Destrucción cristiana. A sangre y fuego. Credo ensangrentado.
¡Qué inmenso legado histórico –templos, bibliotecas, libros, esculturas, monumentos, ciudades...— destruyeron sólo porque así convenía a la nueva religión! ¡Arguyen diciendo que gracias a los monasterios sobrevivió la cultura antigua!
Siempre ha sido así --"fueron otros..."-- y siempre ha habido “bárbaros” a quienes echar la culpa de la destrucción del Imperio Romano. Antes se habían aplicado a ello las huestes cristianas.
Deplorar cualquier “persecución” presupone estar prevenidos contra la reacción.
Insistimos e insistiremos con la misma machacona contundencia con que ellos nos lavaron el cerebro en la infancia: la implantación del cristianismo desde el Edicto de Milán (311) se realizó a sangre y fuego.
Nada han enseñado de cómo sucumbió la religión oficial y tenemos que gritar a los creyentes imparciales que estudien el proceso de “sustitución” del paganismo por parte del cristianismo. Y que después del análisis histórico, comparen también el número de mártires que el paganismo propició entre los cristianos con el que ellos provocaron entre los paganos. Podría hablarse de una proporción de uno a diez en contra del cristianismo.
¡Esto también es historia cercana de la Iglesia! La implantación del cristianismo no fue sino un proceso de venganza y de prevención. La "religión oficial" era falsa y había que raerla... ¿o tenían miedo de que las tornas cambiaran y sufrieran ellos lo que habían provocado?
No resultaría hoy día edificante desenterrar la historia de violencia y muerte con que nació el credo cristiano. Sin andar con rodeos y dicho abiertamente, el fundamentalismo cristiano, del cual es reflejo el actual islamista, se ejerció mediante una guerra de exterminio contra los "paganos", incluso contra quienes, desde dentro, pretendían una vivencia espiritual desligada del poder.
Buscaron el refugio seguro del poder, en vez de elegir la vía del debate y la razón.
Hubo quienes intentaron atraer e integrar al paganismo dentro de la Iglesia por la vía de la apologética como Filón, Minucio, Justiniano, Clemente, Orígenes, incluso Agustín. Su fracaso o lentitud condujo al otro método, el de la fuerza y la destrucción, "modo" San Cirilo.
Desaparecieron casi todos los textos de Celso, Juliano, Porfirio, Libanio, Cecilio, Luciano y tantos otros. La destrucción de su obra propició la desaparición del nombre. Destruyeron bibliotecas, liceos, centros de estudios; quemaron templos o los transformaron en iglesias o almacenes; asesinaron a sabios, matemáticos, filósofos...
Si algunos aspectos se conocen del pensamiento pagano es gracias a las citas que ellos mismos aportaron con el propósito de vituperarlo o raerlo de la historia, citas que recogen un saber bastante más humano que el de quienes los persiguieron.