Sacroadictas, a pesar del maltrato.

Es un hecho que el porcentaje mayor de sacroadicción se da entre el estamento femenino. ¿Será que algún gen predispone hacia lo misterioso?

Mucho se ha escrito sobre la mujer en relación a las creencias. Podrían ser y de hecho lo son, títulos de libros emanados de la ciencia crédula: la mujer en la Biblia, la mujer y el Islam, elogio de la mujer, feminismo y cristianismo, fe y liberación de la mujer, mujeres en la historia de la salvación, la Iglesia y la emancipación femenina, el trabajo de la mujer...

Hay demasiada documentación y excesiva mala conciencia, como para pensar que la Iglesia ha hecho algo mejor que rebajar o utilizar a la mujer.

No se puede decir que su compromiso por la mujer esté por encima del asumido por la sociedad civil. Si alguna mujer ha sobresalido en la historia, siempre ha sido “a pesar de” la religión.

Se podrá argüir el elevado catálogo de santas presentes en las filas de la Iglesia y que gracias a la Iglesia han descollado humanamente. Lo primero se admite, pero no lo segundo: cualquier orden religiosa femenina, vista con criterios humanos, ha conducido a la degeneración y menoscabo de su personalidad.

Bien si la mujer queda sujeta dentro de las cárceles claustrales. Fuera o en contra, desde luego no. Y dentro puede acceder hasta la maternidad divina.

Nunca una virtud puede derivar de la negación de lo humano y el ideal de mujer que propugna la Iglesia es la virginidad. La negación de lo más sublime de la mujer: su maternidad. Aunque, por otro lado, parece como si la Iglesia quisiera hacer pasar a la mujer de la doncellez a la maternidad obviando el estadio intermedio de ser sexuado femenino en relación con el masculino. Todo lo que indique sexualidad no pertenece a lo divino.

¡Ay, el siempre citado "calle la mujer..." (como continuaba aquel cura "...saltem in Ecclesia", al menos en la iglesia).

La Iglesia ha hecho mucho –sobre todo en el periodo de consolidación del cristianismo entre los siglos III y VI— por relegar a la mujer a la postración de ser inferior al hombre, desde Pablo de Tarso y siguiendo con Tertuliano.

Si el primero dice “mulieres taceant in ecclesia” (callen las mujeres en la asamblea), el segundo, para no ser menos, aumenta las prohibiciones en unos términos que han perdurado hasta nuestros días: No está permitido que una mujer hable en la Iglesia, ni le está permitido enseñar, ni bautizar, ni ofrecer la eucaristía, ni reclamar para sí una participación en las funciones masculinas y mucho menos en el sacerdocio.

De ahí al antifeminismo rampante, un paso. Pero no es de la doctrina de Pablo de donde proviene el largo periodo de antifeminismo eclesial, o de extravagancias como la del “científico” Isidoro de Sevilla que hace derivar “femenino” de “fe minus”, es decir “minorados en la fe”. El pensamiento misógino secular antes y después de Cristo era dominante en las culturas donde la Biblia ramoneó doctrina.

Estamos por pensar que se debe al hecho de que el hombre siempre se ha sentido inferior a la mujer (el hecho de la maternidad y de ser gestora de la vida). Por eso ha reaccionado siempre “a la contra” para superar complejos.

También hinca sus raíces en la filosofía aristotélico-tomista que se impuso como “oficial” en la Iglesia desde el siglo XIII. Algunas opiniones de Aristóteles sobre la inferioridad de mujer son verdaderamente aberrantes; añádanse ciertos pensamientos absurdos sobre una sexualidad siempre insatisfecha de la mujer y nacerán bulas papales tan sabrosas como Summis desiderantes affectibus (1484) o el pequeño tratado Malleus maleficarum de los inquisidores H.Kramer y J.Sprenger

Hay viandas abundantes en este engendro literario para confeccionar guisos literarios tan sabrosos como este postre:

"Tres vicios tienen especial dominio sobre la mujer: infidelidad, ambición y lujuria. De los tres vicios el último es el que predomina y hace a la mujer insaciable. Por eso es de temperamento ardoroso para satisfacer sus repugnantes apetitos. Ella es la adúltera, la fornicadora, la concubina del diablo.
De ahí a la “caza de brujas”, un paso
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