Un ilustre carmelita se ha dirigido a mí. Esto es lo que le respondí, omitiendo su nombre, que no hace al caso:
Sí, es mi dirección. Para lo que guste. Sé perfectamente quien es usted. Le he leído bastante. Y con interés. Mi crítica a las diócesis castellanas ahí está. Y creo que dejando constancia de mis disensiones. Con página y contestación. Le agradezco que acepte mi crítica. Pero quienes escribimos de historia estamos sujetos a esto.
Lo que me dice de las citas de Resines es lo de menos. Me parecieron excesivas. Y simplemente fue eso lo que quise decir. Lo que me parece grave es el resto.
Luego está lo de que usted no es progresista ni lo contrario. Algo tendrá que ser porque algo somos todos. No recuerdo ahora lo que pude decir sobre usted al respecto. Y me llevaría un tiempo, del que hoy no dispongo, buscar aquella nota crítica. Pero me parece recordar sus simpatías, o benevolencias, con Lutero, el regalismo español, la Ilustración: Roda, Aranda, Campomanes..., su interpretación de la expulsión de los jesuitas, su exculpación del carácter cismático del decreto de Urquijo, su antipatía a Menéndez Pelayo, para tacharle de clérigo progresista. Todo el mundo es deudor de lo que escribe. Tal vez yo me equivocara en calificarle de tal. ¿Debiera haber dicho que simplemente insolidario con la Iglesia? ¿O con aquella Iglesia? ¿Qué era la que había? Con todos los defectos que los hombres le añadimos, usted y y yo también, pero que yo sigo considerando que es Santa. Como lo dice mi Credo. Y el suyo.
No tiene que agradecerme mi atención porque usted se la merece. Aunque en ocasiones discrepemos notablemente.
Yo he tenido muy pocos contactos con la orden carmelitana. Por circunstancias de la vida. Un día me presentaron a Fray Valentín de San José. Y me dijeron que era un santo. Lo parecía pero poco más puedo decir de él. Besé su mano, me pareció que como la San Pedro de Alcántara estaba hecho de raíces y sarmientos, y cuando mi mujer se la fue a besar le ofreció el escapulario.
Casi estoy seguro de que si un día nos encontráramos no ibas a llevar escapulario y le darías un par de besos a mi mujer. Sin problema alguno porque ya está requetebesada por curas.
Aunque os he conocido muy poco admiro mucho vuestras glorias. Que me parecen inmarcesibles de la Iglesia. He estado en Ávila, en vuestra casa, en la Encarnación, en San José no sé cuantas veces. Y en Alba. Y en Baeza y en Segovia. Y en Fontiveros. Acabo de estar en Andújar, hace una semana, y tuvimos, mi mujer y yo, en nuestras manos estremecidas el que nos dijeron era el único texto original del más egregio poeta de la lengua castellana. Y leímos aquellas hermosísimas palabras de que, al atardecer de nuestras vidas, nos iban a examinar del amor.Vimos también en Roma una de las obras cumbres de la escultura. Aquel éxtasis que Bernini, creo que fue Bernini, representó de modo magistral.
Y Teresa del Niño Jesús. Y Edith Stein. Y tantas otras y otros. Habéis sido corona de la Iglesia. Ojalá sigáis siéndolo. Os lo deseo de todo corazón. Creo que voy a publicar este escrito en mi Blog. Sin mencionar tu nombre. Con toda mi admiración`por el Carmelo. Por supuesto que lo tienes abierto para contestar lo que quieras . Con tu nombre o con nick.