Los Bobos de Coria (IV)

También debemos condenar y condenamos a pasar una noche en el ojo del puente cauriense que elijan, todos en el mismo ojo o en ojos distintos, a su elección, a una serie de bobos de muy fácil identificación entre los habituales que se empeñan un día sí y otro también, en dejar constancia del mal estado de su azotea.

Los hay que argumentan que un Assmann o un Sobrino son mucho más conocidos que este Blogger. Pues se habrán herniado con ese descubrimiento. Nadie lo ha negado jamás.

Evidentemente el día que yo fallezca la noticia tendrá muchísimo menos eco que la de la muerte del cardenal Lehman o del P. Kolvenbach. Otro Mediterráneo descubierto.

Les irrita enormemente que alguien comente la desaparición de estos dinosaurios. Pues ajo y agua. Porque daré noticia de todas las que me vaya enterando.

También les cabrea sobremanera que se constate que su muerte apenas interesa ya a nadie y que tiene escasísimo eco. Tan poco que a los tres días ya nadie habla de ellos. Ni siquiera esas páginas absolutamente extraeclesiales.

Es verdaderamente pintoresco que para estos Bobos lo realmente eclesial es un sacerdote que se casa y se hace protestante mientras que lo criticable es ser del Opus Dei, kiko o un párroco obediente a su obispo que se cree el Credo y sigue las normas litúrgicas. Y sobre todo los cardenales Rouco y Cañizares y el P. Martínez Camino.

El ir de sopapo en sopapo les hace ya desbarrar de tal modo que dan la impresión de creerse que a Assmann lo he matado yo, a Don Mario Iceta le nombré yo y a Jon Sobrino y a Marciano Vidal fui yo quien les censuró.

No lamento nada darles tan malas noticias y con tanta frecuencia. Hasta me alegra mucho fastidiarles el día y que se indignen conmigo. Yo no le deseo la muerte a nadie, ni siquiera a los Bobos de Coria. Ahora, tampoco me voy a enfadar con Dios cuando decide que una vida se ha terminado.

Y lágrimas ni una si en mi opinión, y en la de muchos, esas personas hacen daño a la Iglesia. El problema lo tendrán quienes creen que ellos son la Iglesia y no el Papa, los obispos y sacerdotes normales y los fieles que viven su catolicismo gozosamente en el seno eclesial.

Yo no descorcho una botella de cava, pido para ellos el descanso eterno, y me traen sin cuidado los berrinches de los Bobos. Y no van a descansar de llevárselos. Porque la inmensa mayoría de ellos son mayorcísimos. Tampoco es mi culpa.
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