El rigor científico del milagro.

Si mi información es correcta, para la beatificación de JP-2 se ha tenido en cuenta el "milagro" obrado en la sierva de Dios --religiosa-- Sor Marie Simon Pierre, curada de Parkinson de modo científicamente inexplicable. Dicen.

Algo que siempre me ha maravillado es el “rigor científico” (¿?) con que pesan y sopesan los milagros en las causas actuales de beatificación. He presenciado, en una de ellas, el momento de cerrar el proceso diocesano y doy fe del empaque, seriedad y escrúpulo científico (¿o era sólo burocrático?) con que se llevó a efecto el acto.

Sin embargo también me maravilla cómo los biógrafos de santos del pasado no tienen empacho en referir milagros a cada cual más estrambótico en la vida de su “hagiografiado”.

Con seguridad y pasados algunos decenios, las biografía de JP-2 sacarán a relucir los cuatrocientos más o menos que se le atribuyen.

Cuanto más lejanos en el tiempo y en el espacio, más absurdos, inverosímiles, ridículos y descabellados son. Milagros admitidos porque sí, porque lo dicen los libros. Milagros, por otra parte, siempre relacionados con la salud. ¿Por qué será?



Podemos comenzar por el primero de ellos, la fecundación de una virgen por un espíritu y continuar por los relatados en la biografía del ser nacido de manera tan extraña.

Hay un milagro realizado en la persona del siervo de un centurión cuyos argumentos definen bien el “porqué” y las diferentes concepciones que de los mismos puede haber.

El “porqué” de los discípulos de Jesús: "El centurión ama nuestra raza y edificó nuestra sinagoga". El “porqué” de Jesús: "Os aseguro que ni en Israel hallé fe tan grande".

Trasladado a nuestro entorno, la canonización de Teresa de Calcuta o J.M.E. de Balaguer responde a las cuantiosas sumas con que se sostienen las columnas de Bernini; para cualquier crédulo revestido de traje de sirga basta color castaño residente en la Morea, que en el mundo es, por la defensa acendrada y ejercicio heroico de sus virtudes acrecentadas por la gracia de Dios. Amén.

Para unos, los milagros sólo se pueden realizar “dentro” de la creencia; para el taumaturgo, si se tiene fe. Dos razones, pues, también en contrario para dudar de todo el tinglado.

Milagros la mayor parte “interesados”, milagros siempre sanitarios o relacionados con la psiquiatría, milagros por posesión diabólica (quizá los más fáciles de perpetrar, puesto que la expulsión de algo inexistente se puede hacer por un modo también ficticio), milagros asignados, milagros siempre para mantener los milagros, milagros de gente milagrosa, milagros a centenares, a miles, en un principio considerados como “favores” del presunto santo...

Otro aspecto interesante a considerar sería el asentimiento que la sociedad da al milagro, con el componente histórico que lleva implícito. Tal asentimiento temporar, al cabo de los años, da al traste con ellos.

Estoy por asegurar, pensando que las gentes del pasado no diferían en estulticia o cordura a las del presente, que la creencia o confirmación mental de los milagros era más fingida que real. No lo sé, pero lo barrunto. La coacción mental también lleva implícita la posible aceptación fingida.

¿Creían en la Edad Media que todos los milagros referidos a la Virgen María y cantados de manera sublime por Alfonso X el Sabio eran tales?
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