Las iras anticlericales (1/5) Un siglo de la Semana Trágica

Algunos podrían hablar de "celebración", pero tales hechos no se pueden celebrar. Como mucho, recordar o conmemorar.
Recordemos lo esencial: entre los días 25 y 31 de Julio de 1909 --han pasado cien años-- sucedieron unos hechos luctuosos que se han venido en llamar "Semana Trágica". Los dirigentes sindicales y algunos partidos como el P. Radical fundado por Alejandro Lerroux, convocaron una huelga general para protestar por la leva obligatoria de reservistas con destino a Marruecos. La poca convicción de los dirigentes en tal huelga no se correspondió con el "fervor revolucionario" de las masas.
La represión consiguiente por parte de las "fuerzas vivas" (entre ellas la Iglesia, como parte interesada y por lo tanto instigadora), primero civiles y luego militares, condujo a una movilización popular sin precedentes, a que los obreros se hicieran dueños de las calles, a que se levantaran barricadas, al corte de comunicaciones y vías férreas... y finalmente al incendio de edificios religiosos.
El primero fue el colegio de los Hermanos Maristas y no por casualidad, sino porque el problema de la educación era gran parte del problema social, que había exacerbado los ánimos de la sociedad hasta límites inaguantables. Al final de la semana habían ardido 14 iglesias, 33 colegios religiosos y habían sido destruidos 33 conventos. Añádanse las piras organizadas dentro de otros edificios con objetos de culto: quema de sillería, puertas, reclinatorios, cortinajes, campanarios... amén del saqueo consiguiente.
Algo que relatan todas las fuentes como inexplicable y digno de resaltar fue la indiferencia de la clase media barcelonesa e incluso la impasibilidad del ejército ante tales desafueros.
Muchas preguntas podemos hacernos a raíz de tales acontecimientos:
¿Cuáles fueron las causas mediatas? (las inmediatas son bien conocidas)
¿Por qué se desbordó la ira popular?
¿Por qué una huelga general contra un hecho determinado deriva en destrucción de edificios y símbolos religiosos?
¿Por qué derivó en furia anticlerical?
¿Por qué la Iglesia fue el punto de mira de tal furor destructivo?
Lo que empezó por una huelga general en protesta al embarque de tropas reservistas para la Guerra de África, derivó en algo que sobrepasó a los poderes constituidos y que terminó con la quema de más de la mitad de los edificios que la Iglesia tenía en Barcelona: templos, conventos, escuelas de religiosos... con otras manifestaciones de ira popular difícilmente justificables como profanaciones de tumbas, desfiles grotescos con momias de frailes y monjas...
Resulta difícil imaginar cómo personas normales, sensatas, comedidas y respetuosas en sus relaciones sociales y cumplidoras de sus obligaciones pudieron llegar a cometer desmanes de tal naturaleza. Pero sucedió y ahí queda el testimonio, también fotográfico, de los hechos acaecidos.
Todo tiene sus causas y pretender minimizarlas o encubrirlas no lleva sino al engaño y a que se puedan repetir otra vez. La Iglesia clamó y clama contra los poderes del mal, esgrime las fuerzas maléficos, Satanás, el odio de los impíos hacia quienes sólo pretenden el bien... Todo eso es no decir nada, porque no se busca la verdadera raíz de donde surge la explosión del odio, contenido durante siglos.
Odio contenido. Pero el odio no es gratuito ni surge de la nada. ¿Cuál es el porqué del odio? Ahí está el quid de la cuestión.
Bibliografía:
• España 1808-1975. Raymond Carr. Biblioteca Historia de España.
• La aventura de la Historia, nº 129.
• La Semana Trágica. Barcelona en llamas, la revuelta popular y la Escuela Moderna. Madrid. La Esfera de los Libros.2009.