María y el Magnificat en Lutero. 2 La teología de la Cruz (E. Tourón)


1. La theologia crucis en antítesis con la theologia gloriae.
Las controvertidas tesis de Heidelberg (1518) que Lutero mantuvo bajo la mirada complaciente de su maestro y superior provincial, Staupitz, y de sus hermanos de hábito, la comunidad de agustinos, de la que saldrían un poco más tarde sus colaboradores más cercanos de la Reforma protestante, están presentes aquí.
En aquella ocasión mantenía Lutero con radicalidad las siguientes tesis: "No puede llamarse en justicia teólogo al que crea que las cosas invisibles de Dios pueden aprehenderse a partir de lo creado" (tesis 19). A la cual se oponía :" Sino, mejor, a quien aprenhende las cosas visibles e inferiores de Dios a partir de la pasión y de la cruz" (tesis 20).
Lutero enfrentaba una teología del mundo a la teología de la cruz. La creación pura de Dios se había tornado en mundo de pecado por la contaminación del pecado de Adán. Y eso era reflejado en la filosofía de Aristóteles asumida por los escolásticos. Todo ello conducía a la ciencia que hincha, al poder del hombre y a "mirar para arriba" pretendiendo la usurpación idolátrica de Dios. Ya el mundo creado por Dios no podía ser camino o itinerario para El como habían pensado Santo Tomás, S. Buenaventura y demás teólogos medievales.
Lutero no percibió la ruptura epistemológica y ontológica que Santo Tomás había puesto a las pruebas cosmológicas de la existencia de Dios, extraídas de la filosofía aristotélico-platónica, en virtud de su fe cristiana y de su comprensión del mundo como creación. Y por otra parte Santo Tomás aceptaba íntegramente la theologia crucis. Quizá la crítica de Lutero era válida para cierto sector de escolásticos y renacentistas.
Lutero vivía muy fuertemente bajo la esfera hamartiológica del mundo, de modo que éste ya había perdido radicalmente su condición de creación de Dios y el hombre su imagen de Dios. Mundo y hombre se habían convertido en pecado radical y nada bueno se podía esperar de ellos. Aquí empezaban las diferencias con el cristianismo católico que se pondrían en evidencia en Trento (Cf.DS 1510-1516). Pero quizás tampoco se haya percibido suficientemente la dialéctica de Lutero entre la teología del pecado y de la gracia.
Vuelve Lutero a manejar la dialéctica de los opuestos. Las obras invisibles de Dios son la fuerza, la divinidad, la sabiduría, la justicia, la bondad etc.. Estas no hacen sabio ni digno al hombre porque ha abusado de ellas. "Las cosas inferiores y visible de Dios son las opuestas a las invisibles, es decir, la humanidad, la enfermedad, la locura" (cf. 1 Cor 1, 25). Por eso " ha querido Dios ser conocido por estos sufrimientos; con ello ha reprobado esa ciencia de lo invisible a base de lo visible, para que quienes no le han adorado tal como se manifiesta en sus obras lo hagan tal como se esconde en sus padecimientos" (cf. 1 Cor 1, 21).
También Lutero admite que puede reconocerse a Dios por las obras visibles de la creación siempre que se le reconozca también en sus padecimientos. Estos han servido de correctivo salvífico cuando se ha abusado de aquellos :"no basta ni aprovecha a nadie el conocimiento de Dios en su gloria y majestad, si no se le conoce también en la humildad y en la ignorancia de la cruz" . Estos matices podría establecer un puente de diálogo entre teología católica y luterana sobre la teología natural o mejor entre la teología de la creación y la theologia crucis. Estos matices pasan inadvertidos en los enfrentamientos apresurados de una y otra teología.
En esta dialéctica entre theologia crucis y theologia gloriae Lutero fundamentará la oposición entre la cruz y las obras. Así la tesis 21 afirma: "El teólogo de la gloria llama al mal bien y al bien mal: el teólogo de la cruz llama a las cosas como son en realidad" . Y razona de este modo :"Es evidente, porque al ignorar a Cristo, ignora a Dios que está escondido en sus sufrimientos. Prefiere así las obras a los sufrimientos, la gloria a la cruz, la sabiduría a la locura y, en general el bien al mal". Estos son los que Pablo llama "enemigos de la cruz de Cristo" (Flp 3,18).
En cambio, " los amigos de la cruz afirman que la cruz es buena y las obras malas". Los que aman las obras son los que pretender realizarse por si mismos, que se bastan a si mismos. Son las obras de Adán pecador. Hasta que éstas no sean destruidas por los sufrimientos no sabrán que ellos no son nada y que las obras no son suyas sino de Dios .
Se considera que la cuestión ecuménica más ardua entre teología luterana y católica reposa en la participación del hombre en la historia de la salvación y en el caso que tratamos de María por su especial condición y contribución como madre de Dios y madre de Cristo. Para Lutero son indiscutibles los axiomas teológicos que Dios es el único que obra la salvación y que Cristo es el único mediador (cf. 1 Tim 2,5) (1 Tim 2,5: "Unus enim Deus, unus et mediator Dei et hominum, homo Christus Iesus". Texto sobriamente comentado por Lutero en Vorlesung über den 1.Thimotheusbrief, 1528, WA 26, 37. Texto crucial para el Concilio Vat. II en orden a reafirmar este primado teológico-cristológico con los hermanos separados, pero al que no merma sino que pone de relieve y al mismo tiempo conduce la mediación de María. Cf. LG VIII,nros 60-62. Cf.B.GHERARDINI, La Madonna in Lutero, Roma 1967, 189-210).
Estos axiomas teológicos luteranos dependen de su manera exclusivista de entender la teología y sobre todo la soteriología cristológica. Por una parte tienen una veta nominalista y ockamista en la que para la voluntad absoluta de Dios no habría dificultad que Dios pudiese salvar a los hombres por medio de María o de un santo: nada es imposible para Dios (cf. Gn 18,14 y Lc 1,37). Pero por otro lado, en la via ordinaria, la histórico-salvífica que ha elegido no cabe ninguna mediación, cooperación o complementariedad que suponga un retoque o añadidura por mínima que sea por parte de los hombres,en la única salvación de Dios y en la única mediación de Cristo .
Ambos axiomas y toda exclusión y evacuación de lo humano en ellos proviene del "juicio tropológico de Dios" en la cruz de Cristo. Por una parte Dios condena todo lo que hay en el hombre, ante todo su pecado, pero también toda justicia humana. Por lo cual es imposible para el hombre salvarse ni tiene capacidad para ello. Todo tiene que ser y aparecer como obra absoluta de Dios. Esto es lo que Lutero viene a definir como "humildad" ontológica y soteriológica del hombre en el Magnificat, de la que María es el ejemplar más auténtico y puro (Cf. WA 3, 465: "Iuditium Dei topologicum. Et hoc est frequentisimum in Scripturis. Hoc est quo deus condemnat et condemnare facit, quicquid ex nobis habemus, totum veterem hominem cum actibus suis (etiam iustitias nostras, Isaie 64); ivi, praefatio, WA 3,13: "Tropologia est spiritum hominis non consentire suadelis et suggestioni carnis adversariae et impiorum motuum corporis peccati". Cf. GHERARDINI, 190-91)
Pero esto mismo que vemos en cualquier hombre comprendida María sucede con la misma humanidad de Jesucristo. Cuando Lutero la toma en consideración aparte de la divinidad, la humanidad de Cristo no es causa eficiente y eficaz de salvación. También ella es pura pasividad, como criatura que es, no coopera ni actúa en cuanto tal. Solo es causa total y única de salvación en cuanto se considera en la unidad personal e íntegra del Dios-Hombre. De ahí que la misma humanidad del Hijo no ejerce ningún tipo de mediación. No es nada extraño que Lutero lo lleve a sus últimas consecuencias en el caso de la madre de Dios, que es criatura .
Tal juicio de Dios sobre el hombre pecador supone un "trueque" "una identificación tropológica" con Cristo que es solamente "nuestra justicia","la justicia de Dios para nosotros". Solo se puede alcanzar por la fe, que es la forma existencial y personal, por medio de la cual toda la gracia justificante, salvífica y santificadora de Cristo en su pasión pasa a nosotros, nos la apropiamos por la fe, se hace el intercambio y la sustitución, mientras que Cristo carga con toda la condena eterna del juicio de Dios contra nosotros y cada uno de los pecadores .
El Magnificat y la dialéctica de la cruz
El Magnificat recoge un momento interesante en donde la acción de Dios en la historia de los hombre tiene dos formas de actuar: una que podríamos llamarla por "las causas segundas" (mediación creatural) y otra directamente por Dios como en la muerte de Cristo (theologica crucis). En la primera "mediante las criaturas" "Dios ayuda a los fuertes" como dice el refrán. Cuando un príncipe vence a otro o un lobo devora a una persona "Dios hace y lastima a unas creaturas por medio de otras". Dios respaldaría el orden natural con la ley del más fuerte. Pero cuando Dios actúa directamente en la historia en donde se da el doble sector de los buenos y de los malvados, de los débiles y de los fuertes, entonces aparece la inversión escatológica como se dice hoy, o para Lutero se pone de manifiesto la theología crucis, es decir, la victoria definitiva contra el pecado y la muerte. Y esto se expresa en la condición de "debilidad" de los creyentes, en situaciones de sufrimiento, opresión y martirio, donde se pone de manifiesto la segunda obra de Dios que se canta en el Magnificat por boca de María: "Ha hecho uso de la potencia de su brazo y despoja a los soberbios de corazón". Tal era la situación de impotencia en la que se hallaba Cristo en la cruz y tal fue su victoria escatológica: "precisamente entonces actuó con más fuerza, al derrotar al pecado, a la muerte, al mundo, al infierno, al diablo, a todo mal. Ahí está la explicación de la fuerza y la victoria de todos los mártires, y por eso mismo siguen todavía venciendo los sufrientes y los oprimidos". Según Lutero esto se realiza sólo en la realidad de la fe "de modo tan oculto y tan escondido, que quienes sufren la opresión no se dan cuenta de ello, sólo lo creen" .
Quizá en este extraño y paradójico doble actuar de Dios se pueda sustentar que Lutero que ha condenado toda obra humana frente a Dios permita conceder todavía valor a los imperios de todos los tiempos y del suyo también. El lo está viviendo en su propia carne: es un excomulgado del papa León X (Exurge, Domine, 1520) y un proscrito del imperio por la dieta de Worms (1521) . Quizá espera de su príncipe Federico de Sajonia su protector y a quien dedica este comentario una ayuda victoriosa de Dios contra los otros dos, el emperador y el papa, y que venga precisamente de ese actuar a través de las criaturas : del príncipe más fuerte (Magnif. 197-98: " No dice María que él destruye los tronos, sino que arroja de ellos a los poderosos; ni que deje a los pequeños en su abatimiento, sino que los ensalza. Mientras el mundo perdure, tiene que existir la autoridad, el gobierno, la potencia y los tronos. Lo que no sufre por largo tiempo es que usen mal y en oposición a Dios de todo esto para injuriar a los hombres píos, para abusar de ellos... Toda la historia, la experiencia, nos está diciendo cómo Dios eleva un trono y abate otro; encumbra un principado y abaja otro; acrecienta a un pueblo y destruye al otro, como hizo con Asiria, Babilonia, Persia, Grecia y Roma, cuando pensaban que iban a estar sentados en sus tronos por toda la eternidad. Igualmente: no destruye la razón, la sabiduría ni el derecho (porque, si ha de subsistir el mundo, es imprescindible que pervivan la razón, la sabiduría y la justicia); lo que destruye es el orgullo y a los orgullosos que se aprovechan de ello en beneficio propio, que buscan en ello su satisfacción personal, que no temen a Dios y que se sirven de estas cosas para perseguir a los buenos y a la justicia divina, abusando así de esos hermosos dones divinos y tornándolos contra Dios". . Aquí hay paradójicamente una cierta aceptación de la teología natural frente a la repulsa expresada en su theologia crucis o en Sobre las obras.
De varias maneras podía Lutero en su tiempo presentar la mediación de María. Aunque el término corredemptrix era desconocido en tiempos de Lutero, en cambio, sí era muy extendido tanto en la teología como en la piedad el tema de la mediación de María que cubría el área de lo expresado con el título anterior. De tres maneras afrontó Lutero el tema de la mediación de María, aunque no fuese más que para vaciarla de contenido católico y evitar así lo que él llamaba la idolatría: 1) la de mediatrix o mediadora (Mittlerin); 2) la de advocata o abogada (Fürsprecherin) y todavia nos queda una 3) intercesora (Fürbitterin) o la de oratrix, orante.
La primera comprende una colaboración inmediata y cercana en el mismo acto de la redención y mediación de Cristo en la cruz. Es radicalmente rechazada por Lutero porque se opone a la única mediación redentiva y soteriológica de Cristo que viene dada por las exigencias de la theologia crucis.
La segunda supone la intercesión de María para la distribución y aplicación de los frutos de la redención de Cristo. Igualmente es rechada por Lutero. Supondría que en María cabe una realidad y habilidad propia en ella fuera de Dios y de Cristo como para ejercer el oficio de abogada, ya sea hablando o ya sea intercediendo en forma de plegaria.Esto anularía su condición de criatura y por lo tanto de nulidad radical ante el solus Deus. Función, en cambio, que sólo le corresponde a Cristo en carácter de único mediador e intercesor ante el Padre por nosotros.
Y finalmente una función de intercesora al lado de Cristo (intercesión extrínseca) sin restarle nada ni a su mediación, ni a su redención ni a su intercesión y consolación en la doctrina de la sustitución soteriológica del Cristo (Stellvertretung) o de la satisfactio vicaria tan cara a Lutero. Cristo, el Hijo de Dios, el santo y el inocente sustituye al pecador. En este cambio o trueque, en esta satisfacción vicaria o sustitución de Cristo que confiere la gracia y la vida eterna al pecador no cabe ningun reemplazo o dejación. Se cierra sin fisuras entre el mismo Cristo -que carga con nuestro pecado,dolor y muerte a causa de la ley y por la ira de Dios- y el pecador .
Al primer aspecto de mediadora (Mittlerin) responde Lutero tajantemente que no le puede corresponde a ninguna criatura, ni incluso a María, la madre de Dios. Es función propia del solus Christus por múltiples razones. Expongamos algunos ejemplos y algunas de estas razones teológicas.
Ser evangélico según Lutero. María es Evangélica
Ser evangélico o cristiano para Lutero significa recibir toda la gracia y los dones de Cristo y sólo de Cristo. De modo que frente a él, fuente de la gracia y de la salvación, no hay ni Pedro ni María. Ni es Pedro más que el ladrón ni María ,la madre de Jesús más que María Magdalena. Aqui se reafirma la nulidad absoluta de la criatura fente a Dios y al único mediador Cristo.Aquí se aplica absolutamente el principio del exclusivismo cristológico y soteriológico que fuera de Cristo no hay salvación .
Tenemos otros dos ejemplos ilustrativos. En uno (sermón de Wittengerg, 17 de enero 1546) reafirma la exclusividad de la fe en la palabra de Cristo a quien el Padre manda "escuchadlo", en el carácter sustitutivo del "cordero de Dios" ofrecido por nuestros pecados, que no se puede decir "ni de María ni de los ángeles ni de Gabriel" sino sólo en el sentido de ser "redimidos en la sangre y en la muerte de su Hijo". Es cierto que "Dios puede ayudar a los hijos por medio de la madre, pero no lo quiere sino por medio de su Hijo, en el que va contenida toda confianza y esperanza" .
El otro texto más expresivo critica la idolatría practicada con María al hacerla equivalente a Cristo como madre dada por él a nosotros en la cruz. Tal énfasis en la mediación maternal de María da la impresión a Lutero que ella ha muerto por nosotros. Por eso en virtud de la theologia crucis dice: "Non mortua pro nobis, nec oravit". Debe ser honrada por nosotros, pero no hay que hacerla semejante al Hijo (Sermón del 11 de marzo 1529) ( Pred. am Sonnabend vor Oster, vormittags 27 März 1529, WA 29,243: "Ex hoc textu Maria facta es idolum. Gleich im leyden ubi Christus praedicatus et passio, hat man die mutter gepredigt et quod data sit nobis mater. Nos in omni honore habebimus quo digna, sed similem filio non faciemus. Non mortua pro nobis, nec oravit. Ehr wie du sie vilt: eo honore non honoranda quo Christus". Y añade :"hic ex Maria idolatria facta est a papistis").
Este texto está muy cerca de otro texto del Magnificat en el que ya Lutero anticipaba y marcaba la distancia radical con los papistas entre la mediación o intercesión de María y y el solus Deus en la cuestión de la donación de la gracia. Aunque no se menciona la única mediación de Cristo se sobreentiende en el solus Deus: "Es preciso mesurarse y no ensalzar su nombre hasta el extremo de proclamarla "reina del cielo", como lo es en verdad. Lo que no se puede hacer es convertirla en ídolo capaz de dar y ayudar, como lo creen algunos que la invocan y confían en ella más que en el mismo Dios. No es ella la que da, es Dios quien concede" .
Con todo hay aquí algún deslizamiento de matiz por parte de Lutero que junto con otros matices forman un conjunto de indicios por los que algunos interpretes católicos piensan que Lutero mantenía todavía cierta vía abierta a la piedad y a la teología católica, incluso en la mediación o intercesión, aunque se hayan marcado bien los límites infranqueables de la Reforma protestante. Así, por ejemplo, Flanagan y H. Schütte
((D.Flanagan encuentra vestigios todavía católicos de Lutero en su Magnificat. Por ejemplo cuando a pesar de haber protestado por el título de "Reina del cielo", que puede convertir a María en un ídolo, Lutero llega a decir de él "como lo es en verdad"(p.191).
Pero está sobre todo la manera de dirigirse a María en su oración de dedicación introductoria del comentario, que no aparecen en las ediciones de Brandeburg ni en la Calver-Luther-Ausgabe: "May the tender Mother of God herself procure for me the spiriit of wisdom, profitably and throughly to expound this song of hers, so that Your Grace as well as we all may draw from it wohlesome knowledge and a praiseworthy life and thus come to chant and sing this Magnificat eternally in heaven. In this may God help us. Amen".
Tal texto se recoge en la edición de J. PELIKAN, Luther´s Works (tr.).Concordia Publishing House, St. Louis ( U.S.A.) 1956, vol. 21, 298. Flanagan comenta: "Luther hear clearly speaks of the tender Mother of God obtaining wisdom for him. He prays that she may so do. He does, however, as if to avoid any misunderstanding of her role and in a short and significant sentence at the end of his prayer. "To this may God help us. Amen". This is presumably to ensure that people see Mary´s role corretly and understand that any gift is God´s gift not hers". Cf. D. FLANAGAN, Luther on the Magnificat : "Ephemerides Mariologicae" XXIV (1974) 177.
Tambien H.SCHUETTE, Um die Wiedervereinigung im Glauben,Essen 1961,p.162 es partidario de su compatibilidad católica de la mediación luterana del Magnificat, mientras que la reprueba por irenista GHERARDINI,o.c. 205,n.159. Para este autor católico Lutero no sacó adelante de la maternidad divina de María otros aspectos, entre ellos la mediación de María en la redención y en la intercesión, varado por los principios teológicos de la Reforma.))
En cambio,para algunos intérpretes protestantes- como Th. Süss, Düffel y otros- son reminiscencias católicas de Lutero que irán desapareciendo con el tiempo ante la aplicación rigurosa de los principios de la Reforma luterana : solus Deus, sola Scriptura, sola fides y la theologia crucis. Con todo sigue siendo una cuestión abierta en el diálogo ecuménico que debe remontarse más allá de Lutero y de las mismas diferencias de la teología católica con respecto a él. Supone una vuelta a la misma Palabra de Dios en la Escritura y a su interpretación viva y viviente por el Espíritu en la iglesia y que implica una comprensión global y coherente del misterio cristiano. Así lo están viendo algunos protestantes y católicos en el diálogo ecuménico actual.
((Cf. Th.SUSS, La mère de Jésus-Christ dans la pensée de Luther: "Positions luthériennes", 21 année n.3 (octobre 1954) 97-122. Para este autor protestante muy estricto, la permanencia por largo tiempo de la devoción mariana y de su mediación en Lutero
en la forma católica proviene de la no superación de la imagen del Cristo terrible cuya salida es refugiarse en la dulce madre de Dios hasta que descubre al Cristo todo amor, dulzura y misericordia por el pecador.
Süss hace alusión a un texto importante de Lutero del comentario de Gal 4,4 , perteneciente al curso del año 1531 que dirigió a los estudiantes. En él dice : "Moi, j'avais l´habitudine de regarder au Christ comme à notre juge. Je n´entendais jamais ce
que Paul dit ici...Je ne peux pas chasser de mon coeur ce faux Christ, je crains tojours le Christ, je m´imagine qu´il vient m´exécuter, me reprocher de n´avoir pas fait ceci o cela. C´est sous ces traits que je me suis représenté le Christ: un juge d´une exactitude et d´une sévérité sans restriction. Alors, je me réfugiais auprès de Marie et des saints" (WA 40, I, 561 s.)(p.97).
Además de la obra de Düffel ya mencionada se puede añadir H.W. BEYER, Gott und die Geschichte nach Luthers Auslegung des Magnificat, Luther-Jahrbuch 1939, S.110; W.MAURER, Von der Freiheit eines Christenmenschen, Göttigen 1949, 82ss.
Muchos trabajos de la revista "Ephemerides Mariologicae" del vol. XXIV, año 1974, están dedicados al debate ecuménico de este tema .Cf. H.CHAVANNES, La mediation de Marie et la doctrine de la participation, pp.29-38; S.BENKO, Intellectual History of changing Protestant attitudes towards Mariology between 1950 and 1967 , pp.211-268; ID., The H.Chavannes Articles, pp.269-226; W.BOROWSKY, Stellungnahme zum Muster Text von H.Chavannes, pp.337ss. Y los trabajos de H.Düffel;E.L.Mascall; L.B.Geiger; G. von Horw, etc)).
Siguiendo el hilo del pensamiento evolutivo de Lutero, éste rechaza todo tipo de mediación mariana al estilo católico porque va contra la theología crucis y "contra la profesión de fe". "Sabemos por el Evangelio -dice Lutero- que Cristo ya ha hecho todo por nosotros. No puedo,pues,decir de María que creo en ella; si lo dijese, blasfemaría de Dios. Por lo tanto sólo a Cristo se le debe rendir todo honor, porque no tenemos ningún otro mediador, ni María, ni los apóstoles, ni los profetas fuera de Cristo. Esta es la fe verdadera por medio de la cual llegamos al Padre. Y para mantenerla pura debemos guardarnos de tributar excesivos honores a María, aunque en todo libro resuene (la idea) que María es nuestra mediadora junto a Cristo, como si la pasión de él no sirviese para nada por ser demasiado lejana en el tiempo" .
No solo en el Magnificat se hace alusión a que la mediación de María trae una "merma del poder de Dios y de Cristo" sino que en otros escritos le parece que tal práctica conlleva "un robo" de índole cristológica. Así lo expresa en su lección sobre el primer libro de Moisés .
En cuanto al segundo término usado por Lutero (advocata, Fürsprecherin) no deja tampoco dudas. Es igualmente rechazado por el mismo principio del exclusivismo cristológico.
Tenemos un testimonio significativo de Lutero. Se trata de su misma madre Margarita que está enferma. Lutero le escribe el sábado siguiente a la Ascensión de 1531, y le recuerda " la cosa esencial, el fundamento de la salud,... el consuelo en éste y en cualquier otro aprieto o necesidad, es decir, la piedra angular Jesucristo, que no se quebrará ni hundirá y ni puede dejarnos precipitarnos ni perecer. Porque él es el Salvador y se llama el Salvador de todos los pobres pecadores y de todos aquellos que están afligidos por la desgracia o la muerte, si confían en él e invocan su nombre". Y despues de recordarle la victoria de Cristo sobre el mundo y la muerte, invita a su madre a alegrarse en el Señor porque no la ha dejado "en la falsa doctrina papista, que nos ha enseñado a fiarnos de nuestra obra y en la santidad de los frailes y a no tener en cuenta los consuelos del único Consolador, nuestro Salvador, al contrario a considerarlo juez cruel y tirano, a huir de él y a refugiarse en María y en los santos, sin esperar de él ni gracia ni consuelo" . Esto mismo lo deja traslucir claramente en otros lugares de sus escritos, como por ejemplo en el Discurso sobre el NT de 1520, añadido al de Las buenas obras.
Dificultades de Lutero en la visión de María como intercesora
El gran escollo que encuentra Lutero para el reconocimiento de María, no solo como advocata o Fürsprecherin sino tambien como Fürbitterin o intercesora que suplica a nuestro favor ante Dios, está en que esto conduciría a un mayor abandono de la única mediación de Cristo y al olvido de la condición de "humilde" que le compete a María como criatura. No puede suplicar como abogada porque ello supone mérito y autosuficiencia en ella. Solo desde la absoluta humildad con la que María se pronuncia en el Magnificat puede interceder.
Lutero ha paralizado de María en la historia de la salvación cuanto ha reconocido en ella de gracia superior a todos por su carácter de Theotokos. A la hora de mediar e interceder entre Dios y el hombre en Cristo no cuenta nada la Theotokos. Por el contrario, piensa que no debe desprenderse con el tiempo por ser su madre una tal veneración hasta llegar a ser mediadora e intercesora (mitleryn und fürsprecheryn). Lutero dirá tajantemente: " solo él (Cristo) debe mediar entre Dios y el hombre, no María" .
No parece que María tenga en la piedad y en la teología de Lutero con el andar del tiempo más cabida en cuanto a la intercesión que los demás santos, a pesar de que haya algunas expresiones primerizas, salpicadas por sus obras, favorables a ella .
En el comentario al Magnificat son contadas las alusiones expresas a la teología de la cruz, no así el fondo que respira. Pero tenemos una que por su esclarecedora luz la citamos aquí: "Por eso nos ha sometido Dios a todos a la muerte y ha regalado a sus amadísimos hijos y cristianos la cruz de Cristo, juntamente con inumerables sufrimientos y necesidades; permite a veces hasta que se caiga en pecado para tener que mirar él con frecuencia a los abismos, para ayudar a muchos, para obrar incontables cosas, para manifestarse como creador verdadero" .
Y hay otra cita en donde Lutero compara a María con la cruz y aunque de cada uno de los dos se dice en sendos himnos de la iglesia que "mereciste llevarlo" (al Salvador) -como en el himno mariano pascual Regina coeli - se desprende de la comparación que tampoco hay merecimiento en María "como no podía haberlo en una madera" .
Lutero llega a esta desafortunada comparación en primer lugar por destruir todo mérito humano ante la sola gracia de Dios. Pero también por haber perdido de vista la analogia entis y haber reducido persona y árbol a la radicalidad de la criatura que es "nada" ante Dios. Así ha minusvalorado la teología de la creación que todas las cosas hechas por Dios son "buenas", pero que solo el hombre y mujer son "a imagen y semejanza de Dios" y por lo tanto sus compañeros de diálogo y de cooperación. Desde ahí no ha sabido pasar a la analogia fidei entre la madre y la cruz, dos modos radicalmente distintos de llevar a Cristo. Uno por la libre y consciente cooperación en fe y amor a la gracia de Dios como no lo hizo nadie en la historia de la salvación: María. Y otro por su forma simbólica, pasiva e inerte de llevar el misterio : el madero de la cruz.
¿Ha pecado María según Lutero?
Cuando Lutero escribe el cántico no sospecha que María, "la dulce madre de Dios" o "bienaventurada virgen María" como le llama, haya conocido ninguna clase de pecado, ni venial, ni mortal ni original, sino que a pesar de no ser dogma todavía y conociendo la fuerte discusión en la iglesia católica de su tiempo, mantiene su santidad integral, su concepción inmaculada. Para el tema de la inmaculada concepción en Lutero y su posterior evolución, cf.M.GESTEIRA, María en la Reforma,, en Nuevo Diccionario de Mariología (=NDM), Ed. Paulinas (Madrid 1988) 1695. La gracia del Espíritu para ser madre de Dios, la fe a toda prueba de María y su gran humildad le habían preservado de todo pecado. Pero esta expresión de Lutero -"permite a veces hasta que se caiga en pecado para tener que mirar él con frecuencia a los abismos"- no es la expresión más atrevida y menos cristiana de él. En otra ocasión pronunció otra más fuerte :"pecca fortiter y crede fortius" que podía sonar a blasfemia.
Sin embargo, más adelante Lutero, perdiendo el impulso del fervor primero a la madre de Jesús, expresado en el cántico del Magnificat, abre el portillo al reconocimiento de pecado de María para que en ella se verifique tambien el estado de pecadora y deudora de la sola gratia Dei et Christi. Lutero, desaficionado de la piedad mariana de su infancia y juventud que todavía permanece viva en el Magnificat por la radicalidad de su Reforma, se irá separando cada vez más de la gracia santificadora de Dios en María y de la fidelidad de ésta en su fe humilde llena de amor a Dios y a su Hijo. Cada vez mostrará más el grado de opinión cambiante en lo de la inmaculada concepción y en la relación de María con el pecado. Como Orígenes hizo con otros pasajes conflictivos donde María aparecía implicada en el escándalo de cruz, a pesar de reconocerla como la discípula perfecta así Lutero llegará a interpretar la escena de la pérdida de Jesús en el templo (Lc 2, 41-50) como un pecado personal grave de María y su hallazgo como una recuperación de la gracia .
Pero María en el cántico es una conocedora y experta de la theologia crucis por una experiencia peculiar de Dios y de la Palabra, obra e iluminación del Espíritu. Esta experiencia de Dios en María se opone a la theologia gloriae que es la del hombre pecador, racional y seguidor de la filosófica de este mundo. Y tal experiencia de María es el origen de su santidad integral desde el principio hasta el fin por su fe y humildad, tal como se refleja en el Magnificat .
El principio hamartiológico del pecado del hombre que se refleja y se expresa en sus obras -"mira hacia arriba"- que dominó toda la etapa teológica de Lutero desde el principio hasta el fin no parece acusar y caer como una sentencia sobre la madre de Jesús. La hybris u orgullo, fuente de todos los pecados del hombre que conduce a su idolatrización, no parece afectar a María por su humildad y por la especial gracia de Dios. María está preservada de esta esfera hamartiológica, pero no así los cristianos de la iglesia católica que emprenden una carrera de idolatrización con María, al dirigirse a ella como a una diosa. Le atribuyen funciones que son propias de Dios como ser "auxiliadora y abogada" de los cristianos. Acuden a ella como la dispensadora de la salvación. Critica como excesos los títulos que se le dan a María en la antífona Regina coeli, llamándola "reina del cielo", con peligro evidente de idolatrización. Pero sobre todo lo que más le repugna a Lutero es que se diga: "que mereció llevar a su Hijo". No ve la culpa en María sino en la Iglesia idolatrizadora, que no respeta la humildad de María.
Esta crítica de Lutero a la misma piedad mariana medieval que él tambien bebió y que en sus mejores aspectos lo refleja aquí, solo se puede subsanar con una correcta pneumatología, ya que María ha ocupado funciones del Espíritu Santo como Paráclito, al quedar éste en la historia salvífica como deus otiosus en amplios sectores de la teología escolástica y en la piedad popular fomentada por los predicadores de la época. Pero a su vez se puede ver en ella una persona configurada por el Espíritu (pneumatoforme y pneumatófora) como el mismo Lutero reconoce al definirla como una persona que posee la gran experiencia y sabiduría del Espíritu .