Ciertamente, en un sentido, el evangelio supone que la estrella de Jesús iluminó (=evangelizó) a los magos, ofreciéndoles la luz de Dios. Pero, en otro sentido, podemos suponer que los magos eran expertos en religiones gentiles, que fueron a enseñar y aprender con Jesús (y con María y José), visitándole en su cuna, ofreciéndole el oro-incienso-mirra de sus experiencias de la vida (¡ojo, ese oro era el gozo y belleza, no la economía actual).
(Nota. Se ha estudiado arqueta, con los restos de los magos, que el gran Emperador Barbarroja regaló a la catedral de Colonia, donde siguen estando (ver imagen 2ª), y se ha descubierto que eran cuatro, dos hombres y dos mujeres, nada de tres simples varones como habían supuesto los "varoniles" bizantinos, que "inventaron" nombres y figuras (Melchor, Gaspar y Baltasar). Así me lo había dicho Roser Puis, y me lo ha repetido ahora, desde su estrella de sabia luchadora!)
En ese contexto puedo suponer que un “rey” mago era Krisna o Buda (aunque le llaman Melchor, de MLK rey,, vecino de Asía, y así vino a enseñar a Jesús los misterios de la experiencia profunda de la vida
Otro mago era la maga negra (de magia muy blanca), chamana del Níger, afincada en Brasil, llamada Mâe-de-Santo, encargada de enseñar a Jesús los misterios más hondos de la religión del bosque y de la vida
El tercer rey mago era un sabio de las culturas del altiplano mexica, llamado Kubalkan, poeta náhuatl, experto en conexiones sacrales y en experiencias de comunicación con la naturaleza.
La cuarta maga era Roser, estrella de astrolabio femenino, que ha ido a decirle a Jesús cosas de ciencia muy sabrosa... Por cierto, he logrado una foto extensa de su "despedida" y la he puesto en el post del otro día, tomada de somac.
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Desde su tiempo y espacio, esos “magos”, a quienes podemos llamar sabios (Melek-or, la chamána Madre, el nahua Kubalkán y Roser, Constelación de la Rosa (¡fifty fifty, es lo correcto!), tenían y tienen muchas cosas que "darle" y decirle a Jesús sobre el oro, el incienso y la mirra y sobre otras cuestiones misteriosas que se están ahora descifrando.
Éste es el punto de partida de mi reflexión, que recoge algunos datos centrales del evangelio de la Epifanía (Mateo 2), mostrando que no puede haber misión cristiana (expansión del evangelio) si Jesús no sigue recibiendo a los magos, reconociendo el valor de sus religiones.
Por aquí anda el atrio de los gentiles que es también atrio de mujeres, querido por Benedicto XVI y por P. Zabala, entre otros muchos.
1. Rey de los judíos, Mesías universal
Los magos vienen a Jerusalén porque han visto en oriente la estrella del Rey de los judíos... Ese tema nos sitúa en el centro de una extensa tradición astro-lógica (astro-nómica) que vincula al ser humano (y especialmente al salvador) con un (=el) Astro del cielo.
Por eso, allí donde ha nacido el Rey de los judíos ha debido encenderse una luz, se expande una esperanza de salvación sobre la tierra. Esa luz atrae a los "magos", que vienen hacia Jerusalén, desde Asia, África y América, iniciando la marcha de los pueblos hacia el futuro de su plena humanidad.
Por eso, este pasaje debe interpretarse en la línea que lleva al mesianismo universal de Mt 28, 16-20, donde Jesús ya mayor dice a sus discípulos que vayan a todas las naciones, llevando su evangelio. Los cristianos pueden ir al mundo entero, porque antes han venido los magos y sabios de los pueblos del mundo a enriquecer la cuna de Jesús, al que han ofrecido su intensa sabiduría.
Los magos preguntan por el Mesías en Jerusalén, pero no lo encuentran allí (en la ciudad del templo, donde habita un rey dominador, envidioso), sino en Belén, capital donde se centran y cumplen las promesas. De esa forma, este segundo capítulo de Mateo puede entenderse ya como anuncio de la culminación pascual del evangelio
– La religión y misión de los magos esta anunciada en la tradición israelita: los pueblos paganos de Oriente deberán venir al fin de los tiempos hacia Jerusalén, para adorar al Rey de los judíos, que ha nacido ya, cuando surja su Estrella. Ellos, los magos, son signo de un camino de búsqueda y fe universal, que desborda el nivel israelita, tanto por su origen como por su meta. Por su origen: la fuerza que les lleva hacia Jesús no es la ley de Israel, sino la luz o estrella de su propia religión (de su paganismo). Por su meta: tras adorar a Jesús no quedan allí, para formar parte del pueblo judío, sino que vuelven a sus tierras, para iniciar la misión cristiana (sin pasar por Jerusalén, ni por la Iglesia posterior, establecida), como indicando que el camino y luz del Cristo Mesías han de entenderse y expandirse desde sus propias tradiciones religiosas y culturales. Ellos inician así un cristianismo hindú o chino, africano o americano (según se suponga el lugar del que procedían esos magos, uno de los cuales). El tema es: qué le enseñaron los magos a Jesús.
– La cristología del envío final (propia de Mateo 28, 16-20) empalma con la de los magos, pero invierte y completa su sentido: no son ellos (los magos gentiles) los que deben buscar en Jerusalén al Rey israelita, para encontrar al Niño de Belén y marchar por otro camino hacia su tierra. Son los mismos cristianos quienes deben expandir la experiencia mesiánica a todos los pueblos de la tierra, como enviados del Cristo pascual, desde la montaña de su resurrección (en Galilea, no en Jerusalén). Los cristianos ya no esperan la venida de los pueblos, como parece haber hecho la iglesia primera de Jerusalén y la tradición de las comunidades judeo-cristianas, sino que ellos deben salir y de su montaña particular (de Galilea o de roma) para ir a todas las naciones (y no sólo a las de oriente), llevando la buena nueva del evangelio.
2. Iglesia centrípeta y centrífuga
De esa forma se distinguen y completan los dos tipos de experiencia y misión que han definido el comienzo de la iglesia: una centrípeta (los gentiles vienen a adorar al Dios israelita, revelado en su Mesías) y otra centrifuga (los enviados del Cristo pascual salen a ofrecer el evangelio a todas las naciones). La primera tradición (de Mt 2) es más judía y puede entenderse como principio del evangelio. La segunda (Mt 28, 16-20) es más pascual… pero ambas se completan, formando como los dos momentos del evangelio.
– Misión centrípeta, momento de búsqueda. Atracción mesiánica. Los magos (gentiles) buscan en Jerusalén al Rey de los judíos, como suponiendo que deben aceptar sus leyes nacionales (la forma de vida israelita). Vienen pero no encuentran al Rey en Sión, sino en Belén; no lo descubren honrado y victorioso, sino escondido y perseguido… Misteriosamente, ellos le “reconocen” (reconocen al Mesías de Belén, no al de Jerusalén)… Por eso tienen que volver a su país, no pueden quedarse en Judea, ni cultivar su experiencia de una forma nacional (judía, de iglesia cerrada). Ese retorno de los magos muestra ya el camino de Jesús, que será un camino de apertura universal.
– Misión centrífuga. Momento de apertura final. Según Mateo 28, 16-20, siguiendo a los magos, los discípulos de Jesús llevan su mensaje y vida (su discipulado) a todas las naciones. Pero no lo hacen desde Jerusalén sino desde la montaña de la pascua, que es una forma nueva de expresar el misterio de Belén. No van a todos los pueblos para retornar a Jerusalén (ni a otro lugar donde estaría el centro de la iglesia establecida), sino para ofrecer su fermento de vida (su discipulado) en todos los pueblos de la tierra. Son portadores del mensaje-vida de Jesús, pero no una forma nacional/judía (o nacional/cristiana), sino un camino que se abre a todas las naciones y se expresa en ellas, en cada una de una forma.
3. Una "historia" de los magos (Mt 2)
1. Jesús, Mesías de Dios, no está encerrado en el templo y ley de Jerusalén, sino abierto en Belén para todos los que vengan. No es Rey que impone su derecho en Sión, sino Niño necesitado, en brazos de su madre. No es Sacerdote que expande la sacralidad divina desde el tabernáculo del templo, sino niño amenazado, que debe exilarse en Egipto, asumiendo así la historia del autentico Israel, Hijo de Dios (cf. 2, 15).
2. Los representantes religiosos y sociales de Israel (de la Gran Iglesia de entonces) no han venido a Belén para adorar al Rey de los judíos. Ellos conocen de algún modo el misterio (saben que el Mesías debe nacer en Belén), pero no quieren buscarle, ni le ofrecen el tesoro de su vida (cf. Mt 2, 11), pues están fijados en sus sacralidades nacionales y sociales. Esta es la paradoja de un mesías de Israel que los israelitas no aceptan. La subida mesiánica de los pueblos hacia Jerusalén queda truncada, pues Jerusalén no les reciba.
3. Herodes rey no acepta el mesianismo de Jesús y decide matarle. De manera consecuente, la venida de los magos se inscribe en un contexto de persecución: el rey de turno persigue al verdadero Rey de los judíos, obligándole a exilarse, mientras los buscadores mesiánicos de oriente vuelven a sus tierras por otro camino. De esa forma, el Israel histórico de Herodes queda en manos de su propia violencia destructora (relato de los inocentes). Eso significa que la búsqueda de los pueblos que quieren adorar en Jerusalén al Rey Mesías ha fracasado, pues el Mesías no se encuentra allí.
4. El camino de los magos (es decir, de todos los pueblos que buscan de hecho a Dios, buscando la luz) forma parte del mesianismo de Jesús: los gentiles le han buscado ya y le siguen buscando, para ofrecerle el homenaje de sus dones, el oro de la realeza, el incienso de la sacralidad, la mirra del perfume gozoso… dones son símbolo de valor y del riesgo de la vida humana.
5. A lo largo de la historia de la cristiandad, muchos han aplicado y siguen aplicando a Jesús sólo un modelo de experiencia centrípeta, vinculando a Jesús con la cultura dominante de la nueva Jerusalén, en el centro de una iglesia occidental, que tiende a confundir el evangelio con sus intereses culturales o sociales, en Roma o Londres, en Moscú o América. Este ha sido quizá el mayor problema cristológico moderno: la vinculación de Jesús con los poderes dominantes de occidente. Los magos antiguos tuvieron más suerte, pues, con la ayuda de sacerdotes y escribas, hallaron al Rey fuera de la ciudad triunfadora, al exterior de la cultura dominante, como niño perseguidos. Muchos de nosotros (y, de algún modo, la iglesia) hemos secuestrado a Jesús en los muros de nuestra cultura dominante, sea filosófica o social, económica o militar.
6. Cierta cristiandad posterior ha sentido miedo de esta universalidad del Cristo, encerrándole de nuevo bajo llaves religiosas de dominio, dentro de estructuras de poder cultural o social; no ha dejado que emerja el Cristo verdaderamente ecuménico, capaz de unificar en amor a todas las naciones de la tierra. Se plantea así uno de los grandes retos de la iglesia ante el siglo XXI: o la cristología se vuelve católica (universal), capaz de recibir a los magos y de abrirse a todas las culturas de la tierra, en respeto fuerte y búsqueda de amor, o ella termina convirtiéndose en ideología particular de un pequeño grupo de cristianos, cada vez más perdidos dentro de una humanidad que busca otros caminos de realización, en clave de violencia.
7. El camino de los magos que buscan a Jesús… es el camino de todos los hombres de todas las religiones… El Jesús de Belén o del Monte de pascua ha de estar dispuesto a recibir el oro de la cultura de los pueblos, el incienso de todas las formas de cultura religiosa… la mirra de todos los dolores… Los cristianos tenemos que sentirnos capaces de acoger la cultura religiosa de los pueblos… Sólo en ese sentido se puede hablar de “epifanía”. No se trata sólo de ir y llevar a los otros lo que tenemos… Se trata de recibir lo que nos ofrecen los grandes “magos” de los pueblos: Buda y Zoroastro, Lao-Tze o el autor de la Bagavad Gita…. por poner unos ejemplos.
8. Jesús niño ha enseñado y sigue enseñando lecciones muy hondas de vida a los diversos pueblos de la tierra... a los sabios del mundo... Pero éste es un tema posterior, hoy lo dejamos sólo esbozado.