Lectura popular latinoamericana de la Biblia y Pensamiento Poscolonial Babel, ¿castigo o propuesta?

Torre de Babel
Torre de Babel

Las consecuencias de la intervención divina son tres: el surgimiento de la diversidad de idiomas (fin del idioma único), la dispersión por todo el mundo (fin del grupo único) y paralización de la construcción de la ciudad (fin de la imposición del modelo urbano sobre el rural)…

Podemos (y queremos) ensayar otra interpretación alternativa a la traicional: Babel… Mesopotamia… Babilonia… ¡un imperio! Un proyecto desmesurado e irrefrenable… 'nada los detendrá en este empeño' ¡Esto es lo que provoca la intervención de dios!

Encontramos, entonces, dos lecturas e interpretaciones posibles del texto, sabiendo que probablemente haya más lecturas posibles. Será importante preguntarse ¿quiénes y desde dónde hacen esta lectura?

Esto nos coloca de nuevo frente a la pregunta que ya se ha vuelto habitual para nosotros: Cuando hablamos de dios, ¿de qué dios hablamos? Nos encontramos frente a la libertad humana incluso en relación con dios

¡No hay textos neutros ni lecturas neutras!

Otro principio fundamental que se ha vuelto habitual para nosotros y nosotras…

Quisiéramos comenzar nuestra reflexión a partir de un texto muy conocido: la torre de Babel (Gen 11,1-8))
Recordemos lo que el texto nos presenta…

El texto

Todo el mundo habla el mismo idioma… hay un desplazamiento a una nueva región (Mesopotamia / Babilonia)… toman la decisión de fabricar ladrillos, construir una ciudad en esta región y construir en ella una torre que llegue hasta el cielo… la motivación para esto es adquirir fama y evitar nuevas dispersiones… Allí se produce una intervención divina… está motivada por el hecho de ver que son un solo pueblo y hablan un solo idioma… descubre que, por eso, han iniciado ese trabajo y ya nada los detendrá en ese empeño… con su intervención destruye el idioma único… las consecuencias son tres: el surgimiento de la diversidad de idiomas (fin del idioma único), la dispersión por todo el mundo (fin del grupo único) y paralización de la construcción de la ciudad (fin de la imposición del modelo urbano sobre el rural)…

Hasta aquí el texto… ¿Cuál es la interpretación?

En una interpretación más tradicional y, quizá la más frecuente, la intervención de Dios es vista como castigo impuesto al orgullo de los hombres; esto significa que la diversidad de las lenguas (culturas) y la dispersión (multiplicidad) de los pueblos son parte o consecuencia de este castigo. Eso implica, también, que son vistas como pecaminosas o, por lo menos, como algo negativo.

El pecado del hombre es el “orgullo”, la soberbia; el querer ser más. Nos encontramos con la imagen de un Dios todopoderoso que no soporta la competencia. El deseo del hombre de llegar al cielo es visto por este Dios como amenaza a su poder, a su soberanía. ¿Cómo el pequeñito se atreve a aspirar a llegar al lugar del único que puede tener poder?

Esta interpretación está en consonancia con muchas que se hacen de otros textos bíblicos; por ejemplo la del relato del pecado original, donde este pecado consiste, también, en querer saber, y donde este Dios también se siente amenazado: “Ahora el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros” (Gen 3,22), ¡Qué horror!

Esta soberbia se expresa en actitudes de “desobediencia” (aunque la palabra no aparece en el texto, siempre se ha enseñado así e incluso aparece como el título del texto), de no aceptación de la sumisión debida al Todopoderoso. Y el castigo, en este caso, tiene la forma del trabajo agrícola fuera del jardín propiedad del poderoso que ahora está custodiado por espadas para evitar la posible ambición del sometido.

Podemos (y queremos) ensayar otra interpretación.

Babel… Mesopotamia… Babilonia… ¡un imperio!

Un imperio con idioma único… no se acepta otro idioma distinto que el oficial del imperio y esto implica que no se acepta otro lenguaje distinto, ni un pensamiento diverso, ni otra cultura distinta; no se admite otro proyecto distinto…

Un imperio expansionista… que se desplaza a nuevas regiones y se apodera de ellas. Una llanura… el imperio está apropiándose las tierras, ¿de quién? ¿Estaba desocupada? O ¿eran tierras de campesinos?

Un imperio urbano… a donde llega construye ciudades. La construcción de ciudades sobre la llanura implica no solo una cuestión física; es la imposición de un proyecto urbano sobre uno campesino.

Un imperio con un proyecto opresor y controlador… adquirir fama, ¿infundir temor? y evitar la dispersión de los pueblos, todos los pueblos sometidos a su control.

Un imperio sumamente ambicioso… quiere llevar este proyecto hasta el cielo. Este deseo puede tener una doble significación. Por un lado, un deseo de dominación ilimitada, sin fronteras, el mundo entero (por lo menos el conocido por ellos), ¡hasta el cielo! Por otro lado, puede implicar las pretensiones de legitimación religiosa de este proyecto imperial; hasta el cielo quiere ser controlado y dominado por ellos. Es la función de la religión oficial. Las ciudades de Mesopotamia tenían un templo con una torre escalonada y su parte más alta era considerada como el lazo de unión entre el cielo y la tierra; es significativo que en el relato no aparezca esa torre como un templo, símbolo religioso, sino como expresión de un proyecto político-civilizatorio. En la tradición babilónica, el nombre de esta ciudad significa: “Puerta de Dios” o “puerta de los dioses”; hasta Dios debe pasar por esta puerta controlada por el imperio.

Un imperio desmesurado e irrefrenable… “nada los detendrá en este empeño”.

Si consideramos que en el proceso de redacciones sucesivas de estos textos, la redacción final probablemente pueda ser fijada en el tiempo de la dominación del imperio griego, esta interpretación cobra mucho sentido, ya que todo texto tiene su contexto; siempre nace de y responde a su contexto.
¡Esto es lo que provoca la intervención de dios!

Desde esta perspectiva, la intervención de dios podría ser interpretada no como castigo, sino como oposición a este proyecto imperial dominador, opresor y colonizador. La dispersión de los pueblos y la multiplicidad lingüística y cultural serían la propuesta de este otro dios para las posibilidades de vida. A lo que dios se opone no es la pluralidad y diversidad, sino a la imposición de proyectos uniformadores que causan opresión.

Esto significa que frente a la realidad que este pueblo está viviendo bajo la dominación imperial griega, que el Qoelet describe como “porquería de porquerías y solo porquería” (esta es la interpretación de Elsa Tamez del famoso “vanidad de vanidades…”), su experiencia religiosa, su experiencia de fe, los lleva a la convicción de que una vida bajo esa dominación no tiene sentido.

La experiencia de dios que hacen desde la historia, es distinta de la experiencia de Dios que quieren imponer los dominadores; ellos no creen en ese Dios uniformizador que sustenta el proyecto imperial y que destruye desde el poder, la vida, la cultura, la tierra, el proyecto de los pueblos oprimidos. Ese Dios no merece su fe y su adhesión, su sometimiento y obediencia. No corresponde a su tradición religiosa, a la experiencia de dios que han ido haciendo y re-haciendo, formulando y re-formulando a lo largo de su historia.

Ellos han hecho la experiencia de un dios defensor de la vida de los pueblos, motivador de sus procesos de liberación, afirmador de su derecho a la tierra y del derecho de la tierra, que mira con complacencia sus diversas identidades culturales.

Si leemos el capítulo anterior (Gen 10) nos encontramos con esta otra perspectiva que planteamos; la multiplicación y diversificación de los pueblos, “cada nación y clan en su propia tierra y con su propio idioma” (Gen 10,8), son bendecidas por dios.

Esta interpretación estaría en consonancia con la experiencia original de dios, hecha por este pueblo, que es narrada en Éxodo (Ex 3): el dios que toma partido por un pueblo de esclavos. Esta experiencia los anima a oponerse a ese otro proyecto opresor de los egipcios y caminar luchando por su liberación. También estaría en consonancia con la experiencia de dios hecha por las primeras comunidades cristianas que es narrada en el texto de Pentecostés (Hech 2), donde no hay uniformidad de idiomas sino posibilidad de entendimiento conservando cada quien el suyo. Egipto, Asiria, Babilonia, Persia, Grecia, Roma, seis proyectos imperiales rechazados desde esta experiencia de dios.

Dos interpretaciones diversas con consecuencias diversas.

Encontramos, entonces, dos lecturas e interpretaciones posibles del texto, sabiendo que probablemente haya más lecturas posibles.

Una de ellas, la más tradicional, lee el texto desde una perspectiva, y un lugar social, más colonizadores; por eso hace una lectura colonizadora y legitimará o sustentará estructuras y prácticas sociales y eclesiales colonizadoras y de dominación. Es una lectura que impulsará el pensamiento único, atentará contra la diversidad cultural, racial, sexual, religiosa, etc., colaborará a la construcción de un sistema social y eclesial piramidal e impulsará prácticas de dominación y sometimiento desde el poder.

Será importante preguntarse ¿quiénes y desde dónde hacen esta lectura?

Hay otra, la que nosotros y nosotras proponemos ahora, con características más liberadoras y descolonizadoras que legitima o sustenta prácticas, organizaciones y procesos de resistencia y descolonización. Es la lectura que acompaña la experiencia, la reflexión y la práctica de las CEBs y de la teología de la liberación. Se mueve tanto en el ámbito socio-político y eclesial, abarcando las realidades económicas, políticas, sociales e ideológicas y se enriquece cada vez más con los aportes de las ciencias modernas en todos los campos: antropología, psicología, economía, sociología, epistemología, ciencias naturales y de la comunicación. Está siempre en proceso dinámico y recoge las visiones y experiencias y prácticas de todos y todas.

Esta existencia de varias lecturas posibles que nacen de y sostienen a proyectos distintos y hasta opuestos no nos asombra porque ya la encontramos en la misma biblia atravesando los diversos textos y el proceso de las varias relecturas que va haciendo de sí misma. Ahí encontramos el proyecto de las tribus y el de la monarquía, diversos y opuestos entre sí; el proyecto de Esdras y Nehemías, de corte marcadamente colonizador frente al del tercer Isaías o Ruth con características universalistas, defensoras de la diversidad de culturas y tradiciones. La misma biblia nos ha enseñado que se pueden hacer de ella, de la vida y de dios, lecturas de todo tipo.

Sabemos que la primera lectura, la más colonizadora, ha sido la más frecuente y habitual, adjudicándose a sí misma las características colonizadoras; es una lectura que se considera a sí misma única, dogmática, inmutable, rígida, hecha desde la jerarquía y, por lo mismo divinizada; “Diosito lo ha dicho”, “está en la biblia y esta es palabra de Dios”. También es mentirosa y fraudulenta, porque cuando un texto no se deja leer de manera colonizadora simplemente no se lee y se le considera como si no existiera; es el caso del libro del Cantar de los cantares que nunca se lee durante el año litúrgico.

Sabemos que ha llevado, entonces, la colonización hasta sus extremos más graves, colonizando las mentes, las conciencias y las experiencias religiosas; ha colonizado hasta a Dios.

Pero también sabemos, con absoluta certeza, que la otra lectura también está en la misma biblia; en los textos y en las relecturas; en los procesos populares históricos que ahí se narran; en los proyectos y organizaciones que fueron capaces de soñar y construir.

También sabemos, con absoluta certeza, que la otra lectura está presente en la práctica de muchas comunidades impulsando procesos sociales liberadores y procesos personales también liberadores y descolonizadores de las mentes, las conciencias, las actitudes, las prácticas y las experiencias religiosas.

Creación

Elementos significativos de una opción

Esto nos coloca de nuevo frente a la pregunta que ya se ha vuelto habitual para nosotros: Cuando hablamos de dios, ¿de qué dios hablamos? Nos encontramos frente a la libertad humana incluso en relación con dios; es una opción personal y comunitaria que no podemos evitar.

¿Qué experiencia de dios merece mi confianza por los frutos de vida digna que produce para mí y para mi pueblo?

¿Qué experiencia de dios ofrece sentido para mí y mi pueblo en el contexto que me toca vivir?

Pensar que sólo se puede creer en un Dios y si no te vas al infierno, también es profundamente colonizador.

Y nos coloca frente al desafío de encontrar los caminos y los instrumentos que nos ayuden a descolonizarnos a nosotros y nosotras mismas del Dios colonizador que llevábamos y llevamos incorporado. También para acompañar los procesos de nuestras comunidades en esta dirección.

En nuestra experiencia y nuestro caminar hemos aprendido algunas cosas importantes desde las que nos sentimos en sintonía con quienes van haciendo su camino por el lado del pensamiento descolonizador. Algunas de ellas quizá las decimos con otras palabras pero avanzan en la misma dirección y en ellas nos encontramos como compañeros y compañeras de camino para la construcción de la vida.

Una pregunta fundamental

Ya señalábamos que hay una pregunta que se ha vuelto habitual para nosotros: Cuando hablamos de dios, ¿de qué dios hablamos? Para nosotros y nosotras es evidente que la experiencia de dios es múltiple y variada; incluso va variando en el tiempo porque es dinámica y contextuada. El dios que encontramos en la experiencia del pueblo de ayer y de hoy es histórico y la experiencia que se vive de él es por lo mismo histórica y contextuada.

Incluso en la misma biblia, no hay una sola y única experiencia de dios: Elohim, Yavé, Eloah, Adonay, El, Saday, el de nuestros padres… Más aún, a muchas y muchos de nosotros fue el encuentro serio y sincero con el texto bíblico el que nos llevó, paso a paso, a esta certeza. Negar esto es hacer una lectura de la biblia, de la vida, de la fe, dominadora y colonizadora.

La experiencia es siempre subjetiva, incluso la colectiva, y, por lo mismo, diversa, variada, dinámica y evolutiva. No hay una sola experiencia; lo demás es teoría y dogmatismo. Si la fe es experiencia, la experiencia de dios que vive cada persona, entonces es subjetiva y, por lo mismo, diversa, variada, dinámica y evolutiva.

Por otra parte esa experiencia de la divinidad necesita formularse para poder decírnosla a nosotras y nosotros mismos y a los demás; y las formulaciones se construyen con el material disponible en ese momento por cultura, conocimientos, hábitos y prácticas. En ese sentido siempre serán metafóricas, expresan de alguna manera (palabras, signos, formulaciones, gestos, organizaciones, etc.) algo más grande que está por detrás. Esto las hace, de nuevo, múltiples, variadas, diversas, dinámicas, evolutivas.

Tener en cuenta este principio es fundamental para evitar cualquier intento colonizador de la experiencia religiosa en general y de la lectura bíblica en particular.

leer la Biblia

Hermenéuticas específicas

¡No hay textos neutros ni lecturas neutras!

Otro principio fundamental que se ha vuelto habitual para nosotros y nosotras…

Por detrás de un texto hay un autor o una autora, unos autores o unas autoras; dentro de un autor o una autora hay un mundo, una vida: cultura, experiencias, educación, situación social, contexto social, creencias, emociones, valores, proyectos y sueños… todo esto bulle en la intencionalidad del autor. Quien escribe un texto o construye un símbolo o crea una formulación tiene una intencionalidad, aunque pudiera ser inconsciente; quiere transmitir algo, por eso escribe. Su texto no es neutro; está a favor o en contra de algo, refuerza o contradice algo, propone algo.

Por detrás de una lectura hay un lector o una lectora, unos lectores o unas lectoras; y dentro de un lector o una lectora también hay un mundo, una vida: cultura, experiencias, educación, situación social, contexto social, creencias, emociones, valores, proyectos y sueños… todo esto bulle en la interpretación del lector. Quien lee un texto o realiza un símbolo o repite una formulación realiza una interpretación, aunque pudiera ser inconsciente. Su lectura tampoco es neutra, es interpretación.

De todas las maneras posibles hay que evitar la “asepsia” en el acercamiento al texto bíblico.

¿Desde dónde se escribe y desde dónde se interpreta? Una de nuestras formulaciones significativas nació cuando en un taller, una mujer dijo con mucha alegría: “¡Ya entendí! La hermenéutica es el ‘desde ahí´…”. Es lo que llamábamos (y llamamos) el lugar social del autor y del lector.

Por eso se van volviendo cada vez más importantes lo que llamamos las “hermenéuticas específicas”; lectura bíblica desde los negros, desde las mujeres, desde los pobres, desde los nativos, desde los jóvenes, desde los excluidos, desde los niños, etc. Nuestra opción por los y las pobres y excluidos/as nos exige hacer una lectura contraria a los proyectos y procesos colonizadores.

Puede ser este el momento de comenzar a ensayar la lectura desde los colonizados y las colonizadas, ¿cómo leer el texto bíblico con los ojos y desde la situación de estas personas? Sin duda nos ayudaría a encontrar intencionalidades e interpretaciones nuevas… Una hermenéutica específica nueva que podemos y debemos comenzar a ensayar…

Texto espejo y texto ventana

Muy relacionado con esto se encuentra otro de nuestros aprendizajes fundamentales y que lo expresamos como el “texto ventana” y el “texto espejo”.

“El texto bíblico no cae del cielo; nace de la tierra”, “todo texto tiene su contexto”, “el texto habla de lo que vivían quienes lo escribieron”, “en la biblia encontramos la historia de un pueblo narrada por los hombres y mujeres de ese pueblo”, son otras de nuestras formulaciones habituales cuando abordamos este aspecto.

La “revelación” de dios (la experiencia de dios, decimos nosotras y nosotros) no está en el texto; está en la historia, en el acontecimiento, en los hechos. Primero fueron los acontecimientos y después se pusieron en el texto, primero oral y luego escrito; primero se vivió la experiencia y después se formuló. Como consecuencia, cuando nos acercamos al texto bíblico, nos acercamos para mirar a través de él (ventana) y descubrir lo que está más allá. El texto nos permite ver la realidad de donde nació, el contexto histórico, donde encontramos los acontecimientos y la experiencia del pueblo que lo vivió; cómo lo vivió; incluso la experiencia que hizo de dios en medio de ellos. No buscamos “verdades”, “normas”, “dogmas”, “leyes”, buscamos la vida en toda su realidad, su crudeza y su ambigüedad.

De ahí que el texto permita conectar con nuestra propia realidad (espejo). Nos refleja, por semejanza o por oposición nuestra propia realidad y nuestra propia experiencia, también de dios. Nos podemos confrontar con el texto para analizar, discernir e iluminar nuestro hoy.

Ahí descubrimos los acontecimientos opresores y liberadores; están los dos. Ahí encontramos los proyectos colonizadores y los de resistencia o transformación, están los dos; también encontramos a quienes los sostienen y cómo los sostienen para descubrirlos también hoy; igualmente la experiencia de dios hecha por unos y por otros y sus formulaciones, están las dos.

Acercarnos al texto de este modo nos coloca de nuevo frente a la necesidad de nuestras opciones: ¿con cuál nos enganchamos? En nuestra propia historia, como ellos en la suya, ¿optamos por proyectos, prácticas y procesos colonizadores o liberadores? ¿Adherimos en la fe al dios y al proyecto de dios que promueven unas o las otras? De nuevo, cuando hablamos de dios, ¿de qué dios hablamos? Cuando hacemos experiencia de dios, ¿de cuál dios hacemos experiencia?

Se nos ofrece la oportunidad (y, para nosotros y nosotras, la necesidad) de descolonizar nuestra mentalidad y nuestra fe.

Método de lectura

Este tipo de lectura, sobre todo cuando se realiza con grupos populares (ellos ha sufrido más la colonización en todas sus dimensiones) requiere de herramientas concretas y populares que permitan no repetir la lectura y la interpretación colonizadora a la que están más habituados por haber sido la más frecuente.

Esto nos ha llevado a construir, en sucesivas correcciones, una metodología que permita hacer la lectura no colonizadora. La presentamos brevemente a continuación. Consta de 5 pasos que ubicamos en un camino de ida y vuelta entre el hoy y el ayer. El trabajo que hacíamos al inicio con el texto de Babel nos ejemplariza brevemente y a grandes rasgos algunos elementos de este camino.

El primer paso lo llamamos “partir de la realidad” y consiste en el análisis (global o de algún aspecto) de la realidad presente. Este paso nos permite asumir el lugar social y la perspectiva desde dónde queremos hacer la lectura del texto: el de los pobres y excluidos. Es el “desde ahí”. Nos situamos desde el inicio en la realidad de opresión o liberación y sus procesos que viven los pueblos con quienes compartimos la vida y la fe. Al final cerraremos el círculo hermenéutico volviendo hasta esta realidad. No está demás señalar que este análisis se hace desde el pueblo y con el pueblo participante, ayudado en la sistematización y profundización por los asesores. Si no fuera así; si fuera dado por algún experto que “sabe”, entraríamos en la dinámica colonizadora habitual.

El segundo paso, llamado “conocer el texto” nos lleva al análisis literario y lingüístico del texto. Responde a la pregunta: ¿Qué dice el texto? y evita partir de suposiciones o interpretaciones aprendidas de antemano, generalmente colonizadoras. ¿Qué es lo que el texto dice? y no ¿qué es lo que otros dicen que dice? haciéndole decir lo que el texto no dice. Igual que el paso anterior, y todos los sucesivos, este análisis lo hace el pueblo participante; incluso les pedimos que no lean ni las introducciones ni las notas de los textos. No queremos seguir colonizando sus mentes diciéndoles que ellos no saben y que yo, que sí sé, les digo lo correcto. Se abre el camino a la lectura que el pueblo hace desde su propia condición.

Se realiza desde preguntas muy sencillas y populares como el análisis de los personajes con sus identidades, acciones y relaciones; la identificación de lugares y tiempos en que suceden las cosas con sus procesos y desplazamientos; el descubrimiento de palabras que más repiten o que tienen un significado especial.

El tercer paso, “conocer el contexto”, nos lleva al análisis histórico y sociológico del contexto; de los acontecimientos que están por detrás del texto. Trabajamos con lo que llamamos “los cuatro lados”: económico, político, social e ideológico y consiste en buscar en el mismo texto todas las indicaciones que el mismo ofrece sobre la situación vivida en estas cuatro dimensiones de la realidad. “En el mismo texto está su contexto” afirmamos y el pueblo es capaz de encontrarlo.

Un momento delicado y no siempre fácil en este paso es la distinción y relación entre el contexto histórico del tiempo en que sucedieron las cosas y el del tiempo en que el texto fue producido o reformulado. Sin embargo, nuestra experiencia es que, poco a poco, el pueblo es capaz de hacerlo y aquí también está presente la ayuda del asesor como acompañante del proceso y facilitador.

Los acontecimientos y procesos colonizadores o de resistencia y descolonización son puestos en evidencia.

El cuarto paso que llamamos “mensaje para el ayer”, nos conecta con la intencionalidad del autor o autora y con la relación pertinente entre el texto y el contexto. ¿Qué es lo que este texto decía a quienes vivían en el tiempo en que se produjo? El texto nació de un contexto y busca responder a ese contexto. No fue escrito para nosotros ni responde, directamente, a nuestro contexto. Se evita la abstracción y universalización de los textos encontrando las respuestas concretas que daba a las situaciones vividas y las experiencias de dios concretas vividas y propuestas. Permite también descubrir la evolución histórica de la experiencia de dios y sus formulaciones.

Se trabaja, como siempre con preguntas concretas y significativas: ¿dónde aparece dios en este texto (lugares, acontecimientos, personas)? ¿Qué rostro (experiencia) de dios aparece (se realiza) en este texto? ¿Qué mensaje ofrecía a quienes vivían en aquella realidad?

El quinto paso, “mensaje para hoy”, cierra el círculo hermenéutico trayéndonos de nuevo a nuestra realidad. Se trabaja la confrontación de realidades (contexto de ayer / contexto de hoy) y de experiencias y formulaciones de dios con sus prácticas correspondientes. Ayuda a que la lectura del texto impulse acciones y procesos liberadores en favor de los oprimidos.

Dos caminos

Dos caminos que se encuentran, se acompañan y se enriquecen

Obviamente que para los que quieren llegar a Roma…

Para los que queremos llegar a la vida plena, a la liberación de nuestros pueblos, son muchos los caminos que nos llevan allá y, aunque vayamos por diversos caminos nos encontramos en el sueño y el compromiso del Sumaq Kawsay o el Malcuta Yavé o la Tierra sin males, o el Shalom, el Shi, el Shanti, el Axe…

El encuentro se produce, en este caso, entre la lectura popular de la Biblia y el pensamiento poscolonial… encuentros, colaboraciones y enriquecimientos que, como indicábamos antes, se dan aunque esténn expresados en diversos símbolos o lenguajes.

Queremos recoger, simplemente, muchos de los planteamientos que hemos ido haciendo a lo largo del texto que indican la colaboración entre dos caminos para el compromiso común.

Desde luego que el primer gran encuentro se produce en el sueño, la utopía, y el compromiso que nos moviliza a ambos: la vida libre, plena y digna de nuestros pueblos. Colonizados dirán algunos y oprimidos diremos otros.

En el proceso que seguimos y con la metodología que empleamos se favorecen mucho algunos elementos que compartimos con quienes trabajan desde la perspectiva del pensamiento descolonizador:

-Rescatar las voces silenciadas en los textos desde las interpretaciones tradicionales.

-Visibilizar los agentes individuales y colectivos ignorados o negados en las interpretaciones habituales, y a veces en los mismos textos.

-Visibilizar sus prácticas liberadoras también ignoradas o negadas.

-Visibilizar y denunciar las voces y acciones opresoras en los textos y sus interpretaciones.

-Apostar por la subjetividad de los invisibilizados e invisibilizadas, restituyéndoles su condición de sujetos y contribuyendo a  que ellos y ellas tomen conciencia de su condición de sujetos.


-Aclarar la ideología política que motiva los textos y sus interpretaciones y que, a su vez, es promovida por los textos y sus interpretaciones.

-Desafiar a quienes no reconocen las posturas imperiales que hay en algunos textos o en sus interpretaciones.

-Responder críticamente a las presuposiciones, convicciones y prácticas de colonialismo en la interpretación de los textos.

-Abrirse a las voces interpretativas de quienes fueron colonizados: indígenas, afroamericanos, mujeres, campesinos, diversidades sexuales, etc..

-Invitar al cambio social y relaciones interculturales.

Creemos que el principal aporte que nosotros podemos ofrecer es colaborar a la descolonización de nuestras mentes; colonización que, muchas veces ha estado reforzada por el elemento religioso y por una colonización de la experiencia de fe. Recordemos que en nuestros pueblos latinoamericanos, y probablemente en muchos otros, la colonización llegó junto con la “evangelización”, reforzándose mutuamente.

Una lectura bíblica que descolonice, libere, la experiencia de dios será un aporte grande para la descolonización de todos los otros niveles de experiencia, organización y relación, ya que deslegitima, desenmascara y tira abajo el sustento ideológico y espiritual de los procesos colonizadores y opresores.
Otro aporte importante que podemos ofrecer es la metodología empleada, que siendo la misma de toda la teología de la liberación (el ya famoso ver, juzgar y actuar), presenta elementos concretos ya ensayados y probados que se pueden aplicar al texto bíblico y a muchos otros textos, relatos, y narraciones que han servido y sirven para colonizar o descolonizar, dependiendo de la lectura y la interpretación que hagamos de ellos.

El principal aporte que nos ofrecen quienes caminan por las rutas del pensamiento descolonizador, es ayudarnos a tomar conciencia de una nueva hermenéutica, hasta ahora no muy abordada, en la lectura bíblia: la hermenéutica de los colonizados. Coincide con nuestras hermenéuticas específicas pero les abre una perspectiva nueva y matices hasta ahora no explorados.

Nos sentimos acompañados, enriquecidos y desafiados por los y las que recorren ese camino y también deseosos de ofrecerles nuestra experiencia con el deseo de que les sirva en su propio caminar.

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