Tengo a Don Juan José Asenjo, obispo de Córdoba, por uno de los mejores obispos de España. Tuve con él un encontronazo hace algún tiempo pero creo que está olvidado. Por mí ciertamente. Y me parece que también por él.
Todo el mundo me dice que se ha ganado a Córdoba. Y cada vez su nombre suena más entre los candidatos a suceder a Fray Carlos Amigo en Sevilla cuando se le acepte la renuncia.
Pero hoy quiero hablar de otra cosa. Estamos viviendo un tiempo de alarmante sequía. Y Don Juan José cree en el poder de la oración. Ha pedido a su diócesis, sacerdotes y seglares, que pidan a Dios haga descender sobre nosotros ese beneficio del agua.
Pues fue pedirlo y anunciarse que el agua va a llegar a su diócesis. Apenas uno o dos días después de que el obispo pusiera en oración a su clero y a su pueblo.
Bien sé que Dios nos oye siempre pero no todas las veces atiende nuestras súplicas. Él sabe por que. Seguramente algún otro obispo, aunque no haya llegado a mi conocimiento, habrá dispuesto rogativas por la lluvia. Sólo me consta de Don Juan José. Un obispo que cree en el poder de la oración. Y por eso la reclama.
Cuando mañana o pasado mañana caiga el agua tan necesaria sobre la provincia de Córdoba muchos pensarán en anticiclones, isobaras, vientos ábregos o lo que sea. Pero en Córdoba hay un obispo que sabe que hay alguien que es el Señor del viento y de la lluvia. Y pide a sus sacerdotes y a sus fieles que le invoquen confiadamente. Pues fue rogarlo y anunciarse el agua.