A su paternidad reverendísima Hermann Rodríguez Osorio, de la Compañía de Jesús.

Un jesuita no me sufre y se marcha. Pues, por mí, como si se va a tomar viento o a escardar cebollinos. Curiosamente pasaba por todo. Le era igual que alguien pusiera en duda la virginidad de María, que se pusiera a escurrir al Papa, que hubiera Blogs ateos o pornográficos. Eso no tenía la menor importancia y él se sentía comodísimo en tal compañía. La única que no aguanta es la mía. Y por eso se va.

No voy a agradecerle la propaganda que me hace porque es nula. Más bien se la hace a sí mismo. El día que me mencionó batió todos los records de comentarios.

En el mes y poco más en que Don Hermann compareció en este espacio ha tenido un eco superdiscretito. Sus artículos merecieron los siguientes comentarios: 0, 0, 8, 3, 9, 10, 16, 3, 3, 0, 7, 3, 2, 14, 4, 2, 6, 2, 4, 14, 8, 8, 5, 7, 18, 5, 5 y 28. Muy discretito todo salvo el día en el que se le ocurrió mencionarme.

¿Le cuento a su reverendísima paternidad los comentarios recibidos en mi Blog en la última semana: 115, 30, 38, 58, 35, 47, 64, 32, 49, 53, 69, 43, 43, 105, 18, 28, 42, 27, 13, 30, 8, 34, 44, 26, 17, 21, 50.

Ignoro las visitas que habrá recibido, seguro que no muchas. Las mías, en su periodo, han debido ser trescientas mil. Pues a seguir chupando rueda.

Con la que está cayendo, este ínclito miembro de la ínclita Compañía hace cuestión de honor de un nudo de corbata de más o de un alzacuellos de menos. Pues me la refanfinfla. Supongo que me moriré sin tropezarme personalmente en mi vida con Don Hermann y ello no me produce pena alguna.

Pero este intrépido paladín de la Compañía sale a la palestra precisamente en el día en el que yo me había dirigido a un hermano suyo, no de hábito ciertamente, pero sí de adscripción loyoliana. Y véase mi odio a los jesuitas:

Padre N: Hermosas fotografías que me recordaron hermosos años. En mi curso, yo nací en 1940, no hubo ningún (...), creo que hijos del (...), cuando en Vigo había sólo uno o dos, pero tengo un vago recuerdo de vosotros ya no sé si de cursos anteriores o posteriores.

Mi hermano (...) está muy bien. En Brasil. El año pasado estuvo por aquí y dio la primera comunión a mis dos nietos mayores.

Seguro que te consta, tú que eres colegial del Apóstol, que yo no soy un resentido con la Compañía de Jesús. Fui Príncipe del Colegio y tengo un hermano jesuita.Como para tener malos recuerdos. Y en mi vida me han acompañado, muy cerca, jesuitas a los que quise muchísimo y ellos a mí y a los míos.

Tengo imborrables recuerdos del Hermano Hijosa, de los PP. Albarrán, Poggio, Juanes, Partearroyo... Hasta del P. Moral, con quien siempre me llevé estupendamente incluso cuando sus hermanos jesuitas dudaban de que creyera en Dios. Sandalio Carrera me pareció más flojito y Borrego un bobo.

De Fernando Bandeira fui intimísimo amigo.

Después, ya ni te cuento. El P. Eusebio Guerrero, seguramente la cabeza directora de aquel intento de dividir la Compañía me era tan cercano que un día me llamó para que fuera a Pablo Aranda a verle y me dijo que me iba a dar todos sus papeles sobre aquello. Para que los conservara e hiciera de ellos el uso que me pareciera. Sólo me puso una condición. Mientras él viviera que se lo consultara. Me volví a mi casa, abrumado por su confianza y a los dos o tres días falleció. Por lo que no pudo entregarme lo que me dijo.

Con los PP. Caballero, Gómez Hellín, Alba, Álvarez (Pepito), González Quevedo (el tío), Parente y algunos más que ahora no me vienen a la memoria tuve tanta relación que hasta eran casi miembros de mi familia. A González Quevedo fui a verle a Villagarcía de Campos hace tres o cuatro años. Ya apenas me reconoció. Parente dio la primera comunión a una de mis hijas. Y Agustín Arredondo, que todavía vive en Alcalá, con 93 o 94 años, me es tan próximo y tan querido, que casó a otra.

Estoy seguro de que ningún otro compañero de curso, salvo naturalmente Fernando Bandeira, ha estado tan cercano a la Compañía de Jesús como yo. La llevo en el alma.

Puede ocurrir que, como dice la canción, haya amores que maten. Tal vez sea mi caso. A mi hermano le duelen cosas que escribo. Pero el amor fraterno, muy grande, no va a hacerme decir lo que no siento. O a ocultar lo que siento.

Sé que a la inmensa mayoría de los jesuitas de hoy les repatea lo que digo. Creo que ellos son los que han cambiado. No yo. Mantengo intacto mi amor por la Compañía. Por la que conocí personalmente y por la que estudié en los libros.

Sobre lo de hoy, ¿qué quieres que te diga? No siento entusiasmo. Y pido a Dios, a la Reina de la Compañía de Jesús, a la que sigo invocando en mi rosario de todos los días, a mis queridísimos santos jesuitas que os ilumine.

Creo que te debía una explicación. La tomarás como quieras. Eso ya no es problema mío. Pienso que el dirigirte a mí, y en el tono en el que lo has hecho, indica, al menos un lejano afecto. Yo te lo aseguro, y más próximo, por mi parte. Que soy muy jesuítico. Aunque a algunos no se lo parezca.

Fuerte abrazo de tu ya viejo compañero de Colegio. El año pasado conmemoramos los cincuenta años de nuestra salida. Y naturalmente allí estuve.

AMDG

F.J.Fz. de la Cigoña.

Un jesuita tiene este mensaje en su correo. Creo que es evidente que yo odio a la Compañía de Jesús. Voltaire a mi lado era un aprendiz. Herr Hermann, déjese de chorradas. A mí no me va a hacer más conocido porque no le lee nadie. Pero tampoco es necesario que se retrate.
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