La heroicidad cinematográfica africana: el cine sin "glamour"

(AE)
Prácticamente en los mismos días en los que el glamour de los Oscars y las estrellas cinematográficas llena las pantallas de televisión y las

revistas de famosos, otra iniciativa cinematográfica tiene lugar en ambientes totalmente diferentes de la seductora California. El que no tenga como actores invitados a grandes lumbreras de la cinematografía norteamericana y europea no quiere decir que no sea relevante o que le falte calidad, todo lo contrario.

El FESPACO o Festival Panafricano de Uagadugú (capital de Burkina Faso) es el festival cinematográfico y televisivo más importante del continente; es una cita bianual que se viene celebrando desde 1969. A pesar de no tener prácticamente financiación y medios, el cine africano no se resigna a ser relegado a arte para minorías. Aunque la crisis llega también a muchas salas africanas que se cierran ante los muchos gastos y los limitados beneficios de su negocio, todavía hay un buen puñado de actores y productores lo suficientemente locos como para embarcarse en estas empresas quijotescas de llevar a la pantalla la vida diaria de los pueblos y ciudades africanos. La industria cinematográfica local no cuenta con grandes medios, ni puede permitirse costosos efectos especiales ni grandes gastos en atrezzos y escenarios y mucho menos películas realizadas con ayuda de ordenadores y programas gráficos. El cine africano sigue siendo muy artesanal.

Si es perfectamente fácil y posible encontrar a alguien que haya visto las películas nominadas este año para el Oscar o los principales filmes de los últimos meses, lo contrario pasa con el cine africano, el cual apenas llega a las pantallas y los hogares europeos o americanos, se queda en algunas películas testimoniales que luego pasan a formar parte de reducidos círcuitos de los cineclubes y de cinéfilos consumados pero que nunca pasarán al gran público ni se proyectarán en las grandes pantallas. Algunas películas como la reciente “El último Rey de Escocia”, que trata de la relación de un joven médico escocés con el sangriento dictador Idi Amin Dada, han alcanzado la fama en estas semanas, pero esto es diferente ya que en este caso son películas occidentales sobre un tema africano y no son realmente cine africano hecho por y para africanos.

Para los que no lo sepan, el cine africano intenta tratar cinematográficamente los problemas que afectan al hombre y mujer de la calle, es por tanto muy vivencial y huye de las ficciones de situaciones irreales o absurdas, lejanas del día a día del pueblo. Entre los temas preferidos del cine africano está la dicotomía campo/ciudad, la eterna lucha entre los valores de la tradición y la violenta irrupción de la modernidad, el progreso y el retraso económico. En las últimas ediciones sin embargo, parece que hay un tema que comienza a tener mucha más trascendencia: la emigración y la huída del país con rumbo a otros países más ricos y prósperos. Ante la falta de medios, el cine africano aplica mucha inventiva e ingentes dotes de ingenio para poder hacer producciones atractivas a precios asequibles. En situaciones como en la que está África, donde los estados son débiles o con poca capacidad, los ciudadanos se ven sujetos a prácticas como la corrupción y la extorsión y los grupos sociales ven su cohesión amenazad por intereses partidistas o étnicos... la labor del cineasta no es baladí; su vocación puede llegar a niveles heroicos debido a la falta de apoyo público, la pobre logística y los reducidos presupuestos con los que tiene que trabajar. El cineasta africano es un héroe que todavía no ha recibido el reconocimiento que se merece.

Además, eventos como este prueban que el talento, el ingenio y el buen hacer artístico no son patrimonio de Hollywood. Quien quiera saber más sobre este evento puede mirar la página www.fespaco.bf y allí encontrará información en inglés y francés.
Volver arriba