Resurrección (2). Mutación personal, evolución

Unos la ven como impulso, otros como escollo, unos como ayuda, otros como dificultad para la fe.
Por eso, queremos empezar evocando algunas interpretaciones significativas del siglo XX que ofrecen como un arco-iris o luz multicolor en torno a ella.
- Quiero recordar en este contexto a los teólogos protestantes más significativos (en el campo exegético), que afirman que Jesús ha resucitado "en la palabra"... o que la resurrección es una forma de expresar que la cosa de Jesús sigue adelante.
--Hablo después de una resurrección de Jesús "en persona" (como expresión del nuevo valor personal de ser humano, que se expresa en Jesús).
-- Relaciono la resurrección con un tipo de evolución y mutación humana... Dejo así los temas puramente teológicos para más adelante. Buena reflexión a todos.
1. Resurrección: futuro no cumplido... Invención simbólica cristiana (A. Schweitzer).
He presentado ya alguna vez en este blog la postura de A. Schweitzer, que concibe a a Jesús como Mesías Designado, que debía asumir y cumplir en su persona los sufrimientos del Siervo, al fin de los tiempos, para volver después glorioso (=parusía) e instaurar su reino en Jerusalén donde le esperarían los discípulos. Pero Jesús entregó su vida, le mataron, pero no volvió como había prometido, y sus discípulos, cansados de aguardar, trasformaron su obra, fundando la iglesia.
El cristianismo entero, hasta el día de hoy, habría sido un esfuerzo por interpretar ese no-cumplimiento de la esperanza apocalíptica de Jesús. En sentido superficial, no se cumplió su mensaje, pues no volvió. Pero en un sentido más hondo ha sido y es verdad definitiva, porque su esperanza de futuro alimenta nuestra experiencia actual de vida: Jesús no ha vuelto sobre las nubes del cielo, pero está presente como inspirador de la más honda moral que impulsa y sostiene la vida de los hombres. Así lo descubrieron sus seguidores, en unas experiencias visionarias por las que sintieron que se hallaba vivo (en espíritu) y les encargaba realizar su obra. Confortados e impulsados de esa forma, sabiendo que Jesús no volvería externamente a resolver sus dificultades, ellos mismos debieron resolverlas, a través de una iglesia, por la que, conservando la fe judía en la resurrección final que Jesús había proclamado, expandieron su experiencia ética de gratuidad a todo el mundo antiguo. De esa forma nació el cristianismo, como adaptación mística de la figura y obra de Jesús.
Esta interpretación de Schweitzer sigue siendo fascinante: la experiencia pascual de los discípulos debe situarse en el espacio de esperanza escatológica judía, modelada de manera radical por la fe en el Cristo. Pero, en contra de ella, debemos afirmar que la iglesia no ha nacido simplemente del retraso de la parusía (de una decepción), sino de la riqueza del mensaje y vida de Jesús, como seguiremos indicando
2. Resucitado en la Palabra, la cosa de Jesús sigue adelanta (R. Bultmann, W. Marxsen).
También Bultmann habla de un retraso de la parusía: Jesús no ha vuelto en la forma en que le esperaban muchos de los suyos, como triunfador apocalíptico, pero ha dejado su Palabra o, mejor dicho, está presente en ella, como signo de la gracia de Dios. Así podemos decir que ha resucitado y sigue actuando en el mensaje, que no es recuerdo de un pasado, ni argumento moralista, sino experiencia salvadora, que incluye estos dos rasgos primordiales: Dios proclama en la cruz su juicio sobre el mundo; Jesús resucita en el kerigma o Palabra de la iglesia
Esta visión de Bultmann nos parece muy valiosa, pero corre el riesgo de ignorar a Jesús como persona histórica, convirtiéndole en puro signo de encuentro entre Dios y los humanos. Es buena su insistencia en la Palabra, como experiencia de resurrección, pero ella no basta si no se recuperan los otros rasgos de Jesús, vinculados a su entrega a favor de los demás. Siendo comunión de Dios con los hombres (palabra, kerigma), la resurrección es un momento real del despliegue de Jesús, Persona mesiánica en la historia.
Siguiendo a Bultmann, pero destacando la acción mesiánica de Jesús, Marxsen interpreta la pascua como garantía de que su causa (cosa) sigue adelante. Quisieron pararla en la cruz, pero no lo consiguieron. Más que la Palabra entendida en forma existencial importa el triunfo de la salvación de Jesús, que ha convocado a los humanos para la fe y la vida escatológica: lo que importa es su camino y proyecto de Reino y así lo quieren garantizar las dos imágenes pascuales: Jesús ha resucitado de los muertos (visión más apocalíptica), Dios le ha exaltado (visión más teológica).
Esas imágenes no querrían expresar un retorno de Jesús (resurrección objetiva), como si él hubiera vuelto a nacer en otro mundo o se encontrara "sentado" junto a Dios, para volver al fin al fin de los tiempos, sino que simbolizan la verdad del evangelio: la vida de Jesús sigue siendo salvadora; el don de Dios permanece, la existencia es gracia. También esta perspectiva nos parece buena, pero se encuentra sujeta al reparo anterior: sigue separando el destino de Jesús de su persona; también aquí, al final, Jesús desaparece.
3. Resucitado en la humanidad, cristología sin Dios (H. Braun).
La resurrección no avala el mensaje de Jesús (Bultmann), ni la causa del evangelio (Marxsen), sino el valor de la humanidad, de manera que es un símbolo del don y exigencia, que forman la verdad del hombre, abierto por gracia (como regalo de vida) a la comunión de amor entre los humanos: ella indica y evoca la grandeza de la vida humana y se concretiza en el amor de unos a otros. Jesús fue un hombre auténtico: vivió lo que enseñaba, encarnó su mensaje; no se limitó a decía, sino que realizó lo que decía, muriendo por ello.
“Su compromiso capacitó y animó a un recto amor al prójimo a aquellos que estaban a punto de renunciar a sí mismos”; así lo descubrieron y expresaron sus discípulos, en las formas teológicas (sacrales) propias de aquel tiempo, afirmando que había resucitado de los muertos. La resurrección es por tanto una forma simbólica de expresar la autoridad mesiánica de Jesús. Tomada de manera literal, ella es una afirmación mitológica. Mirada como símbolo, ella ratifica la autoridad humana de Jesús, a quien podemos ver, en estos tiempos de muerte de Dios (siglos XX y XXI), como fuente y garantía del valor de la existencia humana.
Schweitzer, con Bultmann y Marxsen interpretaban la pascua de Jesús en perspectiva teológica, como signo de la acción futura o presente de Dios. Braun, en cambio, prescinde de Dios, para destacar la gracia y tarea de Jesús (amar y ser amado), en claves de pura humanidad. Pues bien, en contra de ello, por fidelidad al evangelio, defenderemos una visión personalista, histórica y teológica de la resurrección de Jesús, inseparable de su persona e historia
4. Pascua, realidad, experiencia y encuentro personal.
Como venimos indicando, Jesús ha proclamado la llegada del Reino de Dios y lo ha relacionado con la venida de un Hijo de Hombre (un humano) escatológico. Por eso, en contra de Braun, la antropología no puede separar de la teología. Además, la esperanza futura (apocalíptica) de Jesús resulta inseparable de su experiencia sapiencial y carismática... En ese sentido podemos y debemos hablar de una resurrección personal y eclesial (y escatológica) de Jesús.
La iglesia más antigua presenta a Jesús como Aquel que ha de venir, pero, al mismo tiempo, sin solución de continuidad, le descubre y canta como Señor glorificado que sustenta la vida los fieles y la misma realidad del mundo (cf. 1 Tes 1, 1; 2, 14; 3, 8. 11; Flp 2, 6s; Col 1, 18-20; 1 Pe 3, 18-22;1 Tim 3, 16). No le ve simplemente como Mesías escondido que retornará al final, sino como amigo y salvador presente a quien sus fieles invocan: Marana-tha, Señor ven (1 Cor 16, 22), porque han experimentado ya su presencia.
En esa línea, por encima de las consideraciones quizá abstractas de futuro y presente, debemos afirmar que Jesús resucitado viene en persona a su comunidad como portador y principio de amor. Han podido cambiar y cambiarán los proyectos y esquemas teológicos de su comunidad. Lo que estaba presente desde el principio, para afianzarse al correr de los años, es la certeza que Flavio Josefo expresó diciendo: "aquellos que antes lo habían amado no dejaron de hacerlo" (Ant 18, 64). La pascua ha sido una experiencia de amor y presencia personal: "me amó y se entregó por mí" (Gal 2, 20).
5. Resurrección, mutación humana.
Gerd Theissen ha empleado categorías evolucionistas que pueden ayudarnos a centrar mejor los temas, situando la resurrección dentro de aquel proceso en que los hombres pueden superar la selección violenta de la naturaleza, sin caer en otras formas de violencia cultural, centradas en el sacrificio del chivo emisario y la expulsión de los más débiles o los diferentes.
Jesús fue víctima de una violencia, que se expresaba en la multitud unida y se concretizaba a través de las autoridades legales (sacerdotes y soldados). Pues bien, los mismos discípulos que le habían abandonado en la muerte (por traición o negación) le "vieron" después, redescubriendo el valor de su mensaje, que nosotros podemos redefinir en términos de mutación y evolución.
El Nuevo Testamento no habla de una mutación pascual, pero mira a Jesús como Hombre nuevo, a cuya imagen debemos transformarnos (1 Cor 15, 44 ss), como anti-tipo del primer Adán (Rom 5, 12 ss), punto de partida de un proceso de transformación de las condiciones primordiales de la vida humana (2 Cor 5, 17). La mutación de pascua ratifica los principios de gratuidad de Jesús, que se opuso al triunfo “selectivo” de los fuertes-ricos, ofreciendo el Reino a los expulsados del sistema, cojos-mancos-ciegos, impuros y pobres.
La resurrección viene a mostrarse así como adaptación de los creyentes al Dios de Jesús, que ofrece espacio de vida y esperanza a los antes expulsados de la vida y esperanza. En este contexto se plantean las preguntas primordiales. ¿Puede surgir de hecho una sociedad como aquella que Jesús buscaba, donde los fuertes no triunfen a costa de los débiles sino a favor de ellos, una sociedad donde los perdedores actuales ya no pierdan, sino que sean vencedores, pero ofreciendo un espacio de comunicación y vida para todos, sin crear nuevas opresiones?
Así lo afirman los cristianos al hablar de la resurrección de Jesús y la van entendiendo no como experiencia de huída (este mundo acaba) o revancha apocalíptica (vendrá Dios a juzgar...), sino como signo y principio de nuevo nacimiento. De esa forma, la misma resurrección que en un primer momento pudo parecer una señal del fin del tiempo (viene Cristo, acaba todo) viene a mostrarse como principio de Reino, esto es, como nuevo nacimiento en gracia y esperanza, para todos los humanos.
Estas categorías de tipo evolutivo no pueden tomarse de manera filosófica, como si la vida tendiera por sí misma hacia su plenitud, sino desde una perspectiva cristológica, es decir, como expresión de un cambio mesiánico.
1. Desde un punto de vista científico, la evolución, que se despliega según normas de azar y necesidad, sin que podamos apelar a ningún tipo de finalidad interior o teleología, parece abierta y nadie puede asegurar hacia dónde se dirige: no sabemos si tendemos hacia una catástrofe biológico-social (que llevaría a la destrucción de la misma especia humana) o si podremos avanzar hacia un futuro de nueva humanidad más sabia y fecunda, en gracia y felicidad personal. La ciencia no sabe y el evangelio no puede plantear ni resolver sus problemas a ese plano.
2. Sin embargo, fundados en la experiencia pascual de Jesús, los cristianos deben apostar por la esperanza. Así pueden afirmar que el surgimiento y proceso de la vida ha sido un golpe de gracia, guiado por la mano de Dios, para añadir que también Jesús ha sido una culminación de esa gracia, una experiencia inverosímil, pero cierta, de gratuidad, el descubrimiento de una vida que se despliega en amor y esperanza a favor del Reino, es decir, de la reconciliación humana.
6. A modo de conclusión
Gracia de Dios es todo nacimiento humano, apuesta de libertad y vida personal, como saben los padres que ofrecen al niño no sólo una vida animal, sino una experiencia gratuita de afecto y palabra. Así lo ha querido destacar Jesús cuando compara el Reino de los cielos con los niños (cf. Mc 9, 33-37; 10, 13-16 par) cuya vida está en manos de los otros. Gracia de Dios nos parece también la muerte de aquellos que van dando la vida por los otros, confiando en el Dios de la vida y descubriendo la existencia de una nueva dimensión de vida pascual que define lo que somos, podemos y esperamos.
En este contexto de trascendimiento biológico y apertura a una nueva dimensión de realidad queremos situar nuestra visión de pascua. Por eso nos parecen cortas las perspectivas hermenéuticas que destacaban el retraso de la parusía (Schweitzer), o la experiencia de Jesús como Palabra (Bultmann) o el valor antropológico de la resurrección (H. Braun), a pesar de sus valores. Afirmamos con H. Braun pero en ese mismo valor descubrimos el rostro y presencia de Dios. Teniendo esto en cuenta pasamos ya a los relatos de la tumba vacía y las apariciones.
7. Ampliación y ejercicios.
Hemos situado el tema de la resurrección de Jesús en el trasfondo de algunas interpretaciones significativas del último siglo, de Schweitzer a. Theissen. En este contexto podríamos hablar de otras posturas, de tipo racionalista puro (no admiten resurrección) o místico (la resurrección es simplemente Dios). Desde ese fondo se pueden plantear otras preguntas:
1. ¿Qué piensan nuestros amigos no cristianos sobre la resurrección de Jesús? ¿La toman como símbolo antropológico, como experiencia visionaria de los primeros discípulos? ¿Seríamos capaces de mostrarles la relación que ella tiene con el mensaje del Reino y con las curaciones que Jesús había realizado?
2. Buscar otras posturas significativas al lado de las indicadas (de Schweitzer, Bultmann etc). ¿Hay trabajos o experiencias importantes sobre la resurrección? ¿Cómo plantear su novedad desde una perspectiva biológica, cultural y espiritual? ¿Qué aportar el mensaje pascual en nuestra situación? ¿Debemos insistir en el valor de la Palabra o afirmar, más bien, su carácter antropológico y social?
¿Dónde recibe sentido la resurrección? Posiblemente, la resurrección no pueda plantearse en un contexto teórico, sino vital, desde una perspectiva de compromiso cristiano a favor de los excluidos y enfermos o desde el centro de una celebración litúrgica? ¿Por se dice que bautismo y eucaristía son experiencias pascuales?