Francisco en Brasil: ¿Quién dice la gente que es el Papa?

Gran parte de nuestra conversación ha girado en torno el Papa. Es aún pronto para ofrecer una lectura reposada de aquello que me han dicho, en un lado y en otro, empezando por un gran teólogo (Agenor Brighenti) y terminando por un gran obispo (R. L. C.). Tendré que esperar un tiempo para que repose y se aclare mi visión. Pero algo puedo adelantar, diez opiniones.
El Papa desde Brasil. Diez opiniones
1. El Papa es un líder. En un mundo que ha quedado sin referencias de autoridad humana, de pronto, muchos han visto a Francisco como un líder, alguien que tiene algo que decir y que la dice abiertamente, de una forma clara, entrando al cuerpo a cuerpo con la gente. Todos me han dicho que Putin y Obama (que Dilma o Cristina)son muy pequeños a su lado, igual que otros presidentes de Asia o África, Europa o América. En pocos meses, Francisco se ha elevado como líder de occidente.
2. Hombre de pueblo. No se ha presentado hablando desde arriba, como un político con cartas de juego escondidas, como un militar con más poderes, un profesor con más saberes. Ha venido simplemente como un humano, y desde su frágil humanidad ha saludado y hablado y besado de igual a igual, a todos los que han podido acercarse a su lado. Por fin, alguien que es lo que es, una persona, lo más alto posible en el mundo, siendo hombre de barrio, de calle, de pueblo.
3. Un cristiano. Más que como Papa ha venido como obispo de Roma y cristiano. De esa forma se ha atrevido a hablar en nombre de Jesús, no para dar lecciones a los otros, sino para reconocer su dignidad (la de todos) y para decirles que son dignos de amor, presentándose así como un compañero, en nivel de igualdad, no como un jefe. Muchos han visto en él a un cristiano, sin más apellido. Apenas me han dicho que es católico, le llamaban cristiano.
4. Respetuoso con la política. No ha dicho a los políticos lo que tienen que hacer, sino que ha respetado su independencia. De esa forma ha renunciado a un control de la Iglesia Católica sobre la gestión social, pues a su juicio han de ser los mismos ciudadanos quienes opten y decidan lo mejor para todos, en línea de justicia. Este respeto por la función autónoma de los políticos ha sorprendido a muchos. Pero la mayoría ha comprendido: Francisco ha dejado a los políticos ante su responsabilidad y su conciencia.
5. Un indignado. Ésta ha sido la opinión general. No ha querido hacer política... ni se ha detenido en temas que ocupan los sermones de otros eclesiásticos (moral sexual, posibles "pecados" de los jóvenes...). Pero les ha dicho a todos que protesten, que se indignen ante una sociedad que sólo busca ganancia de dinero injusto. Los millones de indignados del Brasil le han percibido como aliado y compañero. Ha dicho que sólo indignándonos ante el mal podemos vivir como humanos.
6. Hombre de Iglesia. En ese campo ha quedado cierta confusión. Millones de personas han visto que Francisco es un Papa de iglesia oficial(con gran poder, una institución de control sobre las conciencias). Pero, al mismo tiempo, han sentido que él quiere otra iglesia, sin el tipo de poder que ahora tiene, sin Vaticano donde vive. Muchos han quedado perplejos, como esperando algo que aún no existe, algo que debe venir, esperando un cambio fuerte de Iglesia. No saben bien lo que hará Francisco, pero perciben que ha de hacer algo fuerte.
7. En cercanía humana. Quizá el mayor problema "externo" de la Iglesia en Brasil sea el trasvase de millones de católicos que pasan a las “sectas”, porque en ellas encuentran más calor y libertad (cercanía humana). Francisco no ha condenado esas “sectas”, pero ha dicho que la Iglesia católica debería ofrecer algo que ellas ofrecen, de un modo más intenso todavía: Una experiencia de presencia cercana y compromiso social más intenso. Esto es lo que más han percibido: Importa la humanidad, la cercanía personal.
8. Ministerios. En el Congreso y en la calle me han dicho que en su estructura actual la Iglesia no tiene futuro, a no ser que suscite nuevas formar de hacer y celebrar, pues el 80% de las celebraciones dominicales no son eucaristía (no hay sacerdotes). Si eso no cambia, esta Iglesia acaba. Muchos piensan que Francisco quiere resolver ese problema, aunque no saben cómo. Los católicos de Brasil aman a sus ministros, pero la mayoría quieren que estén más cerca, en todas las capillas y comunidades (no sólo en las "matrices"); buscan una forma de celebración cristiana más comprometida con la vida y más cercana a la realidad; para eso tiene que cambiar la forma de "reclutar" a los ministros.
9. Un apoyo desiderativo. La gente de Brasil ha visto a Francisco como líder, hombre de pueblo, justo, cristiano… La mayoría le apoyan porque desean que introduzca cambios en la iglesia y en la sociedad. Se sienten a gusto con él, sintonizan con su estilo. No le han dado un cheque en blanco, pero sí una gran confianza. Les ha parecido un hombre fiable. Esto es lo más importante: Una gran mayoría confía en él, en lo que es, en lo que piensa hacer.
10. Un cruce de caminos. Un obispo amigo del interior, compañero de escuela y de viejas fatigas (J. L. C.) me dijo en Sao Paulo que todo lo anterior está pendiente de ser ratificado (o rechazado). Que podría ser una pura “captatio benevolentiae”, como si el Papa sólo estuviera haciendo unos gestos externos, para volver a lo de siempre. Mi amigo obispo me dijo que muchos quieren eso: ¡la Iglesia que ha sido! ¡que los gestos de Francisco no sean más que eso, puros gestos!.
Éste es el tema de fondo, ésta la gran apuesta, el cruce de caminos ¿A dónde nos llevan los gestos de Francisco? Yo quiero y espero que nos lleven a una Iglesia nueva, de Francisco de Asís y de Ignacio de Loyola. En eso pensaba el otro día ante la Sede de Sao Paulo, tocando la estatua del P. Anchieta, SJ, fundador de la ciudad. El camino está abierto, pero entiendo que las grandes decisiones finales no se han tomado todavía. Francisco sigue aún en el gran cruce de caminos.