XXVIII VIERNES DEL TIEMPO ORDINARIO/CICLO B/ 19-10-2018
XXVIII VIERNES DEL TIEMPO ORDINARIO/CICLO B/ 19-10-2018
EVANGELIO DEL DÍA: Lc 12,1-7
En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban hasta pisarse unos a otros. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos:
«Cuidado con la levadura de los fariseos, o sea, con su hipocresía. Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, nada hay escondido que no llegue a saberse. Por eso, lo que digáis de noche se repetirá a pleno día, y lo que digáis al oído en el sótano se pregonará desde la azotea. A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden hacer más. Os voy a decir a quién tenéis que temer: temed al que tiene poder para matar y después echar al infierno. A éste tenéis que temer, os lo digo yo. ¿No se venden cinco gorriones por dos cuartos? Pues ni de uno solo se olvida Dios. Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados. Por lo tanto, no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones.»
COMENTARIO:
Celebramos el Viernes de la Vigésimo Octava Semana del Tiempo Ordinario. No olvidemos que creer en Dios como el único Señor de nuestra vida y la llamada a “amarlo con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente, con todo nuestro ser” nos lleva a un equilibrio mental de envergadura: relativizar a las cosas, a las personas y a uno mismo.
En el Evangelio de este Viernes de la XXVIII Semana del Tiempo Ordinario leemos el Evangelio de San Lucas (Lc 12,1-7).
Jesús sigue denunciando a los fariseos y juristas, criticando su “hipocresía”, la dicotomía entre el aspecto externo, engañador, y el interno, un corazón lejos de cuanto Dios quiere. Por esta razón, los discípulos tienen que evitar esa levadura, que en vez de fermentar la masa, la corrompe. Y los anima a la transparencia, la conducta noble, abierta que no teme la luz. Además, les invita a prepararse para sufrir persecución: “No temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más”.
Dirijámonos a Dios en este día: “Recibe, Señor, nuestros miedos y transfórmalos en confianza. Recibe, Señor, nuestro sufrimiento y transfórmalo en crecimiento. Recibe, Señor, nuestro silencio y transfórmalo en adoración. Recibe, Señor, nuestras crisis y transfórmalas en madurez... Amén.
www.marinaveracruz.net
EVANGELIO DEL DÍA: Lc 12,1-7
En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban hasta pisarse unos a otros. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a sus discípulos:
«Cuidado con la levadura de los fariseos, o sea, con su hipocresía. Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, nada hay escondido que no llegue a saberse. Por eso, lo que digáis de noche se repetirá a pleno día, y lo que digáis al oído en el sótano se pregonará desde la azotea. A vosotros os digo, amigos míos: no tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden hacer más. Os voy a decir a quién tenéis que temer: temed al que tiene poder para matar y después echar al infierno. A éste tenéis que temer, os lo digo yo. ¿No se venden cinco gorriones por dos cuartos? Pues ni de uno solo se olvida Dios. Hasta los pelos de vuestra cabeza están contados. Por lo tanto, no tengáis miedo: no hay comparación entre vosotros y los gorriones.»
COMENTARIO:
Celebramos el Viernes de la Vigésimo Octava Semana del Tiempo Ordinario. No olvidemos que creer en Dios como el único Señor de nuestra vida y la llamada a “amarlo con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente, con todo nuestro ser” nos lleva a un equilibrio mental de envergadura: relativizar a las cosas, a las personas y a uno mismo.
En el Evangelio de este Viernes de la XXVIII Semana del Tiempo Ordinario leemos el Evangelio de San Lucas (Lc 12,1-7).
Jesús sigue denunciando a los fariseos y juristas, criticando su “hipocresía”, la dicotomía entre el aspecto externo, engañador, y el interno, un corazón lejos de cuanto Dios quiere. Por esta razón, los discípulos tienen que evitar esa levadura, que en vez de fermentar la masa, la corrompe. Y los anima a la transparencia, la conducta noble, abierta que no teme la luz. Además, les invita a prepararse para sufrir persecución: “No temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más”.
Dirijámonos a Dios en este día: “Recibe, Señor, nuestros miedos y transfórmalos en confianza. Recibe, Señor, nuestro sufrimiento y transfórmalo en crecimiento. Recibe, Señor, nuestro silencio y transfórmalo en adoración. Recibe, Señor, nuestras crisis y transfórmalas en madurez... Amén.
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