Las iras anticlericales (3/5) La educación en manos de la Iglesia


Semana Trágica, cien años de aquello.

Uno de los hechos que crisparon a las masas fue precisamente el asunto de la educación de los hijos de obreros. No sólo por conciencia propia de clase sino por las peroratas de los dirigentes obreros, el asunto de la educación enervó los ánimos de aquellos que sabían que el único medio de salir de la postración secular era la educación de sus hijos. Era conciencia obrera desde los tiempos de la Internacional.

Entre sus reivindicaciones una se repetía constantemente: una mejor educación para sus hijos. Ésta sería la única manera de que ellos consiguieran elevar su situación y conseguir mejores trabajos.

Aquello de "con la Iglesia hemos dado, Sancho" (Quijote, II, 9) adquiría en este caso tintes patéticos. Por el Concordato de 1851 la Iglesia copaba el monopolio de la educación. Añádase que, sin leyes que regularan los límites de edad laboral, los niños se veían condenados a trabajar en las fábricas con sueldos miserables. Círculo vicioso del que la clase obrera no podía salir.

La Ley Moyano (1857) estipulaba que los Ayuntamientos se hicieran cargo de la educación. Esfuerzo inútil. En Barcelona, en concreto, regida de facto por la oligarquía, no hubo jamás afán alguno por llevar a efecto tal ley.

Sin embargo hubo movimientos en la clase obrera para promover una enseñanza moderna, popular, laica y mixta (niños y niñas), como así se hizo. Aparte de otros, el caso más llamativo es el de Ferrer Guardia, pedagogo miembro del Partido Radical, con una gran fortuna que dedicío a la erección de escuelas populares. Desde principios de siglo hasta 1906 contaba con 34 centros cion una enseñanza muy avanzada para su época, inspirada en los movimientos pedagógicos franceses.

Poco tardaron en cerrar estos centros, asfixiados por denuncias falsas (acusaron a Ferrer Guardia de prestar apoyo a Mateo Morral, el anarquista que arrojó la bomba en la boda de Alfonso XIII). Lo que más dolía a sus opositores era que en sus escuelas no se enseñara religión alguna, de pusiese en tela de juicio el militarismo y se enseñaran ¡¡las teorías darwinistas!!.

Hubo otras iniciativas, como la del alcalde Francesc Layret, pero...

Enfrente estaba la Iglesia. El cardenal Salvador Cassañas propició una dura campaña de propaganda contra tales escuelas; escribió circulares contra la "laicidad" y "bisexualidad" de las mismas...

Esto sublevó los ánimos de los obreros, defraudados en sus expectativas de conseguir un sistema educativo adaptado a sus necesidades y a sus inquietudes. La Iglesia venció en sus propósitos. Venció pero pagó cara su victoria.
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