Sobre Don José María Cirarda, sin acritud.

De todos es conocida mi opinión sobre Don José María Cirarda. No es este el momento de insistir sobre ello. Sólo quiero dar cuenta de un hecho acontecido con posterioridad a su muerte. Y que me sorprendió.

Yo leo dos periódicos habitualmente. Uno por internet y el otro en su versión impresa porque a mi mujer le gusta tener el papel ante los ojos. Ambos, aparte de dar noticia de fallecimientos de personas de cierta relevancia, dedican a quienes ellos piensan la tienen más, una sección que podríamos llamar de muertos ilustres. Pues ni en El Mundo ni en La Razón se han ocupado del fallecimiento del arzobispo emérito de Pamplona. Independientemente de lo que yo piense de su actuación como obispo creo que se merecía una semblanza. Y más teniendo en cuenta que unos cuantos de los que por allí aparecen son unos perfectos desconocidos. Al menos para mí.

Cierto que la actualidad del arzobispo Cirarda quedaba ya muy lejos habiendo cesado su ministerio episcopal como titular de una diócesis en 1993 pero eso mismo ocurre con otros muchos que son objeto de notas necrológicas. Lo que parece evidente es que el nombre del fallecido no decía nada a los responsables de esa sección y pasaron olimpicamente de él. Sic transit gloria mundi. No tiene demasiada importancia pues a él lo único que ya le importa es la gloria de Dios que deseo haya ya alcanzado o lo logre pronto.Aunque no sea en los altares.

Y vaya desde aquí mi recuerdo a Acólito cuyos afectos respeto mucho, aunque no los comparta, y cuyos desafectos no tanto. Como es evidente que ha sentido mucho la muerte de su padre Cirarda quiero expresarle mi proximidad a su persona en estos momentos para él tristes.
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