Fiesta De Los Tabernaculos
Continúan los ecos -y quiera Dios que no sean a perpetuidad, sino que prestamente tengan que apagarse por resultar ya excusados y ociosos- que, con ocasión de la peregrinación-protesta al santuario de la Virgen de Guadalupe en Extremadura levantó la multitudinaria y popular reivindicación de que Patrona tan celestial dejara de pertenecer eclesiásticamente a la diócesis de Toledo-Castilla-La Mancha- para integrarse en cualquiera de las extremeñas. Es algo tan insólito que su sola cita avergüenza y hace acrecentar la sensación de que Extremadura puede con todo y más, cuando parte de ese todo contribuye a acrecentar su condición de “la diecisiete de las diecisiete” en el concierto de valoraciones estimados como subdesarrollísticos. Que también la Iglesia, desde instancias jerárquicas concurra y coadyuve a ahondar y a hacer más reprobable y veraz tal sensación, ronda los límites de la aflicción y del disparate.
. Pese a las reticencias de algunos, estratagemas de otros, imposición de silencios, puestas en cuestión del propio concepto de “peregrinación” y no de “concentración” anti o a-religiosa, la peregrinación-protesta fue todo un modelo de religiosidad, devoción y confianza de que la recuperación para Extremadura de la Puebla y Monasterio de Guadalupe – “Patrimonio de la Humanidad” por más señas - acaba de dar un paso ciertamente decisivo.
. Aún reconociendo que la Santísima Virgen posee una rica variedad de sobrenombres en los pueblos y comarcas de la región extremeña, tales como Tentudía, La Estrella, La Montaña, Los Remedios…, la referencia a Guadalupe con su historia y leyendas, arte, riqueza y monumentalidad, copa y contiene en grado eminente la representación de la condición y manera de ser de los extremeños .
. Además de la bandera de la Comunidad Autónoma, la imagen de esta Virgen es el signo de extremeñismo más elocuente y enraizado que agrupa e inspira el quehacer de los nacidos y residentes en la demarcación geográfico-administrativa de Extremadura. Su imagen, por citar un ejemplo, no falta jamás en los 126 Centros Extremeños existentes en el resto de España, además de los cuatro de Argentina, y otros en el extranjero, bajo cuyo manto hacen florecer sus recuerdos y sus añoranzas de amor y arraigo al terruño .
. Aunque portavoces de la asociación “Guadalupex”, inspiradora y organizadora de la peregrinación–protesta citada, cursaron peticiones de audiencia y visita para informarle personalmente al arzobispo de Toledo, de quien en definitiva depende la solución del problema, este no accedió aún a su concesión, con el escándalo y extrañeza consiguiente para unos y otros, en unos tiempos en los que, aun en los territorios de la política, el acceso a los “poderosos” lo lleva consigo el ejercicio del cargo. De solamente uno de los tres obispos extremeños apenas si lograron una declaración particular y discreta de estar de acuerdo con la reivindicación, con la salvedad de que “esta no debiera exacerbarse”, limitándose a seguir esperando, dado que, al ser eterna la Iglesia, el tiempo no cuenta.
. El pueblo -Pueblo de Dios- tanto en la citada peregrinación como de modos diversos, y en su variedad religiosa, cívica y aún política de asociaciones, entidades, gremios, instituciones y hermandades, ya ha rubricado su conformidad con las exigencias que encarna “Guadalupex”. No pocos miembros de estos colectivos piensan que, ante el estrepitoso fracaso cosechado hasta ahora a consecuencia del inmovilismo jerárquico, tan patético como inefable, es posible que bien pronto se pongan en marcha otros medios lícitamente coactivos y de carácter democrático, que para algunos resultan ser los convincentes.
. Es tarea fervorosamente tan fácil como concluyente y religiosa, por ejemplo, la sugerencia a asociaciones juveniles de celebrar durante el tiempo estival una versión de la “fiesta de los tabernáculos” -tiendas de campaña- en el monasterio de Guadalupe o en sus aledaños, en la que, por supuesto, en textos bien redactados y visibles - ¿pancartas?- se adoctrine a los visitantes acerca de sus propósitos, con reclamos para ser atendidos. Por reivindicaciones de más difícil solución, y tal vez no tan populares como esta, se justifican y aplauden gestos similares, asistidos por la confianza de haber antes recorrido los prescritos caminos de los cánones y del sentido común, contando con las indulgencias al menos del grupo de sacerdotes que concelebraron la santa misa en presencia de la Virgen, aun expuestos a que los 18 sacerdotes toledanos al frente de la veintena de las parroquias de sus pueblos tales bendiciones las tornen en excomuniones o anatemas, estas con la venia o anuencia episcopales. La Iglesia- la diocesana y la universal -, no está ya para guerras por muy santas que las intitulen.
. Pese a las reticencias de algunos, estratagemas de otros, imposición de silencios, puestas en cuestión del propio concepto de “peregrinación” y no de “concentración” anti o a-religiosa, la peregrinación-protesta fue todo un modelo de religiosidad, devoción y confianza de que la recuperación para Extremadura de la Puebla y Monasterio de Guadalupe – “Patrimonio de la Humanidad” por más señas - acaba de dar un paso ciertamente decisivo.
. Aún reconociendo que la Santísima Virgen posee una rica variedad de sobrenombres en los pueblos y comarcas de la región extremeña, tales como Tentudía, La Estrella, La Montaña, Los Remedios…, la referencia a Guadalupe con su historia y leyendas, arte, riqueza y monumentalidad, copa y contiene en grado eminente la representación de la condición y manera de ser de los extremeños .
. Además de la bandera de la Comunidad Autónoma, la imagen de esta Virgen es el signo de extremeñismo más elocuente y enraizado que agrupa e inspira el quehacer de los nacidos y residentes en la demarcación geográfico-administrativa de Extremadura. Su imagen, por citar un ejemplo, no falta jamás en los 126 Centros Extremeños existentes en el resto de España, además de los cuatro de Argentina, y otros en el extranjero, bajo cuyo manto hacen florecer sus recuerdos y sus añoranzas de amor y arraigo al terruño .
. Aunque portavoces de la asociación “Guadalupex”, inspiradora y organizadora de la peregrinación–protesta citada, cursaron peticiones de audiencia y visita para informarle personalmente al arzobispo de Toledo, de quien en definitiva depende la solución del problema, este no accedió aún a su concesión, con el escándalo y extrañeza consiguiente para unos y otros, en unos tiempos en los que, aun en los territorios de la política, el acceso a los “poderosos” lo lleva consigo el ejercicio del cargo. De solamente uno de los tres obispos extremeños apenas si lograron una declaración particular y discreta de estar de acuerdo con la reivindicación, con la salvedad de que “esta no debiera exacerbarse”, limitándose a seguir esperando, dado que, al ser eterna la Iglesia, el tiempo no cuenta.
. El pueblo -Pueblo de Dios- tanto en la citada peregrinación como de modos diversos, y en su variedad religiosa, cívica y aún política de asociaciones, entidades, gremios, instituciones y hermandades, ya ha rubricado su conformidad con las exigencias que encarna “Guadalupex”. No pocos miembros de estos colectivos piensan que, ante el estrepitoso fracaso cosechado hasta ahora a consecuencia del inmovilismo jerárquico, tan patético como inefable, es posible que bien pronto se pongan en marcha otros medios lícitamente coactivos y de carácter democrático, que para algunos resultan ser los convincentes.
. Es tarea fervorosamente tan fácil como concluyente y religiosa, por ejemplo, la sugerencia a asociaciones juveniles de celebrar durante el tiempo estival una versión de la “fiesta de los tabernáculos” -tiendas de campaña- en el monasterio de Guadalupe o en sus aledaños, en la que, por supuesto, en textos bien redactados y visibles - ¿pancartas?- se adoctrine a los visitantes acerca de sus propósitos, con reclamos para ser atendidos. Por reivindicaciones de más difícil solución, y tal vez no tan populares como esta, se justifican y aplauden gestos similares, asistidos por la confianza de haber antes recorrido los prescritos caminos de los cánones y del sentido común, contando con las indulgencias al menos del grupo de sacerdotes que concelebraron la santa misa en presencia de la Virgen, aun expuestos a que los 18 sacerdotes toledanos al frente de la veintena de las parroquias de sus pueblos tales bendiciones las tornen en excomuniones o anatemas, estas con la venia o anuencia episcopales. La Iglesia- la diocesana y la universal -, no está ya para guerras por muy santas que las intitulen.