ESCUELA DE ELEA: PARMÉNIDES /1


ἔστιν ἢ οὐκ ἔστιν // (algo) es o no es (Parménides)

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Parménides nació en la antigua ciudad de Elea (Magna Grecia) y es coetáneo de Heráclito. Vive entre la segunda mitad del s. VI AEC y mediados del s. V. Según Diógenes Laercio alcanzó su floruit en la olimpíada nº 60 (504-501 AEC). Según Estrabón perteneció a la escuela pitagórica en su juventud y parece que recibió influencia de Jenófanes. Diversos testimonios lo presentan además como legislador de Elea, a la que dotó de excelentes leyes (“nómois arístois”, según Plutarco) y también como médico.

Platón mostró su fascinación y un profundo respeto por Parménides, llamándolo “venerable y temible”. Le dedica un importante diálogo en su etapa “dialéctica”, donde analiza la relación de lo Uno con lo múltiple y la problemática relación entre las ideas y las cosas. En este diálogo (Parménides, 1277a) aparece dialogando con el joven Sócrates en un viaje a Atenas con 65 años, pero puede ser más una afirmación literaria que histórica: “… Parménides y Zenón vinieron una vez a Atenas a las grandes Panatenaicas, Parménides tenía muchos años –aproxim. 65-, estaba lleno de canas, pero tenía un aspecto noble (kalòn kagathón)……” (cfr. Kirk y Raven: Los filósofos presocráticos, p. 369).

Escribió un poema en verso titulado Sobre la naturaleza, en exámetros épicos imitando a Homero y a Hesíodo. De este poema se conservan unos 153 versos, transmitidos por el neoplatónico Simplicio y recopilados por el filólogo alemán H. Diels. Como Jenófanes, es una síntesis de espíritu filosófico y de poesía. El poema consta de un prólogo y dos partes, donde expone sus sorprendentes tesis filosóficas.

En el prólogo, de forma alegórica aparece el filósofo emprendiendo un viaje imaginario, en un carro tirado por veloces corceles y guiado por doncellas que lo conducen hasta la morada de la diosa Díke, viaje que simboliza el ascenso a la verdad, el tránsito de la oscuridad (skótos/nýx) a la luz (phôs).

Según H. Diels, posiblemente la forma alegórica esté tomada de la literatura mistérica con un tono religioso de revelación, lo que puede estar relacionado con sus posibles críticos, los antiguos compañeros pitagóricos. Al modo de Orfeo o de Pitágoras, el filósofo aparece como un iniciado en los misterios del ser. La misma diosa indica al filósofo las dos vías o caminos de investigación posibles:

Escucha con atención y retén mis palabras, pues te voy a decir cuáles son las dos únicas vías de investigación concebibles. La primera, a saber, que lo existente existe y que no se da el no existir, es la vía de la certeza, a la que acompaña la verdad. La otra, que lo existente no existe y que necesariamente se da el no existir, es –te lo aseguro- una vía totalmente impracticable. En efecto, no puedes conocer ni expresar lo no existente, pues solo es pensable lo existente (D. K. 28 B, 2,3).


La primera parte, que abarca la gran mayoría de los fragmentos conservados, trata de la vía de la verdad, calificada de ‘bien redonda’ (aletheíes eukykléos, v. 29), que sigue la razón para llegar al ser. En ella se defiende la bondad y el valor superior del límite, la unidad y el reposo como propiedades del ser, frente al dualismo cósmico de los pitagóricos y contra la lucha y unidad de los contrarios de Heráclito. La segunda es la “vía de la opinión”, propia de los mortales (brotôn dóxas, v. 30), vía que siguen los sentidos para llegar sólo a meras apariencias (“tà dokoûnta”, v. 31).

Son dos vías antitéticas, no conciliables desde el punto de vista lógico. En el conjunto del poema aparece claramente una doble contraposición:
a) la epistemológica, entre la razón lógica y los sentidos engañosos. Parménides es el primer filósofo en despreciar los sentidos, mientras que Heráclito los subordinaba a la razón;
b) la ontológica, que es la fundamental, entre el ser y el no ser (no-ente) o nada.

Parménides, de forma innovadora, transforma la cosmología (phýsis) en ontología (tratado sobre el ser). En el poema, después de la introducción alegórica, aparece la vía de la verdad con una rigurosa argumentación lógica, de forma deductiva, que parte de un axioma básico, que ha de aceptarse con necesidad lógica: “el ser es, el no ser (nada) no es”, o en fórmula abreviada: “(algo) es o no es” (estìn e ouk estìn). Conviene señalar que el verbo griego eînai, (= esse latino), que puede traducirse por “ser” o “existir”, contiene la ambigüedad de un doble sentido, el predicativo y el existencial, que Parménides no distingue.

Parménides formula por vez primera el principio de contradicción a nivel ontológico al afirmar: lo que es, es y no puede no ser; lo que no es, no es, y no puede ser o existir. De ello se deriva un segundo principio: sólo lo que es puede ser pensado o conocido y expresado (y viceversa); lo que no es no puede ser pensado ni expresado. Esto implica que la nada ni es expresable ni pensable (ou gàr phatòn oudè noetòn), pues el pensar y el ser coinciden. Solo el ser es pensable y expresable. Y el poema continúa señalando las características de lo existente (el Todo-Uno)), según la lógica de la pura razón:

Solo queda una vía practicable: la de que lo existente existe. En esta vía hay señales abundantes de que lo existente es inengendrado e imperecedero, entero, único, inmóvil y sin fin. Lo existente no existió ni existirá, pues existe ahora, total, uno y continuo. ¿Qué nacimiento le buscarías? ¿Cómo y de dónde habría crecido? No te permito que digas o pienses que de lo no existente, pues no es posible decir ni pensar que existe lo que no existe (D. K. 22 B 8).
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