La aberración de las bienaventuranzas

Podrán parecer fuertes las afirmaciones que siguen y pueden herir o quizá chocar a mentes acostumbradas a pensar que las "bienaventuranzas" son un mensaje para todos, por lo tanto indiscutible. Admitan, si son capaces, que siempre puede haber OTRA VERSIÓN DE LAS COSAS.

Es importante señalar que en tales dísticos se encierra el meollo, el centro y la quintaesencia de la predicación de su mesías.

El repaso con mirada crítica de las "bienaventuranzas" conduce al desprecio de modos como ése de entender la vida. Los valores evangélicos de pobreza, mansedumbre, misericordia, limpieza de corazón, aceptación del dolor y de la injuria, es decir, el espíritu de las bienaventuranzas, no dicen absolutamente nada a la mentalidad moderna, es más, consideran las bienaventuranzas como una aberración mental más de la credulidad.

El arquetipo propugnado como modelo de existencia es la pasividad, la aceptación de lo que es, la resignación, el sufrimiento, la pobreza, el sufrir la injusticia sin rebelarse, el aborrecimiento de los demás...

Vistas bajo un doble punto de vista, no son otra cosa, por una parte, que el modo de sojuzgar la clase dirigente --y en ella hay que englobar a la casta religiosa-- al pobre que demandaría justicia social. Y por otra, el consuelo que puede recibir el pobre en su necesaria y obligada honradez.

Es aleccionador saber que "los pobres" o "los pobres de espíritu" (1), que deben ser los dos tipos de pobreza existente, la pobreza física y la pobreza mental, heredarán el reino de los cielos. Tómese como se quiera, pero las palabras no debieran necesitar explicaciones ulteriores y por lo mismo son cuchillos tanto para quien las dijo como para quien hoy día las repite.

El "pobre de espíritu" es lo que es: hoy ha resultado ser un enano intelectual, mentecato, pazguato y apocado. Su Dios lo exalta a las cumbres de la gloria. ¡Realmente no entenderemos nunca a Dios!

Se podrían entender como metáforas, al igual qeu otras afirmaciones categóricas del Evangelio. "Mirad los pájaros del campo que no siembran... En sus libros aparecen, por designio divino, como despreocupados y randas, viviendo de lo ajeno, de lo que pillan y sin pensar en el futuro.

No son modelo vital, desde luego, aunque sí lo sean de convivencia: un ave no piensa que ha entrado en Marruecos al cruzar la frontera argelina ni una vaca juega a sentirse belga u holandesa por dar unos pasos de más o de menos en su pasturaje. En esto sí debiéramos aprender de los pájaros.
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(1)Investigue el lector por qué Mateo dice "pobres de espíritu" y Lucas sólo "pobres".
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