sobre a la presunta violencia natural (irracional) de la madre, se ha impuesto y triunfado la violencia militar de Marduk, guerrero poderoso, que impone su orden por la fuerza y de esa forma mantiene el caos sometido. Los habitantes del imperio (de Babel) le deben la forma de vida que disfrutan y por eso le sirven y le ofrecen sacrificios, cuidando de su templo.

Religión y culto aparecen así como reflejo y expansión de la violencia militar de aquellos que dicen habernos liberado del caos materno. Evidentemente, la cultura y religión que se establece sobre ese fundamento (muerte de la madre) tiene un sentido militar: se ha desligado de la naturaleza, se ha puesto al servicio del orden de Babel y es propio de fuertes guerreros. Esta religión sirve para sancionar el orden social: los humanos brotan de la sangre mala de la diosa derrotada (Tiamat o Kingu, su malvado consejero); por eso tienen sangre perversa y hay que mantenerlos sometidos. Han nacido para obedecer y servir al Dios del poder de Babilonia y de su imperio. Por su mismo nacimiento son esclavos de una autoridad sacral, simbolizada por Babel, con su templo y su imperio gigantesco. Pues bien, esta cultura de Marduk-Babel ha definido toda la historia posterior de occidente, como ha señalado de forma ejemplo el Apocalipsis.       

 La Biblia en su conjunto, desde Gen 11, 1-9 (Torre de Babel, templo de Marduk) hasta Ap 17-19 (caída de Babel, la prostituta), ha interpretado este mito de forma negativa, como expresión de la soberbia de los hombres que se alzan contra su Madre sagrada (contra el mismo Dios excelso) y así caen en manos de propia confusión, vinculada a la mujer-prostituta que maneja y destruye a sus devotos.

                   No sabemos si ha existido en el principio de las grandes culturas un asesinato histórico de la madre (paralelo al asesinato del padre que muchos postulan, conforme al mito de Edipo); lo que sí ha existido es la represión violenta del aspecto materno de la vida, con la sumisión de las mujeres/madres y hermanas (esposas) bajo los guerreros. Al menos en sentido simbólico podemos decir que somos hijos de un asesinato, del primer matricidio, (deicidio): hemos matado a nuestra madre, convirtiéndonos en seres violentos y errantes sobre el mundo.

Entendido así, el "pecado original" consiste en el rechazo del origen. Llevamos la marca de un Caín-Marduk que no ha empezado asesinando a su hermano/compañero (Abel) sino a su madre, fundando así la tragedia que está en la base nuestra vida humana: para ser lo que somos debemos salir de la naturaleza y reprimirla de algún modo, con violencia. Sobre el influjo del signo de Babel en la historia de occidente, a través del Apocalipsis,  

[1] Frente al mito de Edipo (asesinatodel padre), hallamos aquí un mito más antiguo: para ser lo que son, violentos luchadores, los hombres han tenido que "matar a la madre". De esa forma, en el lugar donde se hallaba antes ella, han colocado la guerra como principio o "padre" de todo lo que existe (Heráclito). Texto del mito de Marduk en F. Lara, Enuma Elish, Trotta, Madrid 1994; edición parcial en J. B. Pritchard (ed.), La sabiduría del Antiguo Oriente, Garriga, Barcelona 1966,35-45. Bibliografía básica: H. Frankfort, Reyes y Dioses (en Egipto y Mesopotamia), Rev. de Occidente, Madrid 1976;   W. H. Ph. Romer, «La religión en la antigua Mesopotamia», en C. J. Bleeker y G. Widengren, Historia religionum, Cristiandad, Madrid 1973, I,121-196

[2] Podríamos suponer que la madre buena ha ofrecido cuerpo y vida (sangre, leche) a los hijos e hijas, de un modo gratuito, para que estos puedan luego vivir por sí mismos. Pero muchos la han tomado como mala (opresora), pensando que sólo podrán hacerse «hombres» si se desligan de ella, si la matan, como hicieron Marduk y otros dioses al origen de los tiempos. Comer la carne y beber la sangre de la madre: éste sería el primero de los sacrificios que los conquistadores, expertos en la guerra, han sustituido después por el orden que se logra con violencia.

[3] E. Neumann, La Grande Madre, Astrolabio, Roma 1981, 151-180, ha estudiado los diversos tipos de "demonización" de la figura divina femenina. Sobre el surgimiento y sentido de las divinidades "superiores" masculinas, cf. L. Cencillo, Mito. Semántica y Realidad, BAC, Madrid 1970, 154-166.

[4] A. M. Fernández, La mujer de la ilusión, Paidós, Buenos Aires 1993 ha puesto de relieve el carácter parcial (dominador) de una racionalidad masculina vinculada a la violencia.

[5] R. Girard, La violencia y lo sagrado, Anagrama, Barcelona 1983 ha estudiado con gran erudición y fuerza persuasiva el origen violento de la racionalidad occidental (que nosotros llamaríamos "masculina"). En esa línea de violencia sacrificial, que necesita siempre víctimas, se mueve a su juicio la filosofía europea, desde Heráclito hasta Heidegger, a diferencia de la revelación bíblica que tiene un carácter no-violento (no-sacrificial) y que culmina en Cristo: cf. R. Girard, El misterio de nuestro mundo, Sígueme, Salamanca 1982, 299-318.

[6] Presentación y juicio general en C. Acevedo, Mito y conocimiento, Univ. Iberoamericana, México 1993 con amplia bibliografía. Cf. también G. Gusdorf, Mito y metafísica, Nova, Buenos Aires 1960.

[7] U. Bianchi, Teogonie e cosmogonie, Studium, Roma 1960, 96-110 ha situado el tema en el trasfondo de las diversas cosmogonías de los pueblos antiguos. V. Hernández, La expresión de lo divino en las religiones no cristianas, BAC, Madrid 1972, 155-182 destaca el trasfondo materno y dual de las cosmogonías.

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19 dic 2025

Pregón 2. Envió Dios a su hijo inter urina et faeces. Dios en la carne-carne de la historia. La Virgen María

Curso impartido por PIkaza en UNMINUTO

Este es el pregón central de Navidad, tomado del Credo y del Evangelio (Jn 1, 12-14) Dejo parte del título dejo en latín, por si alguien lo toma a mal. Esa frase suele atribuirse a San Agustín (354-430), aunque parece que es de San Bernardo (1090-1153). Yo mismo la oí de niño, con morbo contenido, no sé si mío o de dos señoras que comentaban el sermón del cura: Di e que venimos de un sitio que está entre la orina y las heces.

         Después, por mis pecados de teólogo, tras publicar y ser sancionado por un libro inocente titulado Los orígenes de Jesús (1976), queriendo defenderme, tuve que leer casi todo lo que había escrito en teología sobre el tema, fijándome de un modo especial en Jn 1, 12-13: Los hombres no nacen de las sangres, ni de la voluntad de la carne, ni del deseo de varón sino de Dios.

         Parece un tema “escatológico”, pero es el centro de la fe cristiana, y aí lo proclama el evangelio de la misa mayor de Navidad (25.12.26; Jn 1, 1-18).  Más que eso no se puede decir, ni menos tampoco si queremos ser cristianos,  con la fe del concilio de Nicea (325 d.C) del que hemos celebrado los 1700 años. Siga leyendo quien entrar en temas vitales, aunque puedan producir cierto escándalo. Para otros será suficiente leer con atención Jn 1, 1-18. Para todos, buenas vísperas de Navidad.

Principio. El evangelio de Navidad

 [Dios es Palabra] En el principio era la Palabra y la Palabra era junto a Dios, y la Palabra era Dios. Esta era en principio junto (hacia) Dios.

[Palabra Creadora] Todas las cosas fueron hechas por ella, y sin ella no se ha hecho ninguna. Lo que fue hecho era (tenía) vida en ella la Palabra y la vida de la Palabra era la luz de los hombres (Jn 1,1-4).

 [Nosotros nacemos de Dios] La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre… Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Estos no nacen de las sangres, ni de la voluntad de la carne, ni del deseo de varones, sino de Dios.

[Dios nace en-de nosotros] Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros y hemos visto su gloria, gloria de Unigénito del Padre, lleno de gracia y verdad (1, 14).

[Revelación] A Dios nadie le ha visto jamás; el Dios unigénito, que estaba en el seno del Padre, ese nos lo ha revelado (1, 18)

 Desarrollo

(a) El mismo Jesús histórico, nacido, muerto y resucitado es la Carne de Dios. Por eso, los cristianos buscamos y vemos a Dios en la "carne", es decir, en la historia (el mensaje, el amor, el camino) de Jesús, a quien llamamos Hijo de Dios.

(b) Si Jesús es "carne" de Dios, en él y con él son carne de Dios todos sus "hermanos" y de un modo especial los pobres (como sabe y dice Mr 25, 31-46)... En esa línea, conforme al lenguaje más filosófico de los Concilios (Nicea y Calcedonia) hay que decir que toda la "naturaleza" humana es carne de Dios (revelación de su Ser).

(c) Celebrar la encarnación de Dios en Jesús significa celebrar el valor divino de la vida humana y el valor humano de la vida divinay comprometerse al servicio del hombre, de todos los hombres, y en especial de los excluidos de esta sociedad imperial de consumo, que son hermanos de Jesús, carne de su carne, sangre de su sangre, para emplear un lenguaje bíblico y eucarístico.

Comentario, empezando desde el final

– A Dios nadie la ha visto jamás. Esta frase puede interpretarse en sentido israelita; han sido precisamente ellos, los judíos, los que han afirmado que nadie puede ver a Dios sin morir; ellos son los que después han añadido que el nombre de Yahvé es silencio, que no puede ni decirse; ellos son los que, conforme a 2 Cor 3-4, han querido poner un velo sobre los ojos para no profanar el misterio de Dios.

A Dios nadie le ha visto: su misterio sigue siendo inaccesible. Esta es la verdad final del más hondo judaísmo que, sin embargo, de forma admirable, siglo tras siglo, ha sabido sacar fuerzas de esa trascendencia divina, para confesar a Dios, a través de su fidelidad a la Ley y tradiciones. No creen los judíos rabínicos en el Hijo de Dios que es Jesús, pero la confesión del misterio divino les ha hecho vivir en actitud de confesión intensa.

– El Dios Unigénito que estaba en el seno del Padre...Algunos manuscritos dicen “el Hijo Unigénito”, pero los más significativos mantienen esta lectura más difícil, llamando a Jesús Dios Unigénito (monogenes theou, que habita en el seno del Padre, como Luz y Palabra.

Estrictamente hablando, la palabra que traducimos como seno del Padre (kolpon tou patrsu) significa pecho y, en algún sentido, corazón. Es como si el Hijo existiera reclinado en el pecho del Padre, como el Discípulo Amado lo estuvo en el de Jesús (Jn 12, 23).

Esa imagen nos lleva  a tomar a Dios como “seno de madre” donde habita y crece el Hijo/Dios unigénito. Esta imagen paradójica presenta a Dios como seno materno de Padre (como horno de luz-fuego-palaba) en cuyo seno (materno) ha surgido y se mantiene el Hijo, es decir, la realidad del mundo, tal como culmina en Cristo, hijo de Dios (como he puesto muy de relieve en Lectura cristana de los salmos (VD, Estella 2023); este es el mensaje del último canto/libro de Juan de la Cruz, Llama de amor viva.

– Ése (Jesús Hijo, en el seno/horno del Padre) nos lo ha revelado.   Jesús vive (ha vivido) al mismo tiempo entre los humanos, en una historia bien concreta de amor y comunión ellos, y en los pechos (seno) de Dios, revelando así el amor del  Padre, como hijo, como niño, como mayor, como amado de hombres y mujeres. Este es el secreto, este el misterio radical del evangelio, que todo el resto del libro de Juan ha querido describir.

 En principio, el cristianismo ha formulado la experiencia cristiana desde una perspectiva pascual, partiendo del Cristo crucificado y resucitado, como lo han empezado proclamando las mujeres de pascua (Mc 16, 1-8) y tras ellas de un modo más teológico San Pablo (Gal 2-3) . Pero, una vez que los cristianos interpretan a Jesús como el Hijo de Dios enviado por el Padre, están teniendo que hablar y están hablando de su Navidad (nacimiento) en la historia de los hombres.

Significativamente, los evangelios sinópticos, a partir de Marcos, han contado la historia del Jesús Mesías, pero no como encarnación de Dios, pero insistiendo más en su muerte y resurrección que en su nacimiento (como los cristianos celebramos en las fiestas de Pascua).Pero, al mismo tiempo, ellos (empezando por Mt 1-2; Lc 1-2) han proclamado el sentido divino del origen de Jesús (brota del amor del Padre, por el Espíritu, a través de María Virgen, en una familia judía de Nazaret, dirigida en un sentido “oficial” por José, de la familia mesiánica de David.

 Partiendo del mensaje de los sinópticos, el  evangelio de Juan ha desarrollado la historia biográfica de Dios, desde su encarnación, desde la encarnación de Dios, que es Navidad. Éste es su mensaje: Jesús es la carne de Dios, la tierra/vida de Dios Eso significa que, naciendo de Dios (siendo Dios de Dios), Jesús nace en la historia, en la carne de los hombres, siendo así “carne divina”. Pero no nace aislado, para quedarse separado, sino para mostrar que todos nacemos de Dios, siendo hijos de la carne y de la sangre.

 Jesús nace en la carne (como carne, humanidad), para que los hombres podamos nacer plenamente como cielo, hacernos Dios. Existiendo en la eternidad, Dios, la Palabra de todas las palabras, se ha hecho Carne, ser personal, en la historia. Por eso, cuando decimos que «Dios es Palabra», estamos aludiendo de hecho a Jesús, que es el Unigénito (=Hijo) de Dios Padre. Dios es Palabra, pero no una palabra cualquiera (de palabrería y olvido, de imposición, de envidia y rxclusión), sino una Palabra que escucha y aprende, que se deja iluminar y que de esa forma ilumina…

Eso significa que escuchamos  la Palabra de Dios en la palabra de los hombres. Desde ese fondo quiero comentar el tema central de este evangelio (Jn 1, 12-15): ¡Todos nacemos de Dios!

La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre.

Estos no han nacido de sangre, ni de amor carne, ni de deseo humano, sino de Dios….pues  la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.

 Quiero insistir en el argumento de fondo del “divino comercio” de la Navidad, como la presentan los Padres de la iglesia como economía de Dios (Trinidad económica) :

 a quienes le recibieron (recibieron a Dios, escucharon su Palabra), Dios) les dio el poder de ser Hijos de Dios, los cuales» no han nacido (no han sido engendrados)  sólo del deseo   de carne, ni de la voluntad) de un varón ni de las sangres (sangre menstrual y puerperal de mujer), nacido de Dios… pues él, la Palabra  Dios (=Dios palabra) se ha hecho carne y habitó entre nosotros.

 Leer este pasaje desde la biología, antropología del tiempo de Jesús.

         Conforme a la visión normal del tiempo de Jesús (ratificada por la biología de Aristóteles y vigente en el pensamiento de occidente hasta el siglo XIX) las mujeres eran pasivas en la concepción, maduración y nacimiento de los hijos, un simple útero/ánfora con sangre). Léase desde ese fondo el texto.

- Los creyentes no nacen de las sangres (οὐκ ἐξ αἱμάτων), en plural. Son las sangres de la mujer, que concibe en su sangre (menstrual) y da a luz en su sangre/hemorragia puerperal. Conforme a la biología del tiempo de Jesus, (en contra del texto base de Gen 3, 15 la mujer no tenía “semen genético” (no tenía óvulo, ni ADN propio para darle al hijo), sino que era sólo un útero/ánfora de sangre, donde recibía el semen del varón, hasta que madurada) y fuera dado a luz

- Ni nacen de la voluntad del hombre/carne ni del deseo del varón/carne (οὐδὲ ἐκ θελήματος σαρκὸς οὐδὲ ἐκ θελήματος ἀνδρὸς). En el primer caso pone voluntad de la carne (θελήματος σαρκὸς), que puede ser del varón y/o la mujer, aunque la exégesis tiende a decir que en aquel tiempo se pensaba que mujer no tenía voluntad de carne (sino que era pasiva en el coito y generación). En el segundo caso se dice ya expresamente que los creyentes mujeres no tienen voluntad, no deciden, sino que pasivas en la generación. Por eso, los hijos provienen sólo de la voluntad del varón/macho (ἐκ θελήματος ἀνδρὸς).

          Los cristianos gnósticos, en cuyo entorno surge una línea que pas por San Agustín y san Bernardo, tienden a decirque la Concepción y nacimiento de Jesús es algo impuro (inter urinas et faeces, entre orina y heces). Por el contrario, los creyentes de la línea del Evangelio de Juan, en contra de la gnosis, apelaran al famoso principio de las antítesis convertidas en síntesis: Non solum sed etiam…: Los seres humanos, como creyentes, como seres de palabra/espíritu, no nacen sólo de sangre de mujer y deseo de varón sino sobre todo de Dios, en unión con Cristo, palabra d Dios.

Discusión del texto. ¿Nacer sólo de Dios? ¿Nacer de Dios y/por María?

         ¿Quién es o quiénes son los que no nacen de las sangres… del deseo de varón? Hay una lectura minoritaria, pero atestiguada en muchos códices antiguos y en diversas tradiciones donde el texto está en singular: no ponen hoi egennethêsan…(los cuales no han nacido… de la carne, sino de Dios), sino hos egennethê (el cual no nace de la carne, sino que ha nacido de Dios).

         Si esa segunda lectura es primitiva y se toma al pie de la letra, como hacen muchos,… el texto diría que Jesús… había nacido sin semen y deseo de varón, sin sangre menstrual/puerperal de María, sino sólo de Dios), en contra del resto de los mortales que hemos nacido de sangres femeninas (sangres menstruales y puerperales) y del deseo de la carne/sexo/semen de varón). Jesús, en cambio habría nacido de un modo puramente virginal... sin deseo de varón (José), sin sangres de mujer (sin menstruación, sin parto normal). En otras palabras: No había habido en su concepción ningún deseo de varón (el deseo de la mujer no solía contar, en aquel contexto); no había habido sangre menstrual de María…Más aún, ella habría sido virgen en el parto (un parto sin sangre)[1].

Algunos pensamos que, si las cosas hubieran sido así, resultarí difícil decir que Jesús fue un hombre verdadero. Pero esta lectura se puede tomar también en sentido simbólico… y decir que Jesús ha nacido de Dios (trinidad inmanente) naciendo, al mismo tiempo, de María (Trinidad económica), tal como han desarrollado el tema los evangelios de Mateo (i, 18-25) y de Lucas (1, 26-38).   

Lectura en plural… Todos nacemos de Dios y/por la historia humana

La mayor parte de los manuscritos tienen el texto en plural y así lo pone el texto litúrgico. En esa línea, todos los que creen en Jesús nacen de Dios, no provienen sólo del deseo de la carne de la historia humana y deseo de varón  y de la sangre   de mujer (y del deseo de la mujer María, como dicen los evangelios de Mateo y Lucas)…. sino también y en el fondo de todo de la vida de Dios. Pues bien, esa lectura plural, que es dominante, puede entenderse desde varias perspectivas:

Perspectiva radical, de tipo gnóstico… Toda generación es mala

         Algunos gnósticos antiguos (y algunos cristianos normales) han tomado todo lo relacionado con la sangre menstrual y el deseo de la carne/varón como algo pecaminoso, como puede verse en textos de San Agustín. Por eso conforme al evangelio apócrifo de Tomás (no aceptado por la iglesia), en sentido radical, la madre de Jeús, si es que tuvo deseos, fue una prostituta (repito, este evangelio no ha sido aceptado por la iglesia).

         Ellos interpretan de un modo literal la palabra de un salmo que diría: “et in peccatis concepit me mater mea” (y en pecados me concibió mi madre, entre heces y orina de varón, porque tenía deseos, y de mujer, si los tenía” (Salmo 51, 5; véase comentario en mi Lectura cristiana de los salmos, VD, 2023).

Según eso, los niños no gnósticos (no crecido a la interioridad sagrada) nacerían y permanecerían en el pecado de la madre y el pecado del padre… Pero los verdaderos gnósticos no nacen de esa forma, sino sólo de Dios, pues todo el proceso de la generación esta manchado por un tipo de pecado original que continúa. Por eso habría que buscar un mundo sin deseo de varones, sin sangre mestrual y deseo de mujeres.

Perspectiva simbólica dual: Jesús nació del espíritu (=deseo) de Dios, naciendo, al mismo tiempo (gracias a Dios) del deseo/palabra de María (dejamos por ahora a un lado a José, cuyo deseo/colaboración han contado de formas convergentes los evangelios de Mateo y Lucas (de los que trataré más otro día).

         Hay  (según eso, una generación superior (todos venimos de Dios), aunque (=porque) nacemos de la carne y sangre de la historia humana, que es un deseo infinito de vida/plenitud (pudiendo convertirse) en imposición y violencia de hombres y mujeres. La mayoría de los cristianos interpretamos este pasaje en plural: por obra de Dios, como hermanos de Jesús, todos nacemos de Dios. Por eso hay que distinguir (no separar) los dos niveles:

-  En un plano cósmico, los hombres nacemos de las sangres de la mujer (no se conocía antiguamente el ovulo femenino, se pensaba que la madre sólo daba la sangre…) y del esperma del varón)… Nacemos de la sangre de la historia (simbolizada en la mujer) y del deseo de la vida (simbolizado en el esperma del varón, que es deseo de carne…). Dios mismo se ha querido encarnar en ese plano de “carne, expresado en la vida de los hombres y mujeres. Así ha nacido Jesús, así nacemos todos. Así dicen algunos que nacemos solos del deseo de la carne/sangre igual que los monos.

-Pero, al mismo tiempo, en un plano superior, los creyentes afirman (=afirmamos)  nacen/nacemos de la Palabra, es decir, nacen de la voluntad y de la vida Dios, somos con Jesús la encarnación de Dios… Nacemos no sólo de la palabra y voluntad de Dios (genitor universal, deseo original de vida), pero también (al mismo tiempo) de la palabra-voluntad-espíritu de nuestros pro-genitores).

Así decían los libros de religión antigua: Los padres ponen en marcha la vida de Dios y Dios pone (=crea, va creando) un alma distinta y propia para cada uno que va surgiendo a la vida personal. Así tuve que responder yo en la clase de religión en el Instituto de Bilbao (donde el buen cura profesor me puso sin más sobresaliente, no sé si matrículo, por responder así)

En ese nivel todos nacemos de una forma Inmaculada (es decir, superior al orden biológico)… Hay algo en el hombre que algo que nace de Dios: la Palabra (alguien diría el alma…).

Vinculación. Deseo de Dios en el deseo y amor, de hombre y mujeres…

Cuando Juan 1, 14 dice que El Verbo Se Hijo Carne… está diciendo algo más hondo… Dios mismo ha entrado en la carne y en la sangre, en el deseo de varón (y en el deseo de mujer… que sí lo tiene). Desde ese fondo tenemos que reinterpretar el texto, en contra de la letra del mismo Juan, diciendo:

N… Nacen no sólo de la sangre-carne-varón… sino que nacen del Dios que actúa como Palabra fundante a través de esa misma sangre-carne-varón… La sangre/deseo de la mujer (biológicamente su óvulo) y el deseo/carne del varón (biológicamente su espermatozoo) pueden ser y son vehículos de la palabra de Dios, de tal manera que toda auténtica concepción humana es concepción inmaculada…

Conclusiones:

a) Creo que el texto de Jn 1, 13 es un texto radical e incluso «peligroso», pues puede llevarnos a una visión gnóstica de Cristo (que habría aparecido en forma humana sin nacer de verdad) y a una visión “puramente carnal” de los cristianos, condenados a una vida de carne/sangre/deseo… sin llegar nunca a Dios, sin ser “encarnación” de Dios.

b) Más aún, este texto ha dado lugar a muchos problemas en la Iglesia… Parte de la condena de la sexualidad (sangre de mujer, deseo de varón, deseo mutuo) está vinculada a una visión errada de este pasaje, separado de Jn 1, 14 donde se dice que la carne es Dios (palabra de Dios). Sólo allí donde unimos Jn 1, 12-13 con Jn 1, 14 podemos afirmar lo más hondo: Dios se ha hecho carne, ha divinizado la carne de nuestra historia, pues Jesús no puede ni quiere separarse de nosotros.

c) Este pasaje debe ser reinterpretado en la actualidad… desde la nueva perspectiva biológica y humana que se abre desde el evangelio y desde la misma ciencia moderna…. Pero en su fondo sigue siendo ejemplar: El nacimiento humano es lugar muy preciso y muy hondo de experiencia de Dios.

d) Por eso, Jesús ha querido nacer como nacen los hombres, en todo menos en el pecado… Sólo así forma parte de nuestra familia humana. Éste es el mensaje que he querido colocar en el centro de mi libro LA FAMILIA EN LA BIBLIA (Verbo Divino, Estella 2014).

[1][1] Cf. M. E. MocholiVirgen, mujer y madre. La maternidad cristiana en la visualidad mariana. En M. Á. Martí Bonafé (Coord.), Marías. Entre la adoración y el estigma, Tirant lo Blanch, Valencia, 2022, 19-39.

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13 dic 2025

14.12.25. Dom 3 Adviento. Juan de la Cruz, lira 25:  Las 5 c(u)alidades del cristiano

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Dom 3 Adviento (Mt 11, 2-3), con un evangelio básico (¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?) y una respuesta central (los ciegos ven, los cojos andan…) de la que trataré la próxima semana.

Hoy quiero exponer el evangelio de Adviento de San Juan de la Cruz, a quien con un poco de cariño suelo definir como el último cristiano de occidente, según Cántico espiritual 25: A zaga de tu huella

Juan de la Cruz vivió y expuso un evangelio lírico (escrito y cantado en liras), como los salmos de Israel (cantados también con con lira: harpa o cítara/guitarra).

El Canto “espiritual” de Juan de la Cruz consta de 40 liras, a cinco versos cada una (200 versos), cada lira un compendio de vida poética cristiana.

Hoy escojo la lira 25 (a zaga de tu huella), la que más me gustaba de pequeño, porque habla de delanteros y zagueros, como en el juego de pelota. Ahí va la lira, sigue el comentario. Buen domingo III d eadviento, buen día poético, cristiano de San Juan de la Cruz.

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12 dic 2025

12.12.25. Meditación de Adviento: Asesinos  envidiosos, y encima nos justificamos

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Jesús quiso crear otra familia, en oposición al sistema económico‒militar de Roma y al orden sagrado del templo de Jerusalén, una familia donde sólo importara el ser humano, abierto en amor a todos, compartiendo la vida unos con otros, en especial con los pobres, enfermos y expulsados. Así fue revelador‒iniciador de un modelo universal de fraternidad, en contra del poder elitista de Roma (orden jerárquico de administración imperial) y del poder sacral del templo (imposición religiosa), que respondió condenándole a muerte.

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10 dic 2025

María, Libertas populi (Libertad del pueblo). Homenaje al Card. Víctor Fernández

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He conocido personalmente y por oficio a los dos prefectos anteriores de la Congregación de la fe: (1) Al Card. Múller, que era signo de un dudoso poder de Dios (=Dios es autoridad de vida en libertad), sobre un pueblo de los sumisos. (2) Al Cardenal Ladaria, signo y portavoz de la Sabiduría universitaria de Dios, gran teólogo, gran persona, pero quizá más para sabios y entendidos (Mt 12, 25-26) que para la gente normal y pequeña de este mundo de gentes sencillas como son los cristianos.

Tras ellos ha venido el Card Víctor Fernández (=Tucho), de la mano del Papa Francisco. No le he tratado personalmente, pero le conozco muy bien, por su entorno de Argentina, y por sus trabajos de colega, compañero, y amigo de buenos compañeros y amigos.

Por él doy gracias a Dios, felicitando a la iglesia católica, por tenerlo de prefecto de la D. de la Fe, como hombre que va abriendo camino de evangelio de libertad, no de poder como Müller, ni de sabiduría universitaria como Ladaria, sino de humanidad liberada por el amor de Dios.

Por eso, culminando mis dos postales anteriores en RD y en FB, he querido reinterpretar el documento del Card. V. Fernández (Mater populi Dei) con el título de "libertas populi", libertad de pueblo, en contra de aquellos que, en diversos medios de poder (con mucho dinero de fondo), siguen atacando de un modo injusto e ignorante al Card. Fernández.

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07 dic 2025

8.12. 2025. Vuelve con Ratzinger la “madre María”

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En este documento (Mater populi fidelis: 8.10,25), muy inspirado en la teología de Ratzinger, María no viene de forma nueva, como virgen activa e inmaculada anti-pecado, con su ministerio de bodas y de espada en el alma para acompañar, redimir y liberar a los amenazados y oprimidos, sino que vuele al modo más tradicional de algunos como “madre piadosa del pueblo fiel”.

De ello traté ayer en RD y FB, insistiendo en María como mujer de bodas (Jn 2), compañera de Cristo en el dolor (Lc 2, 32-35; Jn 19, 25-27) y creyente de Pentecostés (Hech 1-3; Juan de la Cruz, Lámparas de fuego).

Esa reflexión ha sido saludada por Emimaría C. y por L. Florio, Argentina (FB 5.11.25), que me ha pedido que la condense, como hago a continuación en 9 puntos.

Buen día de “madre” a todos, pero en especial de virgen, inmaculada, mujer, pueblo, colaboradora (con illabi) y amiga en el camino gozoso y fuerte de la vida, ya en pleno siglo XXI, que ha de ser mariano para ser cristiano.

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05 dic 2025

7-8.12 2025. María de Adviento. León XIV: Madre del pueblo fiel (Mater populi fidelis). Reinterpretación bíblica y católica (universal)

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La Congregación de la Doctrina de la fe, con firma del prefecto V.M. Card. Fernández y aprobación de León XIV, ha publicado en la línea de Marialis Cultus y Redemptoris Mate, el pasado 4.11, un. Nota doctrinal sobre algunos títulos marianos (Corredentora, Mediadora, Madre de los creyentes y Madre de la gracia), referidos a la cooperación de María en la obra de la salvación.

Es un documento bueno, pero exiguo y, restrictivo, sobre María proponiendo un nuevo título mariano, tomado de san Agustín: Madre del Pueblo fiel (PL 40, 399.)

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03 dic 2025

Cazadnos las raposas (CB 16). Mística y riesgo de raposas eclesiales (X. Segura)

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Conocí a Xabier Segura el año 2002/2003. El era estudiante de un nueva “Congregación” cristiana llamada Seminario del Pueblo de Dios, fundada por Francesc Casanovas Martí (1938-2002), con el fin de encarnar el Evangelio y el Vaticano II en una forma de vida que uniera mística y comunión cristiana en grupos comunitarios de honda experiencia (en la línea de San Juan de la Cruz) y de inserción eclesial de tipo familiar y comunitario.

Así lo entendí al menos yo. Xabier segura quería elaborar y defender conmigo, en esa línea, una tesis doctoral en teología, sobre San Juan de la Cruz en la Universidad P. de Salamanca. Nos pusimos de acuerdo. Me entendí con él, tengo un gratísimo recuerdo suyo, pero al fin desistimos, puso yo tuve que dejar la enseñanza en una universidad de la Iglesia. Xabier presentó y defendió la tesis en la U. P de Comilla.

Casanovas murió y el Seminario del Pueblo de Dios (donde ha seguido Xabier)ha sido investigado, intervenido y suspendido, en espera de juicio por ciertas “irregularidades” referentes a la pretendida mística y conducta de algunos miembros del “seminario” (como podrá verse en google).

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02 dic 2025

Nicea, 1700 años (325-2025). Concilio imperial   pero anti-arriano y abierto

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Han celebrado su memoria el patriarca Bartolomé y el Papa León. El conjunto de las iglesias debe reinterpretarlo y revivirlo desde Jesús de Nazaret, que no fue emperador, ni patriarca ni papa.

Es preciso recrearlo, como quería el Papa Francisco, como han querido muchos teólogos y hombres de iglesia, como Faus, Sobrino y Pagola, siendo criticados por ello [1] (Cf. nota)

He escrito un par de libros de texto sobre el tema (uno de Trinidad, otro de Patrística). Aquí me permito retomar algunos de sus argumentos, remitiendo a un trabajo más extenso publicado en Cartaginensia, cf. nota 1.

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30 nov 2025

Adviento 25. Peregrinos de Dios

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Uno de los dichos más enigmáticos y fuertes de Jesús recoge una sentencia de la sabiduría universal que dice: “Las aves del cielo tienen nido, las zorras madrigueras, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza” (Mt 8, 20).

El término “Hijo del hombre” tiene aquí un sentido doble: alude, por un lado, a la humanidad en su conjunto; por otro se refiere al mismo Jesús, que viene a ofrecer un camino en el tiempo a los que parecen que no tienen ya tiempo, porque el mundo viejo acaba.

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