La dura vida de la ciudad en África ( y II)

(JCR)


El recientemente fallecido escritor Ryszard Kapuscinski describe muy bien una situación frecuente en los países pobres que él denomina con la expresión "desarrollo de enclaves". No he encontrado nada mejor que describa la miseria de las ciudades africanas. Cito textualmente:

"Cuando nos encontramos en un país con un alto grado de desarrollo, en una Holanda o en una Suiza, nos llama la atención el hecho de que toda la realidad material que nos rodea está igualmente desarrollada: las casas aparecen limpias y pintadas, no faltan cristales en las ventanas, el asfalto de las carreteras es liso... los faroles de las ciudades están encendidos y la hierba de los céspedes, bien segada. El país con un desarrollo de enclaves ofrece un paisaje muy distinto. Allá un lujoso banco está rodeado de casas desconchadas; un elegante hotel está en medio de unas calles sucias flanqueadas por chabolas; saliendo de un aeropuerto iluminado se entra en la oscuridad de una ciudad lóbrega y nada acogedora; junto al brillante escaparate de una tienda de Dior, aparecen los sucios, vacíos y oscuros escaparates de las tiendas autóctonas; junto a unos cochazos imponentes, circulan unos autobuses urbanos viejos, malolientes y atestados de gente. Y todo esto se debe a que el capital (principalmente extranjero) se ha construido sus perfumados y fulgurantes oasis, esos perfectos enclaves en cuestión, pero en cuanto al resto del país ni puede ni piensa desarrollarlo" (El Imperio, pp.349-350).

Nada mejor describe la situación de una ciudad africana como Kampala. Mientras el país se prepara a marchas forzadas para celebrar la cumbre de la Commonwealth en noviembre de este año se construyen hotelazos de lujo y lujosas (y a veces extravagantes) decoraciones en las calles, pero en los arrabales de Kampala la basura está en enormes montones sin recoger por calles. Hace dos meses unas lluvias torrenciales provocaron inundaciones que aislaron barrios enteros. Lo peor fue que las aguas arrastraron la basura y los desechos de las letrinas que salieron a flote. El resultado fue una epidemia de cólera que afectó a casi mil personas. Y podría haber sido mucho peor.

En Kampala hay un casino de lujo, restaurantes japoneses, coreanos, indios, belgas, italianos y de todas las cocinas internacionales imaginables. Hay también enormes supermercados (generalmente surafricanos) donde entran personas que deambulan mirando sus estanterías durante horas para al final salir con una bolsita de cacahuetes o una barra de pan. Enclaves aislados de lujo y bienestar que no son sino espejismos, porque la realidad de la gente normal es muy distinta.

Hace dos años Caritas Uganda publicó un estudio sobre la calidad de vida en Kampala. La principal conclusión del informe es para preocupar a cualquiera: una familia compuesta por marido, mujer y cuatro hijos necesita cada mes un mínimo de 700.000 chelines ugandeses (unos 300 euros) para cubrir los gastos más esenciales de alimentación, vivienda, agua, combustible para cocinar, transporte y educación. No se incluye en esta cantidad ningún gasto extraordinario como tratamiento médico, ocio o ropa. Pues bien, el salario mensual de un maestro es de 180.000 chelines, el de un policía 120.000 y el de un vigilante de seguridad no pasa de los 90.000.

La pregunta es obvia: ¿cómo se las arregla la gente para sobrevivir? La respuesta a veces es un misterio, pero lo más normal es que la gente se endeude hasta las cejas, o tenga un pequeño negocio consistente en vender cuatro chucherías en la calle, o procure favores sexuales a los que tienen dinero a cambio de algo, o practique la corrupción a pequeña escala.

Y por supuesto, hay que cortar gastos "no esenciales", empezando por la ropa o el transporte. No hay más remedio que ir andando al trabajo. Y alimentarse poco y mal.

Y mientras tanto, el gobierno presumiendo de hoteles de lujo y casinos. Qué pena.
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