¿Quién fue Eugenio Vegas?

Nació Irún, en una familia de clase media humilde. El padre era oficial del ejército, de escasas estrellas y no de Academia, y la madre una francesa del Sur. Debió ser mujer muy notable y Eugenio le profesó siempre un recuerdo emocionado.
Muy joven se trasladó la familia a Santander y santanderino se consideró siempre. El trato allí con los jesuitas le llevó al integrismo. Y, dotadísimo intelectualmente como estaba gana las oposiciones al Cuerpo Jurídico Militar y al Consejo de Estado.
Por esos días conoció la Action Française de Maurras y le entusiasmó. Vivió con dolor la condena del movimiento monárquico francés por Pío XI y con gran preocupación la situación de una monarquía que se derrumbaba.
Llegada la República fue él quien catalizó las fuerzas contrarias a la misma desde aquella revista, con tantos ecos franceses, que hasta se llamó Acción Española. Pero la de aquí era absolutamente católica. Si en Maurras la Monarquía estaba por encima de la Religión, aunque ésta fuera muy importante, en Vegas el catolicismo era lo primero.
Y allí se encontraron personas de muy distintas adscripciones. Monárquicos dinásticos, carlistas, falangistas, militares, sacerdotes...
Aquella aventura legitimó intelectualmente el Alzamiento. Allí estaban Maeztu, Pradera, Pemán, Calvo Sotelo, el marqués de Lozoya, Areilza, López Ibor, Valdeiglesias, el general Dávila... Gonzalo Fernández de la Mora dijo una vez que, si no tuvo demasiados suscriptores, le sobraban todos salvo dos. El Generalísimo Franco y el cardenal primado Don Isidro Gomá. Con esos bastaba.
Llegó la Guerra y aquel joven capitán jurídico, consejero en el primer Consejo Nacional franquista y con un prestigio que se había ganado a pulso, pensó que era una indignidad la retaguardia, él, que había animado a tantos al combate, y se fue al frente. Como simple legionario y con nombre supuesto. Hasta que fue descubierto y un día se presentó Yagüe en primera línea y le dijo al comandante de Eugenio que respondía de su integridad.
A partir de entonces, cada vez que había peligro, le enviaban a retaguardia con el más bobo pretexto. Hasta que la situación le pareció indigna a persona de tanta dignidad.
El fin de la guerra, la conspiración contra Franco, el destierro... Todo eso, o casi todo, pues murió poco antes de rematarlo, está relatado en los tres tomos de sus memorias. Apasionantes. Si lo sabré yo que yo se los escribí. Oído el relato de sus labios y grabado en cinta.Con su voz.
Vinieron después los años del exilio. Secretario político de Don Juan de Borbón, preceptor del Príncipe, hoy rey de España... Y su regreso a la patria. Muy decepcionado de sus amores políticos y más arraigado en los religiosos. Franco fue generoso. Seguramente porque Eugenio Vegas ya no representaba ningún peligro. Primero le dejó volver y después aceptó su reingreso en el Consejo de Estado. Sin el requisito previo de la visita a El Pardo para expresar su arrepentimiento. A lo que Eugenio se negaba.
Desde entonces su vida discreta en España, de la que tanto podría hablar. Le conocí en 1957 o 1958. Y la última vez que le vi fue la víspera de su muerte. Ya no me habló. Me cogió la mano y se la llevó a sus labios. Comprenderéis que no lo pueda olvidar.
Con él estuve en la fundación de La Ciudad Católica, también con tantas raíces francesas, en sus reuniones, en la revista Verbo, en las inolvidables tertulias de su casa de Gurtubay...
Hoy mismo acabo de ir a Iberlibro para ver si estaban sus obras. Están todas las de su combate contra la República y a precios tirados. De los tres tomos de sus Memorias he visto dos. Si alguien se anima a leerlos tendrá una crónica interesantísima de aquellos días y el testimonio de un católico ejemplar.
Hablar de su monarquismo, que conservó hasta el final, y de su decepción por las personas que lo encarnaban, haría esto ya insoportablemente largo.