Dom 08 09 10. Audacia cristiana, renunciar a todo (¿también la Iglesia?)

Domingo 23. Tiempo ordinario. Ciclo C. Lc 14, 25-33. El evangelio de Lucas vuelve al asunto de la renuncia, es decir, de la pobreza entendida como desprendimiento para que otros tengan. Éste es el contraste del evangelio:

1. Argumento del poder. El mundo está hecho de hombres y mujeres que quieren construir sus propias torres (a costa de los demás), y de otros que quieren tirarlas abajo para construir las suyas… El mundo esté hecho de reyes y reyezuelos, de presidentes y auto-caudillos que quieren ganar guerras y calculan y pactan (en el mejor de los casos, a no ser que se vuelvan locos y persistan y se enroquen, como también pasa). El mundo esta hecho de clérigos que construyen edificios de poder religioso, pensando que sirven a (su) Dios.

2. Argumento de la renuncia creadora. Pero Jesús no necesita torres, no tiene que ganar ninguna guerra. Nosotros tampoco. Pero queremos seguirle… Pues bien, para estar con él tenemos que renunciar a todo, para poder tenerlo todo, de otra manera, en gratuidad. Nos sobran muchas cosas, maletas y planes y plannings… Nos sobra deseo de seguridad y de vivir a costa de los otros. Por eso nos falta comunión, y gratuidad, y vida fraterna (con amor, con calma).


Si alguien quiere saber más siga leyendo. El texto es de una lucidez impresionante. Buen domingo.


Texto. Lucas 14, 25-33

‒ (Tema) En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: "Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío.
‒ (Ejemplo 1) Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: "Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar."
‒ (Ejemplo 2) ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
‒ (Nueva formulación del tema): Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío."



En principio el texto es claro, necesita aclaraciones, está claro.

‒ Principio y final se corresponden: Renunciar a un tipo de seguridad de familia, de grupo, de clan, de nación (de riquezas “familiares”, de ventajas nacionales de oriente y occidente). Renunciar, repito, a los bienes del clan propio (país, clase social, Estado…) para poder compartir.

‒ El medio quedan los ejemplos de contraste (un tipo de construye una torre, un rey que se empeña en hacer su guerra).

‒ Al fondo de todo, una experiencia más alta: el Reino.

1. Principio. Dejar todo, sobre todo en el plano de la ventaja de grupo, de clase social, de nación…

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: "Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío.

Así solía decir Juan de la Cruz: nada, nada, nada… Nada donde protegerme, nada de uno mismo, en pura cruz. Nada de nada, para poder tenerlo luego todo, pero de otra forma: en gratuidad compartida, en libertad gozosa. Nada de nada, para poder disfrutarlo todo (padre y madre, mujer e hijos…), para disfrutar de sí mismo (¡negarse a sí mismo, para así poder gozarse!).

Éste es el camino. Vivimos sobre una tierra donde queremos gozar teniendo, poseyendo, con una familia “exclusiva”, hecha de egoísmo, con un deseo que nos cierra en nosotros mismos… Sólo una cruz que rompe ese “cierre” egoísta puede abrirnos al todo.

-- ¿Qué tendré que dejar yo, qué tipo de familia de poder?
-- ¿Qué tendrá que dejar la Iglesia: qué torre, qué banco, qué institución de poder?


2. Primer contraste, la torre

Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: "Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar."

Somos constructores de torres, desde el gran relato de Babel (cf. Gen 10). Cada uno hace su torres, todos juntos queremos hacer la gran torre de la cultura mundial capitalista, que se cuente y mide con dinero.

Pero ¿tenemos dinero suficiente para hacer una torre donde resguardarnos para siempre? ¿Nos podemos salvar por lo que hacemos? La vieja tierra está llena de ruinas de torres caídas. Entre ellas caminamos, sin darnos cuenta de que caerá pronto la nuestra.

Si, cayó la torre de Babel y el templo de Jerusalén. Caerá el Pentágono Imperial de USA, lo mismo que Coppolone de San Pietro (¿cuándo?).

Todas, todas las torres caerán. No tenemos refugio definitivo en este mundo, donde el Amigo Primero dijo que no tenía ni siquiera una madriguera, como las zorras. Al descampado estamos, así hemos de vivir, así morimos, así esperamos resucitar.

3. Segundo contraste, el rey que va a la guerra

O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.

Aquí no se habla sólo de reyes lejanos, emperadores, monarcas, presidentes de grandes naciones o multinacionales, siempre en guerra.
Aquí se habla de nosotros: queremos ganar a los demás, cada uno nuestra guerra y después la guerra de nuestros grupo (los blancos o colorados, los civiles o los gudaris, miles y miles de soldados de guerras distintas, compradas a oro de metal o de petróleo o de otro tipo.


Todos queremos hacer la guerra pensando que así podremos mantenernos. Había un canto de niños franceses e hispanos que decía: Esta es la guerra de un hombre/clan que gobierna en Siria…, y la guerra de Obama/USA que se cree policía del mundo, la guerra de los partidos políticos que quieren ganar para forrarse… Ésta es la guerra de los que dirigen el FMI, la OMC y otras cosas por el estilo de las que Jesús no había oído hablar (¿qué habría dicho si existieran en su tiempo…?

Jesús habla de la guerra de los “mejores”, de los inteligentes que piensan… y que saben pactar si las cosas van mal... Pero nosotros vivimos entre gente que no pacta y que piensa detrás de mí el diluvio, gente que nos lleva al desastre ecológico, al desastre económico….

4. Final. Renunciar a todo

Lo mismo vosotros:
el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.


Ésta es la torre de Jesús, ésta su guerra: no necesita nada más que el amor de la gente, el amor y la vida de aquello que saben renunciar a todo… Sólo así, cuando no se apegan a nada, cuando no quieren nada para sí mismos pueden tenerlo todo… buscando el Reino, que es don y regalo, que es gracia…
Jesús no pone ninguna condición (saber latín, hacer teología…), no quiere gente que tenga carreras ilustres (para hacer torres, para ganar guerras…).


Quiere gente que sea capaz de renunciar a construir más torres y a ganar más guerras… Jesús quiere que aprendamos el único oficio que merece la pena:

-- Renunciar a todo para ser personas, en amor (¿también al Vaticano?)
-- Renunciar a todo, para que todos puedan tener (¿también a mis ventajas, a mis medios adquisitivos,para que todos pueden compartir fraternamente todo?

Ése es el lema de Jesús: Renunciar a todo para compartirlo todo. No podía decirlo más fuerte, más claro.

Buen domingo.
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