José María Castillo sacerdote católico ejemplar.

Cada uno defiende lo que le da la gana. Y José María Castillo, exjesuita por decisión propia, hace uso de ese derecho. También lo tiene el que quiera discrepar de sus ideas. Yo lo he hecho repetidas veces y nunca ha faltado quien me ha respondido que es un modelo eclesial y que sus libros le han hecho muchísimo bien para sentirse más católico que el mismísimo Papa. Pues que con su pan se lo coman.

Ayer, o anteayer, hablaba yo de su participación en un mitin electoral de Izquierda Unida. Partido catolicísimo como todos sabemos. Pues hoy, acudiendo de nuevo a Redes Cristianas, que verdaderamente es un Who is who para conocer a la verdadera Iglesia, nos encontramos con otra muestra ejemplar del verdadero sentir con la Iglesia.

Muy próximo a cumplir los 79 años está que no para. Ayer estuvo en Badajoz para ilustranos a todos lo que es la vera esposa de Cristo. Y nada tiene desperdicio. Todo es pura chicha.

Zapatero no ha sido consecuente. "Debía haber sido más tajante, no en perseguir a la Iglesia o marginarla, sino en ponerla en su sitio". Ostras Pedrín. ¿Qué sitio querrá para la Iglesia este cura? Por supuesto lo primero que debería haber hecho es replantear los acuerdos Iglesia-Estado de 1979. Curas, a morirse de hambre. Profesores de religión, a la puta calle. Con amigos así no necesitáis enemigos.

Juan Pablo II ha sido muy conservador pero Benedicto XVI le supera. En la Iglesia, que es católica, apostólica y romana, eso lo digo yo, no él, se privilegia "a los sumisos a las orientaciones que vienen de Roma". Es evidente que eso es un inmenso error. Hay que privilegiar las orientaciones que vienen de Castillo. O de Llamazares. O de Zapatero.

Según este genio la nota de los obispos sobre las elecciones dice que para ser buen católico hay que ser del PP. Pues me ha hundido en la miseria. Resulta que no soy buen católico. Pero, al contrario que a él, a mi la nota no me ha provocado ningún "conflicto interior".

Una persona que tiene prácticamente los mismos años que el Papa lo rechaza por su edad. Y rechaza su gobierno "absoluto" de la Iglesia. Tendrían que tener mucho más poder en la misma los laicos y, sobre todo, las mujeres. Y no entiende como éstas, tan marginadas, siguen siendo tan eclesiales.

La moral es otro desastre. Frente a la tontería del condón se olvida que cada día mueren 30.000 niños de hambre. Y sin embargo el preservativo parece ser que, según él, es lo que preocupa a la Iglesia y de lo único de lo que ella habla.

También me parece impresentable. Por falso. Hay muchísimos más documentos papales y episcopales sobre el tercer mundo, la pobreza, los marginados que sobre el preservativo. Yo no recuerdo un sólo documento episcopal dedicado al condón. Ni tampoco papal. Sobre lo otro hay miles. Y, sobre todo, millones de conductas católicas volcadas con los hambrientos y los necesitados. Unos con sus vidas entregadas a ellos. Y otros contribuyendo, con mayor o menor generosidad, a aliviar ese problema.

Y estoy hasta por creer que yo, con mis donativos a la Iglesia hago más por solucionar esos problemas que Castillo con sus proclamas. Que yo sepa, y si no fuera así me desdigo, él no está limpiando culos de ancianos abandonados ni se ha ido a Darfur para vivir entre los más pobres. Las Hermanitas de la Cruz, las hijas de Teresa de Calcuta, las siervas de Jesús o de María, las hijas de la Caridad, las hermanitas de los Ancianos Desamparados, los hermanos de San Juan de Dios... me pueden dar infinitas lecciones de caridad. Que hasta el momento sepa, Don José María Castillo, ninguna.

Que tampoco le guste la liturgia, "totalmente anacrónica", medieval, sin "pies ni cabeza", qué quieren que les diga. Me parece natural.

Pues a mí no me gusta nada José María Castillo. Ni aquellos a quien les guste. No me parecen ni mi Iglesia ni la Iglesia. ¿Chocheces de la edad? Tal vez. Pero las viene arrastrando desde hace mucho tiempo.

Por mí, para Izquierda Hundida y para quienes le han llamado desde Badajoz. Lo que ya me fastidia más es que mi Iglesia no haya dicho todavía que José María Castillo, sacerdote, exjesuita, no tiene nada que ver con ella.

En una ocasión, hace algunos años, me llamaron a dar un conferencia en Bilbao. Concluida, se me acercó una anciana a decirme que le había gustado mucho. Se lo agradecí amablemente y pasé a saludar a otras personas. Terminado el acto, quien me había invitado al mismo, un queridísimo amigo, med ijo: ¿Te acuerdas de esa viejecita que pasó a saludarte? Le dije que sí, que me acordaba, pero sin darle la mayor importancia. Me añadió, es la condesa del... Una de las mayores fortunas de Bilbao. Madre de... Dos veces a la semana va, ya no me acuerdo a que congregación religiosa me dijo, a ayudar a las monjas a limpiarle los culos a los ancianos que tienen recogidos. No manda, que podría y le sobraba, a una sirvienta. Va ella.

Me siento mucho más cercano a la condesa del... que a José María Castillo. De quien me siento lejanísimo.
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