En 30". Siempre el "porqué".

Siempre el "porqué" y luego el "qué".


¡Busca el porqué de todo!

El porqué del dolor;
el porqué de la alegría;
el porqué de la soledad;
...de la propia dignidad;
...de la belleza;
...del tiempo;
...del funcionamiento de la razón;
el porqué del cuándo y cómo de la libertad...

Y luego reacciona con un “qué puedo hacer”.

No hay religión que sustituya este rito a la vez sencillo y gratificante de la inteligencia.

Es, por el contrario, el paso más difícil para el vulgo, que se mueve por razonamientos de primer grado.

Por hoy nada más.
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