Falta Otra Mujer
Hasta muy recientemente, en la práctica gramatical académica, y al uso, no existían términos tales como “presidenta”, “alcaldesa”, “gobernadora civil” y otros , con explícitas referencias femeninas. Hoy, precisamente en Madrid, capital del reino, espejo y signo de España y de otros países, el “otro género”, antes de eviternos vocablos masculinos por todos sus costados, irrumpe en la política administrativa, por procedimientos y vías democráticas y constitucionales y, por tanto, con la aquiescencia de la mayoría, cuyos votos hicieron –y harán- la feliz irrupción de los femeninos.
Pero como no hay dicha completa, ni siquiera para los hijos de Nuestra Santa Madre la Iglesia, entre una buena parte de ellos, con comprobación y constancia de que en adelante serán más crecientes, despuntan ya comentarios como estos:
. Partiendo de realidades terrenales tan obvias como las que suponen y registran los datos demográficos con todas las bendiciones humanas y divinas, extraña de modo excepcional y sorprendente la ausencia de la mujer en los órganos de dirección de la Iglesia. En la misma, con exacta y precisa rigurosidad doctrinal, se enseña que, en conformidad con el plan de Dios, reeditado por Cristo Jesús en el evangelio, no hay –ni puede haber- acepción de personas. Los datos proclaman a la vez que la presencia de la mujer, como parte del “rebaño” de la Iglesia, es superior a la de los hombres, hasta dar la impresión, en ocasiones, de que la mayoría de sus actos, organizaciones y asociaciones religiosas son – debieran ser-, de su competencia exclusiva.
. No siendo dogma de fe, ni exigencia esencial y sustantiva de la institución eclesiástica, la ausencia de la mujer en su dirección y en el ejercicio y oficio ministerial, solo por el hecho de ser mujer, resulta un misterio supérfluo que mantiene la Iglesia, ya con el positivo rechazo de muchos. Cuando además las razones que se aportan para su sostenimiento son tan febles, poco consistentes y con posibilidades tan copiosas de responder a rutinas históricas pseudo- religiosas, o a intereses clasistas –léase varoniles-, es ciertamente trascendente la decepción en el “ devoto sexo femenino”, en laicos educados en la fe, y ya en algunos clérigos exentos de cierto sentido de servidumbre “intelectual” de los “Nihil obstat” y de los “Imprimatur”, que con ferviente frecuencia se hacen presentes. Ellos restringirían el pensamiento cristiano en el Pueblo de Dios, a veces hasta límites intolerables, hoy a la luz de la libertad de expresión vigente en la generalidad de las esferas de la convivencia.
. Así las cosas,”per fas o por nefas”, el hecho cierto, indescifrable, molesto y repudiable para muchos cristianos/as, es que, prosiguiendo con el comentario de la noticia supernumeraria de que son tres las mujeres “regidoras” de la Comunidad Autónoma de Madrid, a estas alturas de los cánones y de la disciplina eclesiástica siga resultando impensable, y para algunos hasta blasfemo, que en la Iglesia –Nuestra Santa Madre la Iglesia- se llegue siquiera a plantear también esta contingencia.
. A quienes legítimamente mantienen estas posiciones, con caridad eclesial y con ortodoxos reconocimientos cívicos universales, es obligado informarles que, por ejemplo, los femeninos de sacerdote, obispo, arzobispo, cardenal y así sucesivamente, son hoy ni más ni menos extraños como hace unos cuantos años lo fueron los de gobernadora civil, alcaldesas y presidentas en los casos de las Comunidades Autónomas. Los tiempos, y con ellos los hombres y las mujeres, han cambiado, o están a punto de hacerlo, y no son consistentes, sino todo lo contrario, los argumentos que en este territorio algunos se empeñan en aducir, para que la Iglesia tenga que seguir siendo distinta…
. A título personal abogo por los cambios aquí sugeridos, con respeto y consideración a personas e instituciones, sorprendido de que la Iglesia no esté en sintonía con ideas tan renovadoras como las que la inspiraron, y aún adelantándose a las mismas. Si en algo se distinguiera la Iglesia en la actualidad, a ejemplo de su Fundador Cristo Jesús, habría de ser exacta y teológicamente en la limpia, libre y salvadora disponibilidad para seguir, y aún adelantarse, a la historia…Actitudes perezosas, indolentes o vagas, así como las pusilánimes o timoratas, diríase que son más propias de la Iglesia de los clérigos que de la verdadera Iglesia de Jesús.
Pero como no hay dicha completa, ni siquiera para los hijos de Nuestra Santa Madre la Iglesia, entre una buena parte de ellos, con comprobación y constancia de que en adelante serán más crecientes, despuntan ya comentarios como estos:
. Partiendo de realidades terrenales tan obvias como las que suponen y registran los datos demográficos con todas las bendiciones humanas y divinas, extraña de modo excepcional y sorprendente la ausencia de la mujer en los órganos de dirección de la Iglesia. En la misma, con exacta y precisa rigurosidad doctrinal, se enseña que, en conformidad con el plan de Dios, reeditado por Cristo Jesús en el evangelio, no hay –ni puede haber- acepción de personas. Los datos proclaman a la vez que la presencia de la mujer, como parte del “rebaño” de la Iglesia, es superior a la de los hombres, hasta dar la impresión, en ocasiones, de que la mayoría de sus actos, organizaciones y asociaciones religiosas son – debieran ser-, de su competencia exclusiva.
. No siendo dogma de fe, ni exigencia esencial y sustantiva de la institución eclesiástica, la ausencia de la mujer en su dirección y en el ejercicio y oficio ministerial, solo por el hecho de ser mujer, resulta un misterio supérfluo que mantiene la Iglesia, ya con el positivo rechazo de muchos. Cuando además las razones que se aportan para su sostenimiento son tan febles, poco consistentes y con posibilidades tan copiosas de responder a rutinas históricas pseudo- religiosas, o a intereses clasistas –léase varoniles-, es ciertamente trascendente la decepción en el “ devoto sexo femenino”, en laicos educados en la fe, y ya en algunos clérigos exentos de cierto sentido de servidumbre “intelectual” de los “Nihil obstat” y de los “Imprimatur”, que con ferviente frecuencia se hacen presentes. Ellos restringirían el pensamiento cristiano en el Pueblo de Dios, a veces hasta límites intolerables, hoy a la luz de la libertad de expresión vigente en la generalidad de las esferas de la convivencia.
. Así las cosas,”per fas o por nefas”, el hecho cierto, indescifrable, molesto y repudiable para muchos cristianos/as, es que, prosiguiendo con el comentario de la noticia supernumeraria de que son tres las mujeres “regidoras” de la Comunidad Autónoma de Madrid, a estas alturas de los cánones y de la disciplina eclesiástica siga resultando impensable, y para algunos hasta blasfemo, que en la Iglesia –Nuestra Santa Madre la Iglesia- se llegue siquiera a plantear también esta contingencia.
. A quienes legítimamente mantienen estas posiciones, con caridad eclesial y con ortodoxos reconocimientos cívicos universales, es obligado informarles que, por ejemplo, los femeninos de sacerdote, obispo, arzobispo, cardenal y así sucesivamente, son hoy ni más ni menos extraños como hace unos cuantos años lo fueron los de gobernadora civil, alcaldesas y presidentas en los casos de las Comunidades Autónomas. Los tiempos, y con ellos los hombres y las mujeres, han cambiado, o están a punto de hacerlo, y no son consistentes, sino todo lo contrario, los argumentos que en este territorio algunos se empeñan en aducir, para que la Iglesia tenga que seguir siendo distinta…
. A título personal abogo por los cambios aquí sugeridos, con respeto y consideración a personas e instituciones, sorprendido de que la Iglesia no esté en sintonía con ideas tan renovadoras como las que la inspiraron, y aún adelantándose a las mismas. Si en algo se distinguiera la Iglesia en la actualidad, a ejemplo de su Fundador Cristo Jesús, habría de ser exacta y teológicamente en la limpia, libre y salvadora disponibilidad para seguir, y aún adelantarse, a la historia…Actitudes perezosas, indolentes o vagas, así como las pusilánimes o timoratas, diríase que son más propias de la Iglesia de los clérigos que de la verdadera Iglesia de Jesús.