Un grandísimo pecado por omisión de las Iglesias católica y protestante.

Cualquiera que tenga un mínimo conocimiento crítico de la Historia se da cuenta de que las guerras del pasado entre estados soberanos acaecidas en Europa eran cualquier cosa menos guerras por la implantación de doctrinas religiosas, aunque el pretexto lo fuera. ¿O sí lo eran?

Primaba la hegemonía de un pueblo sobre otro, el liderazgo propiciatorio de pingües beneficios, el dominio de un pueblo --o un mercado-- sobre el aledaño... Se servían de la religión para tener a su favor a los dioses terrenales (del Papa para abajo) o para dar sustrato "espiritual" al degolladero.

¿Hizo algo mínimamente efectivo la Iglesia del pasado para evitar o parar las guerras? Éste es el quid del asunto: el gran pecado de la Iglesia cristiana lo fue por omisión. Cuando pudo, no quiso; ahora que no puede, clama contra las guerras.


Mientras la cultura cristiana ha dominado y mientras la fe religiosa ha señoreado las conciencias de personas y estados, aterra pararse a reflexionar que Europa no haya conocido un periodo de paz prolongado durante, al menos, una generación. Y la Iglesia tuvo los medios sociales y políticos en sus manos para detener sangrías.

Desde que el cristianismo se impuso a comienzos del siglo IV como religión oficial, no ha habido lugar de Europa libre de la plaga de la guerra. Ella misma ha generado sus propias "guerras": todo ha sido imposición doctrinaria, muerte del disidente, apropiación de bienes, luchas por detentar el poder civil esgrimiendo coronas triples, destrucción o esquilmación de los frutos del trabajo en pro de quimeras, quebrantos de vidas y haciendas, reflujo económico y cultural, opresión del pueblo llano, destierros, enfrentamientos...

No es casualidad: a pesar de lo afirmado arriba --las guerras responden más a otros intereses menos confesables-- sin embargo las habidas en Europa, todas ellas, han tenido un tinte cristiano, sea católico o protestante.

Aunque, como decimos reiteradamente, las más de las veces encubrieran apetencias políticas, no por eso las distintas confesiones dejaban de dar su aquiescencia a los desmanes ofensivos o vengativos seculares o teñían de "cruzada" los desmanes del príncipe de turno (el último, nuestro ínclito dictador Franco).

Voltaire habló del millón de muertos por siglo propiciados por la religión. En términos absolutos puede decir poco, porque la II Guerra Mundial causó no menos de 50 M. Mejor sería hablar en términos porcentuales, porque un millón es demasiado cuando todavía la “explosión demográfica” no se había producido.

Todavía ayer comenzaban los telediarios con el sempiterno “enfrentamiento entre católicos y protestantes en Irlanda del Norte”. ¿Católicos y protestantes? ¿No son éstas denominaciones religiosas?

Y si no hay tal, que se unan católicos y protestantes para protestar católicamente por el abuso de terminología confusa.
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