Psicograma del misionero.


I.- Tras haber renegado de las comodidades de su mundo anterior,el misionero malvive en su misión contento de servir para algo más que cuatro misas y tres rosarios y radiante de felicidad porque ha encontrado "un sentido" para su vida.

Detrás de él están los que han organizado su nueva vida, que, gracias a su decisión, justifican la pervivencia del mundo del que él renegó.

Su acto de heroísmo sirve de coartada para vidas apoltronadas y para llenar panfletos de los que están en retaguardia.

¿Cuántos misioneros se necesitan para justificar a un jerarca? O al revés ¿a cuántos jerarcas justifica un misionero?

II.- La metrópoli se enorgullece ante la sociedad de una doctrina que ha generado tales actos de desprendimiento y heroísmo, poniendo como ejemplo a los misioneros salidos de su seno. Ese impudor de que hacen gala hay que desvelarlo y avergonzarles por ello.

No dicen, sin embargo, que la mayor parte de ellos han huido porque no podían soportar el hedor espiritual que desprendía una vida tan muelle, la de la metrópoli.

III.- Los misioneros son verdaderos héroes individuales, pero las misiones son una ofensa social.

Personajes provenientes de un mundo económicamente superior, quizá también culturalmente aunque no siempre, aportan las migajas desprendidas de la “cultura del derroche”; aportan “desde fuera” soluciones a problemas intestinos, las más de las veces por fallos o carencias en la estructura social y, con mayor frecuencia, política.

Problemas, paradoja del destino, heredados asimismo de los mismos países que ahora les envían residuos de consuelo...

Siempre habrá personas dentro de esa sociedad desvalida con suficiente empuje para alzar de la postración al pueblo. Les faltan los medios para ello. A veces la vida.
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