Los mitos se instalan de forma permanente en la mente virgen del niño. No busca –se lo dan todo hecho y pensado--, encuentra; y todo lo que encuentra lo hace suyo.
La mayor parte de lo que el niño recibe está constituido por pensamientos y estructuras de adulto, para “
cuando el niño sea adulto”.
¿Han caído en la cuenta de la
responsabilidad, riesgo o quizá delito que puede constituir el corromper su formación con ideas que van a determinar sentimientos, conducta, reacciones vitales y sociales? ¿Creen que esa “formación religiosa” es lo mejor para el niño?
Otros no opinan así: ciertas normas extrínsecas –y las estrictamente religiosas lo son-- no siempre se hacen vida propia y menos si la sociedad no las asume como tales.
Los valores de compasión, misericordia, afabilidad, cooperación, alegría, respeto... no son patrimonio de la religión. La normativa de ir a Misa, confesarse, temer el infierno, buscar el Reino de Dios... sí.