Mujeres 5. "Sacerdotes" monógamos, casados con buenas mujeres (1 Tim, Tito).

Así lo mandan las Cartas Pastorales: Sólo pueden ser "sacerdotes" los bien casados; el buen matrimonio monógamo es la escuela o seminario para los ministros de la Iglesia .

-- Una "escuela paulina" avanzó hacia el gnosticismo, disolviendo de algún modo la novedad histórico-social del evangelio en una especie de espiritualismo universalista desligado de la historia (en la línea de Col).

-- Otra escuela paulina se concretó Lc-Hech y en las pastorales (1 y 2 Tim; Tito), optando "buen" patriarcalismo del amor, con sacerdotes (ministros) casados, monógamos, esposos de buenas mujeres ejemplares (que han de callarse en la Iglesia).

En esa segunda línea nos situamos, a comienzos del siglo II, unos 40 o 50 años después de la muerte de Pablo.

Estamos en un mundo complejo. Una parte de las iglesias paulinas han tenido que reformular sus visiones sociales, su forma de entender al varón y a la mujer, con sometimiento de la mujer (cosa que no siempre logran). En ese contexto se sitúa el mandato de que los ministros de la iglesia han de ser "patriarcas" bien casados.

(Con mucho humor y libertad, que en otros casos no ha tenido, la Iglesia Católica posterior ha ignorado y/o rechazado ese mandatos de 1 Tim y del conjunto de las pastorales, pero sólo en este campo de los curas casados).


Patriarcalismo del amor. Ministros casados y varones

Desde ese fondo ha de entenderse la visión de la mujer, a la que nuevamente se interpreta en la línea de eso que suele llamarse patriarcalismo del amor. Ciertamente, sigue influyendo, poderoso y siempre nuevo, el mensaje de libertad de Jesucristo; pero ahora se entiende en el contexto de una naueva estructura eclesial, desde unos presupuestos sociales que parecen llevarnos nuevamente al judaísmo. Se apaga ya el ardor mesiánico de Gal 3, 28 y de la llamada universal al celibato de 1 Cor 7. Se silencia el misterio cristológico del amor matrimonial que está en el fondo de Ef 5 y pasan a primer plano las urgencias de un orden eclesial fundado en la buena administración patriarcalista de la comunidad.

Es necesario que el obispo (supervisor) sea irreprensible,
marido de una sola mujer, sobrio, sensato, educado, hospitalario. . .
Que gobierne bien su propia casa y mantenga sumisos a sus hijos
con toda dignidad, pues si alguno no es capaz de gobernar su propia casa
¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios? (1 Tim 3, 1-5)


Te dejé en Creta, para que organizaras rectamente lo restante y designaras presbíteros en cada ciudad, como te mandé: alguien que sea irreprensible, marido de una mujer, con hijos creyentes, no acusados de disolución ni rebeldía (Tito 1, 5-6).


La comunidad cristiana aparece así como una gran familia: una especie de iglesia doméstica donde el obispo (o dirigente) es un padre que sabe ampliar hacia el conjunto de los fieles su tarea de administración doméstica. Evidentemente, queda atrás el entusiasmo apocalíptico de 1 Cor 7 donde Pablo deseaba el celibato para todos los creyentes. Han aparecido "falsos doctores" que prohíben el matrimonio como contrario al evangelio; en reacción, los guardianes del evangelio han "impuesto" el matrimonio para todos los dirigentes de la iglesia (en contra de lo que hará después la tradición romana).

-- Los ministros han de ser patriarcas monógamos (con una sola mujer). El texto se puede referir a los ministros viudos (que no pueden volverse a casar...). Pero también puede referirse a los "polígamos". En aquel contexto judío, entre los hombres ricos podía haber polígamos... I Tim prohíbe expresamente la poligamia de los ministros.

Las mujeres de los ministros

Las mujeres (de los ministros) igualmente deben ser dignas, no calumniadoras, sobrias, fieles en todo (1 Tim 3, 11).

Que las ancianas (presbíteras: Mujeres de los ministros) asimismo sean en su porte cual conviene a lossantos: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, maestras del bien, para que enseñen a las jóvenes a ser amantes de sus maridos y de sus hijos, a ser sensatas, castas, hacendosas, bondadosas, sumisas a susmaridos, para que no sea injuriada la Palabra de Dios (Tito 2, 2-5).


Se trata aquí de las "mujeres de los ministros" (es decir, de las "presbíteras"), que tienen un tipo de oficio esencial en la iglesia (como han puesto de relieve muchas iglesias protestantes, donde la mujer del Pastor "la Frau Pastor" ha gobernado de hecho las comunidades. Éste es un tema en el que la Iglesia Católica posterior no ha entrado: No ha dado una "autoridad" social y eclesial a las "amas de llaves" de los clérigos célibes.

Desde este presupuesto vuelve a presentarse a la mujer en general como subordinada:

La mujer oiga la instrucción en silencio, con toda sumisión.
No permito que la mujer enseñe ni que domine al varón. Porque Adán fue formado primero y Eva en segundo lugar. Con todo se salvará por su maternidad, mientras persevere con modestia en la fe, en la caridad y en la santidad (1 Tim 2, 11-15).


El autor de la carta, que se sitúa en la misma línea de la glosa de 1 Cor 14, 34-35 (sea cual fuere la manera de entenderla), reinterpreta de un modo restrictivo unos textos de Pablo (1 Cor 11, 3. 8-11) y toma a la mujer como alguien que debe comportarse de manera puramente receptiva dentro de la sociedad y de la iglesia. Ciertamente, la mujer es persona en el sentido radical de la palabra (es capaz de fe, amor y santidad); pero su oficio o trabajo personal está centrado en la obediencia (está sometida al marido) y la maternidad (es imagen de Dios como portadora de vida y se salva por su maternidad).

Profundizando en el tema

En las iglesias de las que hablan las cartas pastorales había quizá diaconisas, como puede suponerse a partir de 1 Tim 3,11 (en otras iglesias había incluso presbíteras), como después en la iglesia de oriente (en especial para el bautismo de mujeres), aunque el contexto patriarcal nos invita a ser cautos: el texto podría referirse a las esposas de los diáconos. Sea como fuere, esta iglesia ha perdido la libertad de Jesús (presente en Pablo, Marcos y Juan) respecto a las mujeres: así reaparecen y aumentan las diferencias de varones y mujeres, marcando así el camino de la iglesia posterior.


--Las mujeres se vuelven auxiliares de los hombres, no tienen autoridad propia, es decir, "palabra" (la palabra es la autoridad. Así se dice:
Las mujeres callen en la iglesia (1Tim 2, 11-15). Ellas aparecen como sexo pecador: han pervertido a Adán; por eso están condenadas al silencio comunitario, sometiéndose a sus maridos, que aparecen como portadores de la palabra de Dios para ellas. En esta línea se sitúa la glosa de 1Cor 14, 33-36.

El orden de las viudas.

Lógicamente, en 1 Tim no hay lugar para el celibato de la mujer, es decir, para su vida en libertad (para su autonomía). La mujer joven no tiene más misión que el matrimonio. Sólo de esa forma, sometida al marido y entregada a la educación de los hijos, ella aprende a ser persona. Dentro de esa misma perspectiva, nuestro autor plantea el tema de las viudas.

Pero puede haber viudas con un ministerio diaconal. Dentro de la comunidad hay un grupo significativo de mujeres que ha perdido a sus maridos y se encuentran en relación muy especial con el conjunto de la iglesia. Entre ellas pueden darse cuatro casos que el autor distingue con toda precisión:

- Si las viudas son jóvenes deben casarse de nuevo, como si fueran solteras normales, pues de lo contrario "andan ociosas, van de casa en casa, se entrometen en todo y se ponen en peligro de caer en la lascivia" (cf 1 Tim 5, 13-15). Que se casen pues, que se sometan al marido y eduquen a sus hijos.

- Si las viudas son mayores y tienen familia cristiana han de confiarse a sus parientes. Aquellos hijos o nietos que no cuidan a sus familiares ancianos "reniegan en el fondo de la fe" y son peores que los no cristianos. Por eso, normalmente, muchas viudas viven con su propia familia (cf 1 Tim 5, 4. 8. 16).

- Las viudas mayores que están abandonas y no tienen familia que las quiera o pueda cuidar serán atendidas por el conjunto de la comunidad (1 Tim 5, 16) que se convierte para ellas en auténtica familia. Por eso, han de quedar en manos de Dios (cf 1 Tim 5, 5) dejando que la comunidad cristiana les sostenga.

- Hay, en fin, un cuarto tipo de viudas dedicadas a funciones eclesiásticas. Son aquellas que han cuidado bien de la familia, se han mantenido en fe y honestidad y, al final de su existencia, sin marido a quien cuidar, y, teniendo todavía fuerza para ello, quieren ponerse al servicio de la iglesia. Ellas forman una especia de comunidad asistencial, encargada de las obras sociales de la iglesia: han de socorrer a los atribulados, formando así una especie de grupo especial de ancianas (tendrán más de 60 años) liberadas (1 Tim5, 9-10).

Conclusión

Pablo había deseado que todas las mujeres jóvenes quedaran solteras para ocuparse del Señor (es decir, para el servicio de la iglesia) como hemos visto en 1 Cor 7. Así quería construir una nueva y más intensa comunión de liberados donde varones y mujeres, viviendo en libertad de amor y superando el deseo de la carne, pudieran dedicarse plenamente al Cristo, para agradarle en todo y para suscitar así sobre la tierra un germen de nueva humanidad abierta al amor universal.

1 Tim ha invertido esa visión, oponiéndose con fuerza al entusiasmo escatológico (y celibatario) de Pablo. Sabe que varones y mujeres son muy débiles. Ciertamente pueden confiar en Cristo pero, al mismo tiempo, viven sometidos a las fuerzas e impulsos de la carne. Por eso no tienen más remedio que expresar el evangelio y su esperanza a través del orden de la naturaleza, en el amor del varón y la mujer interpretados de manera patriarcalista.

Ciertamente, nuestro i Tim y Tito no exige que todos los varones se casen pero supone que han de hacerlo y manda que sólo los casados con una sola mujer (monógamos patriarcales, buenos dirigentes de su familia) puedan ser ministros de la iglesia (1 Tim 3, 2. 8-13). Por eso, la forma de vida "ideal" o más perfecta no es el celibato sino el matrimonio.

Esta exigencia de matrimonio se acentúa en relación a las mujeres: todas deberán casarse para cumplir así el mandato de la creación y para madurar como personas. Sólo en caso extremo puede haber dentro de la iglesia mujeres liberadas para el servicio de la comunidad. Ellas deben cumplir las siguiente condiciones:

-- que sean viudas (educadas ya a través del matrimonio)
-- y que hayan cumplido más de sesenta años (que esté apagado su deseo sexual). Sólo entonces la iglesia puede inscribirlas como viudas, para el servicio de la comunidad (1 Tim 5, 9) .
Volver arriba