"Nos presenta la santidad al alcance de la mano, como un camino asequible" Teodoro León: "Madre María es un modelo de vida verdaderamente actual"
(José Manuel Vidal).-Sevilla se viste hoy de gala para una nueva beatificación, a la que ha contribuido decisivamente el vicario general de la diócesis, Teodoro León. Además de vicepostularo de la causa, acaba de publicar "Madre María de la Purísima, la fuerza heróica del amor" (Edibesa). Desde el conocimiento personal de la nueva beata, destaca "su humildad que cautivaba a todos los que la trataban" y su evangélico sentido de la autoridad. A su juicio, es "un modelo actual", que "presenta la santidad al alcance de la mano, como un camino asequible". Una santa de hoy ya muy amada en Sevilla.
¿La beatificación de Madre María de la Purísima es un acontecimiento histórico para Sevilla?
La beatificación de la Venerable Sierva de Dios Madre María de la Purísima, que tendrá lugar el 18 de septiembre de 2010, supone el segundo acontecimiento histórico de una solemne ceremonia de beatificación en Sevilla y en el Instituto de la Compañía de la Cruz. El primero lo vivimos con Santa Ángela de la Cruz, que fue beatificada también en Sevilla por el Papa Juan Pablo II el 5 de noviembre de 1982.
Toda beatificación es un acontecimiento histórico, pues no se elevan a los altares ideas o mitos, sino personas históricas, afirmando que han entrado en la comunión de los santos y que, por ello, los podemos tener como nuestros hermanos, que participando de la gloria eterna de Cristo Resucitado han alcanzado en plenitud el destino para el que hemos sido creados y redimidos, y que por ello mismo pueden ser ante Cristo Señor, intercesores nuestros y apoyo en nuestro camino de peregrinos en el tiempo y en el espacio de este mundo.
Pero además, el hecho histórico de la solemne beatificación de Madre María de la Purísima nos hace escuchar de nuevo lo que Dios quiere de todos los cristianos: "Sed perfecto, como vuestro Padre celestial es perfecto" (Mt 5, 48). Es decir, todos los cristianos, cada uno según su propia condición, estamos llamados a la santidad y la santidad es posible hoy en Sevilla, en Andalucía, en la Iglesia universal.
Su figura supera las coordenadas puramente eclesiales para convertirse en un fenómeno sociológico?
Quizás para algunos su figura es sólo un fenómeno sociológico o un dato estadístico, comparable a otros muchos fenómenos que se dan en la sociedad. Sin embargo, para el creyente es algo más, pues descubrimos en su persona la identificación con Jesucristo, de tal manera que su vida fue una prolongación de la suya. Ésta es la condición de la santidad para todos, aunque seamos tan distintos: parecernos a Cristo. Y, como consecuencia, su figura, en cuanto que constituye para nosotros un modelo a imitar para conseguir nuestra identificación con Cristo, no puede estar al margen de las coordenadas eclesiales, sino que han de estar siempre presentes en nuestra vida.
¿Cuál es el secreto de que una monja suscite tal pasión entre la gente?
Tal vez por cuatro motivos: En primer lugar, es un modelo de vida verdaderamente actual, de nuestros días. Hace sólo doce años que dejó este mundo. Viven todavía muchas personas que la conocieron, que convivieron con ella y la trataron a fondo. Que fueron testigos de sus virtudes heroicas. Que admiraron su fidelidad en seguir a Cristo por el camino de la Cruz... Y no cabe duda que esta proximidad, unida a su talante personal, produce un impacto grande en toda clase de personas.
En segundo lugar, se trata de una religiosa que ha vivido antes del Concilio Vaticano II, durante el Concilio y después del Concilio, y, sin embargo, supo mantener la fidelidad más auténtica a las enseñanzas de la Iglesia, tanto para sí, a nivel personal, como para su Instituto religioso, de manera ejemplar, evitando, por un lado, encerrarse en un tradicionalismo fundamentalista y, por otro, el ceder a un progresismo, que es otro tanto nocivo para la Iglesia. Supo asimilar todo el bien que el Concilio, como obra del Espíritu Santo, ha traído a la Iglesia y al mundo. Supo llevar a la práctica las exigencias del Concilio en plena sintonía con las enseñanzas pontificias, poniendo los límites necesarios y recuperando los elementos válidos de las sanas tradiciones propias del Instituto, junto con el genuino carisma de la Fundadora, Santa Ángela de la Cruz, demostración válida y estimulante incluso para otros Institutos religiosos.
Asimismo, y en tercer lugar, nos presenta la santidad al alcance de la mano, como un camino asequible, pues ella nos muestra una santidad de lo cotidiano, sin manifestaciones extraordinarias, evitando dar la impresión de que la presencia del Espíritu Santo consista en lo extraordinario, por no decir en lo extravagante. No obstante, en su vida no falta lo extraordinario de una vida virtuosa vivida en la ordinaria fidelidad, continua, alegre y perseverante, escuchando y siguiendo en todo y por todo la voluntad de Dios.
Finalmente, su fama de santidad es bastante clara. Es considerada como una persona que ha practicado las virtudes en grado superior al común, con la convicción, además, de que se pueden obtener favores y milagros a través de su intercesión.
¿Qué tienen las Hermanas de la Cruz para "producir" ya dos santas?
Conozco a fondo la vida de las Hermanas de la Cruz y puedo afirmar que, aunque oficialmente el Instituto cuente con dos santas que vivieron las virtudes en grado heroico, son muchas las que mueren en olor de santidad. Dios manifiesta su gracia de muchas maneras y una de ellas es, precisamente, la elección para ser canonizado, que conlleva vivir las virtudes en grado heroico. Aunque son muchas las Hermanas de la Cruz que alcanzan el grado de la santidad no todas llegarán a ser oficialmente declaradas santas. Es el Señor quien hace la selección. Le corresponde a Él proponer a los fieles como modelos de santidad.
En realidad, la práctica de las virtudes, consecuencia de la acción de la gracia en cada persona, es un programa de conducta para todos los cristianos, pues todos estamos llamados a ser virtuosos y a hacer el bien. Pero la santidad canonizada, la que Dios nos regala y nos pide a todos los bautizados, requiere la práctica de la virtud en grado heroico.
La virtud heroica se reconoce en los candidatos a la declaración de su santidad, ante todo, por la docilidad al Espíritu que impulsa a la frecuencia en el bien obrar; por la prontitud con que se realizan los actos que se entienden son voluntad de Dios, y por el carácter sencillo y alegre de la actividad virtuosa. También, por la capacidad de sacrificarse con gran naturalidad, sin ningún género de alarde, por superar con total abnegación los obstáculos y dificultades que normalmente se encuentran en las circunstancias externas o internas, y por sobrepasar de buen grado las estrictas exigencias del cumplimiento del deber, moviéndose en todo el actuar con exceso de bondad.
¿En qué virtud destacó más la Madre María de la Purísima?
Madre María de la Purísima se distinguió por su humildad. Su humildad cautivaba a todos los que la trataban. En el trato con las Hermanas era humilde y sencilla, no tenía modos autoritarios; y aunque no dejaba pasar nada, cuando creía que había estado un poco fuerte pedía perdón.
Se ponía siempre a la altura de las Hermanas; en las reuniones y lecturas siempre explicaba las cosas de forma práctica y asequible. En las correcciones era firme, pero suave; corregía con cariño y comprensión; devolviendo la paz, la serenidad y sosiego espiritual. Este trato humilde lo hacía igualmente extensivo a las niñas que trataba en el internado, a las ancianas de la residencia, a los pobres y enfermos que visitaba. Su sonrisa era habitual, y su entrega desinteresada a las almas hacía que encontraran en ella confianza y descanso en la lucha diaria. Trabajó mucho en el Instituto para que viviera la virtud de la humildad, que ella tantas veces decía que se conseguía pagando por ella el precio de la humillación. La humildad la llevó al grado que deseaba Santa Ángela de la Cruz: "No ser, no querer ser, pisotear el yo, enterrarlo si posible fuera...".
¿Usted que la trató, ¿cómo era como persona?
Su personalidad era serena y jovial, y contribuía a crear un clima de confianza y de comunión. No obstante, su sólida espiritualidad era la que motivaba sus intenciones y acciones. En ella se hacía visible una intensa vida religiosa, vivida con una clara conciencia de la presencia de Dios en la constante búsqueda de su voluntad, y alimentada en las fuentes de la oración y de la contemplación; una sincera disponibilidad a las exigencias del prójimo, de manera particular de los más necesitados, y una inteligente apertura hacia los problemas contemporáneos; una tendencia hacia la perfección, hasta llegar a conseguir un asiduo y fervoroso ejercicio de las virtudes humanas y cristianas.
¿Tenía algún defecto o defectillo?
Los testigos, que han declarado, no vieron defectos en ella. Sí oyeron de ella que se creía siempre inútil, con frecuencia decía: "Soy un desastre". Cuando se hacía alguna cosa en comunidad, siendo ella la que más parte tenía en ello, si salía bien, solía decir: "¿Han visto sus caridades qué bien les ha salido?, ¡cómo ayuda en todo el Señor!", como si ella no hubiera hecho nada.
¿Cómo ejercía su autoridad de superiora general?
Fue elegida Madre General en el Capítulo ordinario celebrado el 11 de febrero de 1977. Gobernó el Instituto durante 22 años, hasta su muerte. Su comportamiento era de Madre y Hermana a la vez; haciéndose querer y respetar por su sencillez y actitud humilde. No era temida, sino estimada y querida. Se preocupaba del bien espiritual y material de todo el Instituto. Con ella comenzó la formación permanente que la Iglesia aconsejaba a las comunidades religiosas.
¿Su estela sigue dando frutos vocacionales para su congregación?
Lo primero que ha hecho es afianzar el carisma de su Fundadora, pues ha seguido fielmente sus huellas. De ahí que, como se ha dicho, si se perdieran las Reglas que escribió la fundadora, se podrían volver a escribir a través del comportamiento de su vida. Es evidente que esta unidad con el carisma originario seguirá dando frutos para su congregación.
¿Cuántos años tiene hoy la "milagrada" Ana María? ¿Sigue totalmente curada? ¿Es consciente de que le debe la vida a la nueva beata?
Ana María tiene nueve años. Sigue totalmente curada y hace la vida de una niña normal. Es plenamente consciente de que le debe la vida a la nueva beata porque se lo ha explicado su madre. Ella la considera "su mejor amiga".