Todos los días, salvo viaje u otra causa de fuerza mayor oigo a Jiménez Losantos. Y le oí ayer. Pude oírle mal, o entenderle mal. Creo que no.
En más de una ocasión me he manifestado sobre él en la mañana de la COPE. Totalmente en favor de su presencia. No soy pues nada sospechoso de antilosantísmo. Me gustaría más un locutor católico pero tan bueno como él al frente de ese programa. Y como no existe quiero que siga Don Federico.
No soy, por tanto, nada sospechoso.
Ayer le oí decir que con Rouco y Cañizares, muy bien. Pero que con quien estaba comodísimo era con Blázquez. Que jamás le había llamado para indicarle o criticarle nada. Y que por eso era el que prefería de presidente de la Conferencia Episcopal.
No sé ir a la COPE, buscar el programa, oírlo de nuevo y confirmar o no lo que me pareció entender. Y caso de que supiera hacerlo tampoco me apetece perder el tiempo.
Mentir no lo he hecho. ¿Le entendí mal? Tal vez.
Todo ello tiene poquísima importancia. Porque a Blázquez no le van a votar ni Zapatero, ni Losantos, ni yo.
Espero que los obispos sepan lo que van a hacer.