"Representa el sueño americano de justicia social" Dorothy Day, anarquista, pacifista y oblata benedictina

Dorothy Day
Dorothy Day

Durante su adolescencia, Dorothy se alejó de la Iglesia porqué, como ella mismo dijo más tarde, “no vi nunca a nadie quitarse el abrigo para darlo a un pobre"

"Una crisis personal llevó a Dorothy a recobrar la fe, recordando que el profeta de Nazaret siempre se había hecho cargo de los pobres y de los excluidos"

"Oblata benedictina desde 1955, Dorothy Day veneraba los valores monásticos, como la comunidad, el trabajo, la hospitalidad y la paz"

El 29 de noviembre de 1980 (ahora hace cuarenta años) murió en Nueva York, Dorothy Day, anarquista, pacifista, anticapitalista, una mujer cristiana comprometida con la lucha no violenta y con la defensa de los pobres y de los excluidos.

Dorothy Day nació en Brooklyn, que en aquel momento era un municipio cerca de Nueva York, el 8 de noviembre de 1897. Day pertenecía a una familia episcopaliana de clase media. Su padre, que era un hombre conservador, fue un periodista deportivo y su madre que era ama de casa, tuvieron, además de Dorothy, tres hijos más y una hija. En 1916 la familia se trasladó a Chicago, donde Dorothy descubrió una realidad de miseria y de conflictos.

Durante su adolescencia, Dorothy se alejó de la Iglesia porqué, como ella mismo dijo más tarde, “no vi nunca a nadie quitarse el abrigo para darlo a un pobre. No vi nunca a nadie hacer un almuerzo e invitar al ciego y el paralítico”. Por eso Dorothy fue atea hasta los veinte años largos. Miembro del Partido Socialista de Amèrica, Dorothy se convirtió en una activista de los derechos humanos. Day tuvo diversas parejas, sin casarse, con una de las cuales se quedó embarazada y acabó abortando. Finalmente se casó con Foster Butterman de quien se separó un año más tarde.

Una crisis personal llevó a Dorothy a recobrar la fe, recordando que el profeta de Nazaret siempre se había hecho cargo de los pobres y de los excluidos. Eso hizo que su vida cambiara radicalmente. Viendo Dorothy que en los EEUU la Iglesia católica era la Iglesia que acogía a la clase obrera, a los pobres y a los inmigrantes, Day reconoció que aquel era su lugar. En 1926 Dorothy embarazada de nuevo, esta vez no va abortó y el 4 de marzo de aquel año tuvo a la criatura, siendo madre soltera.

Dorothy Day
Dorothy Day

Dorothy decidió bautizar a su hija, Tamar Teresa y bautizarse ella también, entrando así a formar parte de la Iglesia católica. Y es que Dorothy Day reconoció a Jesús, presente en los más pobres y marginados de la sociedad. Si antes de su conversión, Dorothy había vivido de una manera que ella, años después, consideró vacía, ahora como cristiana, iba descubriendo el sentido de su vida como discípula de Jesús.

La crisis social y económica de 1929, que llevó el caos económico a los EEUU, con millones de personas hundidas en la pobreza y en el paro, animó a Dorothy Day a fundar el “Movimiento del Trabajador Católico”, una red de más de 2.000 hogares y granjas para acoger a los transeúntes y a los pobres de toda la geografía americana. Así, Dorothy pedía una respuesta eclesial a la situación tan difícil que vivía la sociedad de los EEUU. Y es que Day, no separó nunca la experiencia de Dios de su compromiso político y social por la justicia. Por eso Dorothy representó el corazón y la conciencia de izquierdas del catolicismo americano. Además, para mantener su libertad de acción, Day no aceptó nunca subvenciones para su obra social.

El día de la Inmaculada de 1932, Dorothy participó en una marcha contra el hambre (el flagelo que azotaba a los EEUU después del crac de 1929), organizada por los comunistas. Dorothy entró en la basílica nacional de Washington y pidió a la Virgen un signo concreto para luchar por los valores sociales. Cuando Dorothy llegó a su casa la esperaba Pierre Maurin, un francés que había leído los artículos de Day y que quería fundar un diario para los obreros, siguiendo las enseñanzas de la Iglesia y concretamente, la encíclica Rerum Novarum del papa León XIII.

Así, en 1933, con Maurin, Day fundó el diario, “El Trabajador Católico”, un medio que denunció las injusticias que nacen del capitalismo. De esta manera, con su voz, Day alzó la bandera de la defensa de los pobres y de los excluidos en el país más rico del mundo. Uniendo los valores cristianos y políticos, Dorothy Day alimentó y acogió a miles de parados que habían perdido su trabajo.

El periódico de Dorothy

Oblata benedictina desde 1955, Dorothy Day veneraba los valores monásticos, como la comunidad, el trabajo, la hospitalidad y la paz.

Dorothy Day fue encarcelada diversas veces por defender el pacifismo y los derechos de los más pobres de la sociedad. El movimiento creado por Dorothy Day animó a la ciudadanía a la desobediencia civil y, con valentía, denunció la guerra del Vietnam. Mujer feminista, conoció la cárcel, ya el 1917 por haber participado en una manifestación defendiendo el derecho al voto de las mujeres. Y el 1959, cuando Dorothy tenía 62 años, fue de nuevo encarcelada por haber estado en una manifestación pacifista.

Dorothy murió el 29 de noviembre de 1980 (ahora hace cuarenta años) después de una vida de pobreza voluntaria. Day trabajó por la justicia social, con su compromiso con la vida y la lucha de los excluidos. Su radical cristianismo y su coherencia, dieron sentido a su vida de lucha contra la opresión de las minorías y a favor de la paz. Dorothy Day es, aun hoy, un referente para los que apostamos por la justicia y un ejemplo para los que queremos cambiar la imagen de la Iglesia.

No es nada extraño que el papa Francisco, el 24 de septiembre de 2015, en su discurso en el Congreso de los EEUU, citara a cuatro americanos como modelos de vida: Abraham Lincoln, Martin Luther King, Thomas Merton y Dorothy Day, ya que estos personajes históricos “apostaron con su trabajo, abnegación e incluso con su sangre, para forjar un futuro mejor”. Y es que Day, que fue una cristiana consecuente y coherente con su fe, defendió los derechos de las mujeres, de los marginados, de los pobres y de los excluidos, por su compromiso como discípula de Jesús de Nazaret.

En 1996, el papa Juan Pablo II declaró a Dorothy Day, Sierva de Dios. Y en marzo del año 2000, la archidiócesis de Nueva York inició el proceso para su canonización.

Dorothy Day representa el sueño americano de justicia social. Y es que su pasión por la justicia y por los pobres, estaba inspirada en el Evangelio.

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