¿Existe una mano negra?

Estoy convencido de que sí. Y creo que muchos lo están como yo. Hubo aquel biministro, Belloch, que lo fue de Justicia e Interior. Hay obispos que lo son de dos diócesis, Pamplona y Tudela, Huesca y Jaca, Teruel y Albarracín. O con gobierno en una como titulares y en otra como administradores apostólicos. Pero el caso de Uriarte, alias Carabolla, es verdaderamente singular.

Porque es obispo de San Sebastián y de Bilbao existiendo en esta última otro obispo. El escándalo de la dimisión de la Comisión permanente del Consejo Pastoral de la diócesis bilbaína, en abierta oposición al Papa y a su obispo, yo no soy capaz de entenderlo, y si estoy equivocado pues le puede ocurrir a todo el mundo, sin la presencia del obispo de San Sebastián.

Él fue en los malhadados día del obispo Larrea, absolutamente secuestrado por su auxiliar, que curiosamente era Uriarte, quien diseñó una estructura diocesana que maniataba al obispo. Y con una clarísima finalidad. Servir a la Iglesia nacionalista.

Evidentemente no tengo pruebas fehacientes. Pero desde el diseño de Uriarte quienes mangonean la Iglesia de Bilbao no miran a su obispo sino hacia otro lado. Que ahora está en San Sebastián.

Estoy convencido, y no creo estar equivocado, aunque todo es posible, de que el bombazo de ayer en Bilbao, y no me refiero al del monte, tuvo lugar tras numerosas llamada telefónicas a San Sebastián. Y calculado milimétricamente.

Escándalo sí, pero sin perder posiciones. El Consejo Pastoral es la nada con sifón. Y no nos vamos todos. Sólo la permanente. Por si acaso. Y en el Presbiteral, que es el verdaderamente importante, a seguir todos. Ahí no dejamos ni un puesto. No vaya a ser que nos lo ocupen.

Después del numerito, el señor obispo de Bilbao tendría que disolver ambos Consejos. Y gobernar sin ellos hasta que pudiera estar convencido de que eran Consejos suyos y no de un obispado aledaño. O manejados por éste.

Ayer mi correo privado me tuvo ocupado horas. Y una muy querida amiga donostiarra, de la que me fío muchísimo, me envió una serie de informaciones que me parecen de suma importancia. Un sacerdote, miembro del Consejo Pastoral de la diócesis guipuzcoana, con quien tiene discrepancias y amistad, se las comunicó. ¿Engañó él a ella? Todo es posible. De lo que sí estoy seguro es de que ella a mí no me engaña. Me dice lo que le oyó.

Lo de menos, aunque es también importante, es la invitación diocesana, respaldada por el obispo, a Marciano Vidal. Quiere ser el obispo de Pagola y de Marciano. Pues tomamos nota.

Lo verdaderamente grave fue la actitud episcopal ante las quejas expresadas por el nombramiento de Don Mario Iceta como obispo auxiliar de Bilbao. Que no lo ha hecho María San Gil o Rosa Díaz. Fue el Papa. Parece que en un primer momento Uriarte intentó eludir el tema. Pero, presionado, se manifestó. Y dijo que haría lo imposible para que algo parecido no fuera a ocurrir en San Sebastián.

Pienso que Uriarte ya no está en condiciones de negociar nada. Le quedan tres meses y unos días para renunciar. Su nombramiento, ante las exigencias de Setién para renunciar, fue un inmenso error. Seguro que Roma ya ha aprendido.

Es urgentísima la sustitución del obispo de San Sebastián. Incluso anticipada. Su presencia no aporta nada y malbarata todo.

Algún tiempo pensé que era precipitado el traslado de monseñor Munilla a San Sebastián o a otra diócesis vasca. Que habría que darle un hervor en Palencia. Ya no estamos para hervores. A San Sebastián ya. O el párroco de Sangüesa de quien tan bien se habla.

Esto no puede seguir así. El escándalo de Bilbao ha colmado ya el vaso. Esa Iglesia vasca está podrida a causa de unos cuantos sacerdotes y un obispo. Cuanto antes se saje la herida purulenta mejor.

Y que Cataluña vaya tomando nota. San Sebastián, Gerona, Lérida y el auxiliar de Barcelona van a ser la piedra de toque. O eso se arregla eclesiasticalmente o puede darse por muerto el catolicismo en Vascongadas y Cataluña. Aunque le fastidie a Alberto Manent, a Setién, a Pagola o a Uriarte.

Tuvieron mil ocasiones para demostrar que su opción era buena para la Iglesia. Fue ruinosa. Qué se traguen el ricino en su ancianidad estéril. Lo han dejado muy difícil. No sé si imposible. Ya no tienen ni un cachorro. Son perros viejos y desdentados que intentan morder y ya ni pueden.

Adios, Uriarte, adiós. Te deberían echar como ejemplo ante lo mal hecho. Es igual Te echen o no, te vas. Estás acabado. Quisiste ser el Sabino Arana de los tres obispados vascos. Ojalá la historia no pase a considerarte como el enterrador de la que fue la región más católica de España.
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