De Soler a Godayol pasando por Vives y Casaldáliga.

Se empeñan en el suicidio. No seré yo quien les disuada. Cuanto antes desaparezcan, mejor.

Ha arruinado cuanto tocaban. El caballo de Atila era casi inofensivo comparado con estos muchachos. Que pese a ser bípedos destrozan mucho más con sus patas que el famoso cuadrúpedo.

La Iglesia en Cataluña es una ruina. No es una declaración voluntarista. Es una evidencia contrastada por los datos. La región más secularizada de España. Donde hay menos matrimonios católicos, donde se pone menos la cruz en la declaración de la renta, donde hay menos bautizos, menos primeras comuniones...

De vocaciones no hablemos. No existen. O las pocas que nacen huyen de los seminarios al uso para refugiarse en Tarrasa o fuera de Cataluña.

El clero responsable de ese inmenso fracaso también agoniza. Muchos ya han muerto, secularizados de hecho no pocos y como si lo estuvieran otros muchos. Un gran número, todavía vivos, están ya por edad fuera de combate o casi. Tanto en el clero secular como en el regular.

Eso se acaba. Nadie les sigue ya. De un Deig, un Pont o un Jubany ya nadie se acuerda. Camprodón, que todavía vive, no es nadie. A Soler, el obispo, le quedan cuatro días.

Y parece clarísimo que el Vaticano no está dispuesto a animar en lo más mínimo esa funesta línea eclesial. No hay más que ver los últimos nombramientos episcopales. Y como hoy se confirme el de Iceta para Bilbao pueden ir pensando en apagar la luz y cerrar la puerta quienes se embarcaron en esa penosísima aventura eclesial. O extraeclesial.

Van a quedar apenas los flecos. Desflecadísimos ya. Apenas un obispo, Vives, un abad, Soler, y cuatro o cinco curas que la llevan cruda. Y que podríamos personalizar en el Turull.

Lo que hasta no hace muchos años, pese a los miserables resultados, era seguridad de carrera hoy es certeza de que no hay futuro.

Se empeñaron en cegárselo y lo han conseguido. El Turull es ya un friky, pese a sus pocos años. Un juguete roto que él mismo se empeñó en romper. Sus gracias, altavoz en boca, contra su cardenal, hoy ya le han marcado su futuro. Y si el actual cardenal se empeña en mantenerlo como rector del Seminario peor para Martínez, para el Seminario y para Turull. Se ha retratado demasiado y no puede seguir ahí. Y si su jefe se siguiera empeñando en tenerle como obispo auxiliar y lo consiguiera, no es que se las iban a dar todas en el mismo carrillo. En ambos carrillos, en el solideo y hasta en su cardenalicio trasero.

El problema del abad montserratino es más grave. Porque es joven y puede presidir muchos años la famosa abadía. Estoy convencido de que, si dura mucho, aquello se cierra.

Y queda el agazapado en el Pirineo. También un obispo joven. Con muchos años por delante. Espero que si su aspiración fuera suceder a Martínez en Barcelona la ha malbaratado. Tan cauto siempre, tan disimulado, terminó enseñando el pelo de la dehesa. Sólo representa a unos cuantos ancianos fracasados y eso no se recompensa. Supongo que terminará sus días como olvidado obispo de Urgel y copríncipe de Andorra. Lamiéndose sus frustraciones. Su apuesta no era la buena.

Cataluña, después de lo que ha padecido, creo que todavía no ha tocado fondo. Pero ya es imposible que caiga mucho más. En estos momentos tiene dos referencias en sus obispos: Tarrasa y Vich. Con una segunda línea más tibia pero no mala en Tarragona, Sant Feliú de Llobregat y Tortosa.

Del cardenal no cabe esperar. Pero, como tonto no es, tal vez quiera pasar tranquilo los cinco años que le quedan. Hasta hoy ha pensado que su tranquilidad estaba en apoyar a lo peor. Pero eso ya se ha terminado. Los vientos que soplan son otros.

Y va a ser importantísimo lo que se haga con los nombramientos de Gerona y Lérida. Porque van a marcar la línea del futuro. La del renacimiento o la del hundimiento.
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