Ídolos... también en religión.

Cuando el hombre aspira a algo, lo personaliza en ídolos; cuando imita, imita lo que él ha convertido previamente en ídolos; cuando no encuentra justificaciones, razones o explicaciones se construye ídolos.

Los de antaño nos parecen bastos, ordinarios, primarios, toscos y casi siempre rústicos. Pero no creo que los israelitas que esperaban a que Moisés bajara del Sinaí --y ante su tardanza construyeron ídolos como sus vecinos-- tuvieran una psicología distinta a la nuestra. Los mismos problemas esenciales, las mismas vivencias interiores, las mismas aspiraciones... ¿Ese deseo de ídolos era un elemento cultural insuflado en su mente?

Los de hoy día no lo son menos, aunque sean más etéreos y tomen la forma de "obsesiones": la fama, el afán de dinero, el culto al cuerpo, la salud; deslumbrar, el automóvil, la titularidad certificada de cualquier bien; relumbrar con el ingenio; la pertenencia a un clan o bandería cuando mengua la personalidad; la identidad fanática con el pueblo, con el villorrio, con el credo de la aldea, con "la fe de los mayores"...

Alguien habló de ídolos de tribu y de ídolos de mercado. De todo ello hay en lo anteriormente dicho.

¿Pero es la propia naturaleza humana la fuente necesaria de ídolos? ¿Provienen de la actividad psíquica cerebral? ¿En qué parte del cerebro se pueden localizar? ¿Constituyen una actividad psíquica irracional? ¿Son fruto, quizá, de las convenciones sociales? ¿O quizá de interpretaciones erróneas de la vida?

Hay que proclamar, de nuevo, que con la escardadera de la razón, desaparecen las malas hierbas que esquilman la mente.
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