Siempre el "porqué" y luego el "qué".
¡Busca
el porqué de todo!
El porqué del dolor;
el porqué de la alegría;
el porqué de la soledad;
...de la propia dignidad;
...de la belleza;
...del tiempo;
...del funcionamiento de la razón;
el porqué del cuándo y cómo de la libertad...
Y luego reacciona con un “
qué puedo hacer”.
No hay religión que sustituya este rito a la vez sencillo y gratificante de la inteligencia.
Es, por el contrario, el paso más difícil para el vulgo, que se mueve por razonamientos de primer grado.
Por hoy nada más.