El descubrimiento de la simplicidad

(AE)

Quizás quien haya pasado por esta experiencia sabrá de qué estoy hablando. En un mundo que cada vez se hace más complicado e inhumano, donde priva más el tener que el ser, donde sufrimos de tantas dolencias imaginarias y de tantas presiones impuestas por nuestra ambición, nuestra cultura y nuestra prisa es todo un lujo el poder experimentar la vida en su esencia más reducida.

Incluso personas que han venido a África por una pequeña temporada han podido experimentar algo de lo que les digo. Ya que en los rincones y poblados más perdidos de África no hay grandes entretenimientos, ni electricidad, ni televisión… uno tiene que saborear otras cosas más prosaicas del día a día y por eso los eventos más ordinarios pueden tener un cariz mucho más profundo y sabroso. Quizás sea por eso que la simple experiencia de una noche estrellada, enfrente de un fuego y con alguien que sepa contar una buena historia es algo único e inenarrable que no se paga con dinero. Cuando he estado incomunicado por meses, tengo que confesar que hay montones de cosas que no he echado de menos… o quizás también por el hecho de tener durante un tiempo una dieta mucho más reducida o un pobre abastecimiento de agua potable te hace apreciar lo que de verdad vale una buena comida, una bebida refrescante, o un grifo de agua que obedientemente hace su servicio sin tener que andar grandes distancias para poder disfrutar del líquido elemento.

Alguien me decía recientemente en un viaje por Sudán: “hay que ver lo bien que se puede duchar uno con un cubo de agua”… Descubrimientos como esos te enseñan que hay muchas cosas que no disfrutamos lo suficiente. El agua es una de ellas… El tiempo quizás sea otra. En Occidente vivimos intensa y apresuradamente, pero eso no quiere decir que vivamos más… quizás sea cuestión no de añadir más actividades a la vida, sino de vivir la vida en su simplicidad, a otro ritmo y disfrutando su verdadero sabor. Cuántos turistas se preocupan más de tomar la foto ideal del monumento o del paisaje en cuestión sin pararse ni siquiera un minuto a disfrutar la maravillosa oportunidad de estar delante de ese monumento o paisaje… parece como si la inmortalización del lugar (inmortalizado ya tropecientas veces y por mejores fotógrafos) fuera más importante que el disfrute y la percepción del mismo.

Por eso, aquí encuentro que la vida tiene otro ritmo y esta manera diferente de ver la realidad me invita a cambiar mis esquemas. No quisiera caer en una visión completamente idealizada, pero creo que es bueno dejarse desafiar por un mundo diferente. Creo que muchos de los fundamentalismos (religiosos o no) que se ven hoy por el mundo no son sino reacciones de miedo ante la diversidad, ante lo desconocido. Por eso se dice tradicionalmente que a quien viaja se le abren los ojos porque ve más allá de la realidad cotidiana y normal. Toda una bendición para quien tiene la suerte de ir más allá de sus fronteras.
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