Un gran líder ante el grito del mundo.

El mundo es un clamor ante guerras tribales, étnicas o pseudo religiosas, ante matanzas de inocentes teñidas de crueldad insospechada, conflictos enquistados que parecen consustanciales a ciertas sociedades atrasadas.

Y es un clamor frente a la impunidad con que actúan los criminales de cualquier jaez; frente a paraísos fiscales donde se esconden los frutos de la rapiña que esquilma hasta la misma pobreza; frente a santuarios que protegen del delito...

El mundo es un clamor porque no encuentra vías por las que se imponga una justicia supranacional. Y clama ante la necesidad de un ejército mundial de acción inmediata y con capacidad de acción sobre el terreno; por el control multinacional de la venta de armas; contra la destrucción de ecosistemas, contra el capitalismo depredador sin fronteras.

Y hoy van saliendo a la luz pública esos imperios individuales de grandes fortunas, hechos de extorsión, mafias e incluso santuarios de la droga. Y demanda la apertura de los países ricos hacia los que están sumidos en la miseria; y pide un mayor control de esos enormes beneficios...

La conciencia ya es mundial, pero es una conciencia hecha de individuos aislados o grupos que poco pueden lograr ante la magnitud del drama. Sólo un gran líder con poder puede aunar voluntades, arracimar esfuerzos y acometer la reforma del mundo.

Las pautas de acción le vienen de muchas direcciones: ONGes, clamor antiglobalizador, personas arrepentidas de colaborar con el crimen, denuncias y filtraciones desde bancos o servicios secretos, catástrofes que a diario nos vienen de cualquier canal de Sicilia...

¿Y quién no percibe el grito de las gentes que sólo piden paz, fuente del mismo progreso y bienestar que, como una afrenta a la dignidad humana, exhiben de manera inmediata e insultante por las pantallas de televisión?

El sentimiento de “conciencia global” es patrimonio únicamente del pueblo. Hay quienes lo utilizan como arma de propaganda propia, como es el caso de políticos en el fondo interesados en que todo siga igual; tampoco en manos de las creencias, en el seno de las cuales paradójicamente han surgido esos mismos masacradores.

¡Las creencias...! Harto tiempo han tenido secuestrada y manejada en su propio provecho esa conciencia popular del bien, el progreso y la paz.

Urge otro camino.
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